Jorge Fontevecchia / Metafísica K

(Publicado en Perfil, 2.9.2012)

Los ecos del texto de Carta Abierta Nº 12 resuenan una semana después. Contiene dos proposiciones trascendentales. Que “todo gobierno de raíz popular hoy está en riesgo” por “las acciones desestabilizadoras que son un acecho permanente”. Y que si el kirchnerismo no gobierna en el período 2015-2019, todo lo que en el país ha mejorado será “liquidado por agentes de la repetición” y “conjurado por las fuerzas del conservadurismo”.

Ambas ideas están articuladas sobre la convicción de que lo diferente es malo. En este caso, lo diferente al proyecto nacional y popular. Si las nociones de pueblo y patria sólo están representadas por el kirchnerismo, es lógico que se pida que nadie más conduzca al país salvo los que son genuinamente argentinos.

Algo no cierra cuando se supone que sólo una parte del país quiere y puede hacer el bien. A diferencia de las anteúltimas versiones de Carta Abierta que fueron más pluralistas, esta vez hubo un exceso de metafísica. Monopolizar el bien implica creer en el mal, una idea en sí misma peligrosa.

El concepto del mal siempre sirvió para deshumanizar al otro y justificar su exclusión simbólica o real. Un hombre puede matar a una víbora sin sentir culpa porque es algo malo, un ser de otro orden. El mal sirve para justificar las categorías: burgués, de derecha, judío, comunista o cualquier otra clase. Es más fácil castigar a una categoría o a una clase que a personas.

La idea del mal también le confiere a lo podrido, a lo defectuoso y hasta a la estupidez una envergadura excesiva. La obsesión que el kirchnerismo tiene con Macri, por ejemplo, no sólo lo hiere sino también lo engrandece. Al darle a la sombra la estatura de la luz se fortifica la oscuridad, diría un místico.

El bien frente al mal es un atavismo religioso: la primera vez que la muerte aparece en el mundo fue por un asesinato, había dos hombres y uno se convirtió en asesino cuando Caín mató a Abel, instalando allí la idea de cincuenta por ciento de posibilidades y la polaridad maniquea.

La malignidad tiene en cada era distintas atribuciones, el mal es recodificado asignándosele nuevas formas.

La diferencia entre el mal y lo malo, sustantivo y adjetivo, no es tan clara y en muchas lenguas ni se los diferencia. El mal sería algo objetivo; lo malo, algo subjetivo. Al condensarlos se reifica algo cuya definición depende de circunstancias psicológicas, sociales e históricas. El mal absoluto es de naturaleza metafísica. Un ser y no un valor. Fue Leibniz quien habló de los tres males: el moral, el físico y el metafísico.

La algofilia es el amor al mal. Es una palabra rara porque encierra en sí misma una contradicción: encontrar complacencia en el mal permitiría obtener de él un bien. La misma contradicción del término se encuentra en la noción de que todos los otros, que en este caso serían los que son kirchneristas, desean (o acarrearían) el mal y no el bien para el país. Una perspectiva más benigna para los malos es la socrática, donde el mal es la ignorancia y por ello es involuntario. Así planteado el kirchnerismo estaría integrado por los guardianes del conocimiento, y el resto del arco político carecería de él.

Aquí el problema se desplaza de la metafísica a la epistemología: los kirchneristas serían los únicos que tendrían el conocimiento necesario, los únicos que sabrían. También resulta poco razonable este planteo y hasta un poco ofensivo, pero es un párrafo de la última Carta Abierta el que se refiere explícitamente al tema: “Es necesario afirmar, continuar, debatir la lógica y hasta diríamos la epistemología que hagan imposible ese retroceso del país respecto del avance formidable de estos últimos años”.

La historia está poblada de “suerte epistémica” o “verdades accidentales”, donde la justificación de una creencia no estaba correctamente conectada con los fundamentos que la hacían verdadera. No importa cuánto subamos los estándares de justificación, siempre habrá posibilidad de error y siempre seremos falibles.

Y quizás el recorrido de la metafísica a la epistemología desemboque en la ética. La ética sería la capacidad para distinguir el mal. La ética, como creía Lévinas, es la ética del otro, la ética de la diferencia y en contra del depotismo de lo mismo, incapaz de registrar a los otros. En Ensayo sobre la consciencia del mal, Alan Badiou escribió: “El primado ético de lo otro sobre la mismo exige que la experiencia de la alteridad esté ontológicamente garantida como experiencia de una distancia”, “no hay respeto para aquél cuya diferencia consiste precisamente en no respetar las diferencias”. Mas adelante propone recusar toda validez a la noción de mal y reenviarla en bloque a su evidente origen religioso. Y concluye: “Todo aquello que apunte a una potencia total de las verdades, arruina lo que soporta estas verdades”.

“La diferencia” es justamente el título que lleva la Carta Abierta Nº 12 donde, paradójicamente, se percibe una falla en la ética de la diferencia, la de reconocer al otro que es diferente, lo que Lévinas llamaba ese “Otro absoluto”.

Caer en una poética absolutizada es un retroceso. Sólo atribuible ante el pavor de un eventual desfondamiento de la física kirchnerista, donde la metafísica sea su refugio.

* * *

Jorge Fontevecchia nació el 15 de julio de 1955 en Buenos Aires.

Según consta en Wikipedia (es.wikipedia.org): Fundó su editorial en 1975, tras lo cual tuvo que abandonar las dos carreras universitarias que había comenzado, Derecho y Ciencias Económicas. Ese año lanzó un revista de deportes.
En 1976, junto a su padre, fundó Editorial Perfil, que edita numerosas publicaciones entre las que se cuentan las revistas Caras, Weekend y Noticias, de la cual Fontevecchia fue director.
En 1998, lanzó el diario Perfil pero debió cerrar a mediados de ese año debido a las bajas ventas y a la asfixia publicitaria que su dueño denunció como parte de un complot del Grupo Clarín.
En 2005 el periódico fue relanzado, aunque en principio sólo se publicó los domingos. Al poco tiempo agregaron los sábados. Es una publicación bisemanal.
Fue galardonado con el Premio Konex 1997: Dirección Periodística. Premio Konex de Platino, y el Premio Konex 2007: Dirección Periodística. Diploma al Mérito.

(En 1977, Fontevecchia creó la revista La Semana. De esa redacción salía cuando fue secuestrado la noche del 5 de enero de 1979.)

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