August Strindberg / La más fuerte (Den starkare, 1888)

(Versión: Enrique Llovet, Ediciones MK, Madrid, 1981)

Rincón del “reservado” para damas de un café. Un sofá tapizado de terciopelo rojo. Varias sillas. Dos mesas, velador de hierro. Entra la Señora X. Viste de invierno, con abrigo y sombrero. Lleva al brazo unos paquetes. La Señorita Z tiene en el velador, ante ella, una botella de cerveza medio vacía. Está leyendo una revista. La deja y toma otra.

SEÑORA X.–¡Hola, Amelia!… ¡Querida Amelia! ¿Pero qué haces aquí sola el día de Nochebuena?… ¡Ni que fueses una solterona abandonada!…

(Z levanta la vista, hace un gesto de cabeza y vuelve a su lectura.)

Me da un poco de pena verte así, solitaria en un café, en vísperas de Navidad. Y… Sí… Sí… Ahora recuerdo el mal rato que me llevé hace unos años en París… Fue en un “restaurant”… y decían que estaban celebrando una boda… Pero el caso es que la novia leía los chistes de un periódico mientras el novio y los testigos se entretenían jugando al billar… Yo pensé… era lo lógico ¿no? Me dije… “Pues la verdad es que si empiezan así ¡vaya vida y vaya final que les espera!” Lógico ¿no?… Si el marido se pone a jugar al billar la noche de bodas y a la novia no se le ocurre nada mejor que leer chistes, pues… ¿No te parece? en fin, no se por qué me he acordado… Este es un caso muy distinto.

(Se acerca una camarera y sirve una taza de chocolate a la SEÑORA X. Sale.)

Te voy a decir una cosa, Amelia… Ahora que te veo así creo que habría sido mucho mejor si le hubieses retenido… Te acordarás de que yo fui la primera que te dije que le perdonaras. ¿Te acuerdas, verdad? Si me hubieses hecho caso, ahora tendrías un marido y un hogar. ¿O es que no te acuerdas del año pasado?

Yo creo que pasaste unas Navidades muy felices, en el campo, en casa de los padres de tu novio… Tú lo sabes… La felicidad de un hogar tranquilo te deslumbró… ¡Pero si querías dejar el teatro y todo! Sí, Amelia, sí… Después del teatro, claro, después del teatro, lo mejor que hay en el mundo es una familia y una casa… ¿No estás de acuerdo? No, me parece que no estás de acuerdo… Me parece que tú no tienes sensibilidad para esas cosas…

(La SEÑORITA Z hace un gesto de desdén. la SEÑORA X se lleva la taza de chocolate a los labios. Abre los paquetes y comienza a enseñar las compras de Navidad.)

Esto se lo he comprado a mis niños… Mira esta muñeca… Es para Lisa… Fíjate… mueve la cabeza y pestañea… ¿No te gusta?… Y ésta es una pistola para Maia…

(La SEÑORA X carga la pistola, apunta a la SEÑORITA Z y dispara. La SEÑORITA Z se asusta.)

Pero… ¿por qué te asustas?… ¿No te habrás creído que te iba a matar?… Ay, ay, ay. ¡Seguro que te lo has creído! ¡Qué tontería!… Que tú me quieras matar a mí sería muy normal… Al fin y al cabo soy yo quien se ha interpuesto en tu camino… ¡Eso no se te olvidará nunca, claro! A ti te da lo mismo que no me sienta culpable… A ti… Tú crees que yo he intrigado para que te echasen del Teatro Nacional… Y eso no es verdad… No he intrigado ni he dicho una palabra sobre ti… Pero, en fin… No me vas a creer… Crees que he sido yo y con eso te basta.

(Saca de una caja unas zapatillas bordadas.)

Este es el regalo para mi marido… Los tulipanes los he bordado yo misma… Entre paréntesis… No me gustan nada los tulipanes, pero como a él le encantan… Vivimos rodeados de tulipanes…

(La SEÑORITA Z sin poderlo evitar, aparta la mirada de la revista y da una ojeada a las zapatillas entre curiosa y burlona. La SEÑORA X calza las zapatillas en sus manos.)

¿Has visto qué pies tan pequeños tiene Bob?… Y, sin embargo, ¿verdad que anda muy bien? Bueno, perdona, tú… claro… como no le has visto en zapatillas, pues… no puedes…

(La SEÑORITA Z deja oír un par de carcajadas.)

¡Fíjate bien! ¡Fíjate!

(La SEÑORITA Z vuelve a reír.)

¡No sabes cómo se pone cuando se enfada!… Patalea como un niño chico… “En esta casa no hay nadie que sea capaz de hacer un buen café”… ¡Je!… “¿Pero es que no sabéis despabilar las mechas de esas luces?”… Y con el frío… con las corrientes de aire se pone histérico… Es que es muy friolero, ¿sabes?… Sobre todo los pies… “Hace un frío espantoso y esa estufa se está apagando… ¡sois idiotas!”.

(La SEÑORA X frota una zapatilla contra otra. La SEÑORITA Z vuelve a reír.)

Bueno… y no te digo nada cuando empieza a buscar las dichosas zapatillas… que por lo demás están siempre en el mismo sitio… al lado del armario, que es donde las deja María… María es la sirvienta…

Una no debe reírse de su marido… no está bien… Además que tampoco se lo merece… No, no se lo merece. Es cariñoso… es amable… Está muy bien, muy bien… Es el marido que te hubiera ido bien a ti, Amelia… Sí, sí, no te rías… ¿Qué? ¿Has dicho algo?… Además la fidelidad también cuenta y él es fiel ¿sabes?… fiel… Si tú supieras… bueno, yo lo sé porque me lo ha contado él mismo…¿Qué es lo que te hace tanta gracia? Cuando tuve que hacer la gira por Noruega, esa furcia de Federica se lo intentó conquistar… Una cerdada…

(Pausa.)

Si lo llega a intentar delante de mí le arranco los ojos. (Pausa.) Debes saber que no me enteré por fuera, sino que Bob mismo me lo contó. De todas formas no fue solamente Federica. (Pausa.) No, no… la verdad es que no me lo explico, pero… mi marido enloquece a todas las mujeres… a lo mejor buscan su influencia en el Ministerio… Las subvenciones, las giras, ya me entiendes… Tú misma, tú misma diste alguna que otra vuelta a su alrededor. por eso te tengo la confianza justa… la justa y nada más… Ya sé que tú no le importas lo más mínimo, pero… en cambio, me da la impresión de que tú estás como resentida con él…

(Pausa incómoda. Las dos mujeres se miran cara a cara.)

Vente esta noche a cenar a casa, Amelia… Anda… Esa será una buena prueba de que nos guardas rencor… Por lo menos a mí me resulta insufrible que estemos enfadadas… Claro que si tú crees que yo te cerré el camino… A no ser que… No, tampoco… Es idiota, pero no entiendo absolutamente nada de lo que está pasando entre nosotras.

(La SEÑORITA Z mira fijamente, con mucha curiosidad, a la SEÑORA X. La pausa se alarga.)

Ahora que lo pienso, la verdad es que nos conocimos de una forma muy rara… Me diste mucho miedo el día que te conocí… Tanto, tanto miedo que no me atreví a quitarte la mirada de encima. Fuí amiga tuya y… no me despedí de ti, de miedo que tenía a que te convirtieses en una enemiga… Y eso que cada vez que venías a vernos me costaba un disgusto… Estaba claro que mi marido no te podía aguantar. Tan claro que… bueno, como cuando una se pone un vestido que sabe que le cae mal… Sí, eso… ¡Mira que intenté por todos los medios que Bob fuese simpático contigo!… ¡Pero fracasé!… ¡No hubo nada que hacer!… Hasta que te salió aquel novio… Entonces, sí… Entonces empezasteis Bob y tú a ser amigos… bastante amigos… Parecía como… Parecía como si antes no os hubieseis atrevido a ser como sois o… bueno… como si ya pudieseis intimar sin miedo porque tú estabas fuera de… como a salvo… si entiendes lo que quiero decir… Tampoco he podido comprender nunca lo que vino después… Lo único que recuerdo es que jamás tuve celos de ti… ¡Qué raro! Cuando el bautizo… como te habíamos elegido madrina… le dije a Bob que te diese un abrazo y él te lo dio, sin más… Te lo dio y a ti se te cambió el color… Entonces no me di cuenta ni después tampoco… Se me olvidó aquella imagen, eso fue todo… ¡Pero ahora!

(Se levanta bruscamente.)

¿Por qué estás tan callada?… Desde que me he sentado aquí no me has dirigido ni una sola palabra… Yo, en cambio, he estado hablando y hablando… y tú me has dejado hablar sola… mejor dicho has estado mirándome y devanando mis pensamientos… Tú, sí, tú… Has hurgado en mi cabeza como hacen los gusanos con la seda de los capullos… Ideas… ideas raras… ideas sospechosas. Espera, espera, déjame pensar un poco… ¿Por qué rompiste tu noviazgo? ¿Por qué no has vuelto a venir a casa? ¿Por qué no quieres venir a pasar la Nochebuena con nosotros?

(La SEÑORITA Z hace un ademán como si quisiera responder.)

No, no… cállate, cállate ahora… Ya no necesito que me digas nada… Ya está todo claro… todo en orden… Ya sé todos los porqués… ya tengo el rompecabezas listo… Ya lo veo…

(La SEÑORA X continúa su discurso en tono despectivo.)

Lo que no tengo es ánimo para estar sentada a tu misma mesa.

(Cambia los paquetes de mesa.)

Por eso he tenido que quedarme poco menos que ciega, bordando tulipanes; porque A TI te encantan los tulipanes…

(Tira al suelo las zapatillas.)

Y por eso fuimos a veranear a orillas del lago Malara… porque el mar no te gusta.
Mi hijo se llama Eskil que era el nombre de tu padre… Y he tenido que usar los colores que tú usas… y he tenido que leer los libros que a ti te gustan… y he comido lo mismo que tú comes… y he bebido lo que tú bebes… el chocolate sin ir más lejos y, además, incluso, incluso… ¡Dios mío! ¡Dios mío!… ¡Qué espanto!… ¡Y qué villanía!… Todo, absolutamente todo, ha llegado hasta mí trayendo tu marca… Todo… hasta tu sensualidad… Has entrado dentro de mí como los gusanos en las manzanas… Has ido poco a poco royéndome… cavando… perforando… para convertirme en un poco de polvo negro envuelto en una piel arrugada… Por eso quería escapar de él… Pero no era fácil… Has estado siempre delante de mí tratando de fascinarme con tus ojos negros… igual que las serpientes… Yo sabía que podía volar, claro, pero que tendría que volar hacia ti… Me ahogaba… Y me ahogaba porque estaba en el agua, porque tenía atados los pies y porque cuanto más braceaba más y más me hundía… Tú estabas en el fondo… Eres un cangrejo gigante que me esperaba feliz para destrozarme entre tus pinzas… Está bien, ya me tienes… ¡Te odio! ¡Te odio con todo mi cuerpo y con toda mi alma…! ¡Te odio!… Te odio porque estás ahí sentada… fría… indiferente… sin nervios y callada… porque te da igual que haya luna llena o que no haya luna… porque no te importa que sea Navidad o Año Nuevo… ni que otros seres humanos sean felices o desgraciados… No te importa nada… No puedes sentir odio y no puedes sentir amor… Pareces una cigüeña estúpida, inmóvil delante del agujero de un ratón… No le puede atrapar, claro… Pero puede esperar tranquilamente a que se asome… Y eso es lo que estás haciendo aquí… en tu rincón del café… ¿No sabes que le llaman “La Ratonera”?… Y se lo llaman por ti… porque te pasas aquí horas y horas leyendo la prensa para enterarte bien, muy bien enterada, de quien ha tenido una desgracia familiar… de quien se ha arruinado… de a quien han echado por fin del teatro… Vives de eso… de esperar que la vida te entregue alguna presa… Repasas tu vida y cuentas tus éxitos como si fueses el capitán de un barco hundido… o… o… una diosa que espera los sacrificios humanos… ¡Pobrecita Amelia! ¡Pobre! ¡Pobre! Me das mucha lástima porque todo eso es verdad… Pero también es verdad que eres una desgraciada y como eres una desgraciada te sientes herida y como te sientes herida te vuelves pura maldad. No es que yo sea buena… Es que no puedo enfadarme contigo; eres demasiado débil… Por eso me tiene sin cuidado lo que hayas tenido o no hayas tenido con Bob… ¿Cómo me va a importar a estas alturas? ¿Qué más da qie hayas sido otra o hayas sido tú quien se ha esforzado tanto para enseñarme a tomar chocolate?

(Bebe un poco de chocolate.)

La verdad es que el chocolate es una bebida muy sana… Y gracias también si eres tú quien me ha enseñado a vestirme… Mi marido es feliz y yo he ganado exactamente todo lo que tú has perdido… Por supuesto… Hay síntomas que no engañan… Has perdido y lo has perdido todo… A lo mejor pensabas que yo no iba a luchar… que iba a hacer como tú… esconderme… retroceder… Sí, ahora sabes que te equivocaste… porque yo no me retiro… Yo no abandono el campo… Yo no quiero vivir mezquinamente quedándome sólo con las sobras de los demás… No… Y por eso… por eso me parece que soy la más fuerte… la prueba es que tú no has recibido nada de mí y en cambio has tenido que ir entregando todo lo que tenías. ¿Te acuerdas de aquel cuento de los ladrones? Ahora puedes despertarte y empezar a contar todo lo que yo te he quitado… que ni siquiera es robar porque nada tiene valor en tus manos… Tú lo esterilizas todo… tanta pasión y tanto tulipán y no has sido capaz de retener a un hombre… Yo, en cambio… Yo he aprendido la vida en la vida… Tú la buscabas en los libros… Tu padre se llamaría Eskil, pero el Eskil de hoy es mío… ¿No quieres contestar, verdad? Siempre callada… siempre… Hubo un tiempo en que creí que tus silencios eran una gran fuerza… me equivoqué… te callas porque no tienes nada que decir… ¡Estás vacía!

(Se levanta y guarda las zapatillas.)

Me voy a casa con mis tulipanes… con TUS tulipanes… Fuiste incapaz de aprender algo de los demás… incapaz de vivir y de templarte de una vez… Por eso estás destrozada, como una caña seca… ¡Y ahora, mírame a mí! Adiós, Amelia, gracias por tus clases… Y gracias por haber enseñado a mi marido a quererme… Me voy a casa… Tengo ganas de hacer el amor con él.

(Sale.)

OSCURO

* * *

Johan August Strindberg nació en Estocolmo, Suecia el 22 de enero de 1849 y falleció el 14 de mayo de 1912 en esa ciudad.

Obras principales:

El librepensador (Fritänkaren, teatro, 1870)
En Roma (I Rom, teatro, 1870)
Maestro Olof (Mäster Olof, drama histórico, 1872)
La habitación roja (Röda rummet, novela, 1879)
El nuevo reino (Det nya riket, novela, 1882)
Viaje de Pedro el afortunado (Lycko-Pers resa, drama, 1883)
Pequeño catecismo para la clase baja (Lilla katekes för underklassen, 1884-85)
Casados I y II (Giftas I–II, narraciones cortas, 1882–1891)
Utopías en la realidad (Utopier i verkligheten, narraciones cortas, 1885)
El hijo de la sierva (Tjänstekvinnans son, novela autobiográfica, 1886–1909)
Gentes de Hemsö (Hemsöborna, novela, 1887)
Alegato de un loco (En dåres försvarsdal, novela autobiográfica, 1887–1895)
El padre (Fadren, drama, 1887)
La señorita Julia (Fröken Julie, drama, 1888)
La más fuerte (Den starkare, monólogo, 1888)
Acreedores (Fordringsägare, drama, 1888–1889)
El paria (Paria, drama, 1889)
El romántico campanero de Ranö (Den Romantiske Klockaren På Rånö, novela, 1889)
A orillas del ancho mar (I Havsbandet, novela, 1890)
Inferno (Inferno, autobiografía, 1898)
Camino a Damasco (Till Damaskus, trilogía dramática, 1898–1904)
La saga de los Folkunga (Folkungasagan, drama, 1899)
Erik XIV (Erik IV, drama, 1899)
La danza de la muerte (Dödsdansen, drama, 1900)
Carlos XII (Carl XII, drama histórico, 1901)
Cristina (Kristina, drama histórico, 1901)
El sueño (Ett drömspel, drama, 1901)
Gustavo III (Gustaf III, drama histórico, 1902)
Solo (Ensam, novela autobiográfica, 1903)
Banderas negras (Svarta fanor, novela, 1907)
El banquete techado (Taklagsöl, novela, 1907)
El chivo expiatorio (Syndabocken, novela, 1907)
La tormenta (Oväder, drama, 1907)
La casa incendiada (Brända tomten, drama, 1907)
La sonata de los espectros (Spöksonaten, drama, 1907)
El pelícano (Pelikanen, drama, 1907)
La carretera (Stora landsvägen, drama, 1909)

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