La escuela inconclusa

(Editorial publicado en La Nación, 27.12.2012)

El dato de que hay un 14% de alumnos de la enseñanza media que no la concluye aunque deba solo una o dos materias indica una tendencia preocupante

La escuela media, centro crítico de debates, renueva varios motivos de preocupación. Hace poco, el Ministerio de Educación nacional dio a conocer dos datos estadísticos de interés: sólo el 58 por ciento de los alumnos que iniciaron la enseñanza media la concluye; ahora bien, de ese porcentaje hay que restar el 14 por ciento, que no la termina, aunque sólo adeude una o algunas materias del último año. Esta negación a completar los estudios cuando se está tan cerca de la meta promueve la búsqueda de explicaciones que justifiquen el abandono de la nave cuando se está por llegar al puerto.

En principio, resulta insensata la conducta de los alumnos que proceden de ese modo. Si se la analiza, se puede reconocer que no se trata de un hecho aislado ni antes desconocido. Al contrario. Lo que llama la atención de manera justificada es el aumento de esos casos que se ha verificado en los últimos años. De ahí que en las escuelas se han implementado cursos de preparación y se establecen nuevos días de examen, a fin de crear mejores condiciones para que los alumnos puedan superar las pruebas finales. A ese loable propósito contribuyen los Centros de Orientación y Apoyo en la provincia bonaerense y el Programa Terminalidad en la ciudad de Buenos Aires, en el cual pueden incorporarse alumnos que arrastran materias pendientes desde una década atrás. Al mismo objetivo responde el spot publicitario “Ponele título a tu secundario”, que, con el auspicio ministerial, se ha difundido tanto por radio como por televisión.

El problema no es simple. La oportunidad de aprender es un derecho, pero como contrapartida genera el deber de superar las demandas del estudio que, si se dejan de cumplir, impiden los pasos subsiguientes para acceder a un proyecto profesional superior o a un puesto de trabajo, pues el título es indispensable para ello; de lo contrario, el esfuerzo de cinco años concluye en frustración.

Esa negación a completar el nivel medio suele encubrir algo más que una obstinación o la sugestión de comportamientos que se imitan. A menudo esa ingrata decisión es el fruto de interacciones conflictivas entre alumno, familia y docentes, cuestión que reclama ser analizada en los casos concretos.

No se agotan ahí las causas probables del problema, ya que pueden influir diversos procesos del desarrollo personal que se enmascaran con el argumento de que, en realidad, el título no es necesario, o no siempre lo es, o que se rendirá cuando lo decida el joven alumno. Se trata, como puede advertirse con facilidad, de afirmaciones voluntaristas con las cuales se pretende ganar en autonomía.

Teniendo esto importancia, lo cierto es que, en el fondo, la clave del grave problema se relaciona con la motivación, el dinamismo propio del sujeto, que lo mueve desde adentro, a diferencia de los estímulos o incentivos externos. Es decir, la motivación sentida es la que decide por la negación o la afirmación de una conducta y le confiere el protagonismo deseado al estudiante.

Por lo tanto, siendo acertado alentar, ofrecer mejores opciones y facilitar la preparación, el quid de la cuestión reside en saber motivar, tanto para superar pruebas, enfrentar dificultades o encarar un objetivo en la vida.

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