Guillermo Raffo / Fascismo eterno

(Publicado en Perfil, 26.8.2012, perfil.com)

Le pidieron a Cristopher Hitchens que definiera el fascismo. Dijo: “Tiene que cumplir dos o tres condiciones. Una es cierto grado de paranoia nacional, étnica o religiosa; o el grupo está en peligro o se merece privilegios especiales, o ambas cosas. La otra es irracionalidad. Y la otra es que odia y envidia la modernidad”. No es muy difícil ver que Hitchens pensaba primero en sus enemigos y les acomodaba después la definición a medida. Lo cual no es un pecado y tampoco un problema para nosotros –las tres características que elige se aplican sin esfuerzo a la retórica kirchnerista–, pero es demasiado vago y demasiado amplio, casi como decir que son fascistas porque son malos.

Que son malos es, por supuesto, lo que uno quiere decir en última instancia. Uno eligió esa palabra de un amplio abanico posible, acaso porque nada sea “en esencia” el fascismo y por eso se nos fue haciendo sinécdoque, comodín multiuso al que recurrimos cada vez que necesitamos revestir de advertencia nuestra intuición de que algo malo pasa en las esferas del poder. Nuestro uso de “fascismo” es intuitivo.

La palabra en sí no quiere decir mucho. Fascio es un grupo, así como el Frente para la Victoria es un frente de no se sabe qué, siempre y cuando sea para la victoria. Sabemos que son malos porque se les nota, pero no sabemos mucho más. Esa es la enorme ventaja de los nazis, en la ficción y –si no te agarran– en la vida. Uno sabe que son malos y sabe por qué, sabe exactamente de qué se está escapando. Los nazis eran nazis, con características muy específicas. Los fascistas podían ser –y efectivamente eran– cualquier cosa, un cambalache. El nazismo es unívoco: una cultura, una doctrina, una arquitectura, un plan. Los distintos fascismos comparten un aire de familia pero no necesariamente los mismos valores o ideologías; sí poseen algunas características típicas de lo que Umberto Eco llama Ur-fascismo o fascismo eterno.

Eterno suena terrible porque nosotros no lo somos y a nadie le gusta empezar con semejante desventaja. Pero como casi siempre, una vez que te resignás, la realidad que no querías ver te proporciona al menos el alivio de entenderla. Eco no enumera requerimientos necesarios para entrar al club del fascismo eterno sino síntomas, cada uno de los cuales puede ser de utilidad para llegar a un diagnóstico. Son los siguientes:

1. El culto a la tradición, expresado en rechazo a la modernidad (a menudo enunciado como rechazo al capitalismo).

2. Sincretismo cultural: combinación de creencias contradictorias.

3. Defensa de la irracionalidad.

4. Culto a la acción en sí misma. (“Mejor que decir es hacer.”)

5. Acusación de traidor para quien disiente.

6. Miedo a la diferencia, expresado en prejuicio contra grupos elegidos arbitrariamente.

7. Uso de las frustraciones de la clase media, uso de la crisis económica.

8. Invención de enemigos externos y conspiraciones amenazantes.

9. Condena al pacifismo porque “la vida es conflicto”.

10. Elitismo popular (i.e. “El mejor país”).

11. Desprecio a los débiles. Todos en la sociedad son educados para convertirse en héroes.

12. Populismo selectivo: la voluntad popular no es “delegada en” sino “interpretada por” el líder.

13. Condena de los “malos” gobiernos parlamentarios.

14. Newspeak (Orwell). Pauperización del vocabulario para limitar el pensamiento crítico.

Eco insiste varias veces en que no hace falta llegar a los 14 para diagnosticar fascismo. Ni siquiera –dice– es necesario sumar una cantidad mínima de síntomas puesto que con uno solo de ellos ya alcanza. El fascismo puede “coagular” (la metáfora es de Eco y es muy acertada) en torno a un par de esos síntomas y construirse así sin mayor esfuerzo. Esto último puede ser una exageración, pero no importa. Cualquier ciudadano argentino podrá haberse dado cuenta de que, en nuestro caso, no hay ni uno solo de los 14 que sea inaplicable.

* * *

Guillermo “Huilli” Raffo tiene 43 años, es escritor y cineasta. En 2004 lanzó el blog Los Trabajos Prácticos (bonk.com.ar) donde han colaborado Tomás Abraham, Esteban Schmidt, Quintín, Ivana Steimberg, Santiago Llach, Hernán Iglesias Illa, Guillermo Piro, Eliseo Brener, Fabián Casas y Roberto Gargarella.

Estudió cine en Buenos Aires, después se fue a Los Angeles a hacer un posgrado en la University of Southern California gracias a una beca Fulbright. Volvió en 2001 y nuevamente partió, esta vez a Madrid y, cinco años después, llegó a Londres, East Sussex, donde vive de escribir guiones de cine.

El libro HolyFuck (2011) es una selección de textos publicados en el sitio entre 2004 y 2010, y fue publicado por GarrinchaClub.

(Datos obtenidos de la nota de Luciana Vázquez, “El creador del blog Los Trabajos Prácticos, un outsider”, lanacion.com.ar)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s