Fernanda Sandez / Últimas imágenes de un país atado con alambre

(Publicado en La Nación, 3.3.2013, lanacion.com.ar)

Ni Dios es argentino ni la ruleta es rusa. A la luz de los últimos acontecimientos, de hecho, más nos valdría ir pensando en un enroque de nacionalidades. A menos, claro, que estemos en manos de un dios sanguinario que ama exterminar a sus compatriotas. Porque aquí la muerte nos pisa los talones hagamos lo que hagamos: salir, quedarnos en casa, movernos o permanecer debajo del balcón equivocado. Mata, pues, lo móvil, lo que se desplaza enloquecido hacia ningún lugar. Somos el país de los borrachos “piolas” al volante, de los taxistas a contramano, de los trenes sin freno y de los ferrocarriles desmantelados hasta decir basta, y donde el “Basta” definitivo tiene que darlo un andén. Y medio centenar de muertos.

Pero mata también lo quieto, o lo que debería estar quieto y se mueve en la dirección equivocada: el boliche que se convierte en cámara de gas, el edificio que se viene abajo y también la estatua de casi 300 kilos que se llevó la vida de Marcela Iglesias, de seis años, en el Paseo de la Infanta. Matan las ramas que no se podaron, los caserones decrépitos, los ríos contaminados, las barreras sin luces ni guardabarreras, las calles oscuras. Mata también lo que debería nutrir (la leche, el pollo, la carne) y hasta lo que debería curar, no importa si hablamos de un medicamento adulterado o de un aparato de rayos que se desploma sobre el paciente en plena radiografía. Pero que quede claro, porque es claro: detrás de cada accidente o “tragedia” de este tipo hay un negocio -a veces millonario- en donde vidas humanas se venden al mejor postor, primero, y se aniquila o desoye cualquier cosa parecida al control, después. Hacer la vista gorda tiene un precio, que nunca es bajo. Decir pues que “la corrupción mata” es quizás hacer foco en el resultado y no en la causa. Porque antes de matar la corrupción enriquece. Si no somos capaces de ver el lazo que une al enriquecimiento con todo eso que funciona horrible, tampoco entenderemos por qué -y con todo- muerte ajena sigue siendo en la Argentina una inversión altamente rentable.

Ignacio Copani, flamante funcionario de la Universidad de José C. Paz, dijo un día que aquí todo lo atamo con alambre . Sólo que eso que en el plano personal puede pasar por ingenio y hasta hacerse canción, llevado a lo colectivo se vuelve negligencia criminal. Y no importa si hablamos de la salud, los alimentos, los servicios. La vida. Nos habituamos -y hasta enorgullecemos- de nuestra capacidad para sobrevivir como sea. Sin luz, sin agua, sin frenos. Pero como tampoco hay vida que dure de gambeta en gambeta, un día “algo” falla y todo se desploma sobre nuestras cabezas. Llegan entonces la sangre y las lágrimas. Y los reclamos de una justicia que ni siquiera merece ese nombre.

Puede que aparezcan, incluso, culpables sin cara ni apellido: “los intereses”, “la desidia”, “el negociado”. Pero el día que nos animemos a mirar mejor puede que veamos alguna otra cosa. Que somos nosotros los que insistimos en volver a firmarles el mismo cheque en blanco a los mismos que hasta ahora -impúdicamente y hasta llenándose la boca de “patrias” y de “pueblo”- han demostrado de sobra lo poco que les importamos. Que para ellos sólo contamos en el triste doble rol de silenciosos contribuyentes y dóciles votantes. Después, lo de siempre: a seguir encomendándonos al cielo cada mañana, en el otro. A seguir confiando en las virtudes del alambre y en la ciudadanía de Dios, dizque tan argentino como el dulce de leche, y Maradona.

* * *

Fernanda Sandez nació en Lomas de Zamora, Buenos Aires, en 1967. Es periodista.

Escribe en su perfil de Linkedin (ar.linkedin.com):

Escribo desde que tengo memoria y me pagan por hacerlo desde hace veinte años. Colaboré, escribí y edité en varias revistas y diarios. Entre ellos, Veintitrés, Noticias, Living, Para Ti, El Gourmet, Grande Reportagem (Portugal), Gatopardo (Colombia), Noticias Aliadas (Perú), Servicio Especial de la Mujer (Costa Rica) y los diarios Perfil, Miradas al Sur, Z y Crítica de la Argentina. En la mayoría de ellos aún sigo trabajando. Desarrollé, lancé y dirigí por un año la revista Nueva Estética. Como redactora publicitaria, colaboré con JWT Argentina y con Young & Rubbicam, tanto en el área creativa como en la de planeamiento estratégico, para clientes como Lux y Coca Cola, entre otros. Edité por dos años todos los contenidos de el Círculo Clight y durante este año desarrollé acciones en la Web para Sancor. Actualmente estoy impulsando mi propia agencia de comunicación boutique.

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