ADN Cultura. Una biblioteca para armar: los títulos más relevantes de 2013

(Publicado en ADN Cultura, 20.12.2013, www.lanacion.com.ar)

Entre las obras más notables del año figuran narraciones de la canadiense Alice Munro -Premio Nobel de Literatura-, el francés Emmanuel Carrère, el argentino Ricardo Piglia y el peruano Mario Vargas Llosa. Fuera del ámbito de la ficción, las clases de Julio Cortázar, un singular experimento filosófico de Alain Badiou y las memorias de Nelson Mandela

Bien mirados, los balances de un año editorial tienen una inmensa ventaja sobre aquellos que hacía la antigüedad clásica. Se sabe que Sófocles escribió alrededor de noventa tragedias y que de ese vasto corpus se conservan apenas siete. No es casualidad ni simple mala suerte. Conocedores de los estragos del tiempo, los antiguos tenían la costumbre de priorizar la conservación de un puñado de obras de cada autor clave: las que consideraban imprescindibles. Así garantizaban al menos la supervivencia de esos “clásicos”, para tristeza o desesperación de los especialistas y filólogos de hoy.

La ventaja de nuestra época es que sabe provisorios sus balances. Son altas las probabilidades de que, a pesar del empeño que se ponga en la tarea, el arqueólogo-crítico del futuro descubra que en ningún recuento de 2013 figuran aquellas primeras obras de Gregory Von Sutton o de Lucas Gall (¡esos geniales autores que ignoramos!) que cambiaron para siempre la literatura o la filosofía.

El reparo, claro está, no difiere demasiado del de cualquier antólogo que se precie. El año 2013 dejó, sin embargo, algunos acontecimientos irrefutables y unos cuantos libros que vale la pena señalar. Seguramente será recordado como el año en que dos escritoras se llevaron merecidamente galardones codiciados: Alice Munro recibió el Premio Nobel de Literatura y la mexicana Elena Poniatowska, el premio Cervantes, el más importante de la lengua española. Otros epifenómenos de interés pueden ser el retorno novelístico de Mario Vargas Llosa a Perú, con un guiño a ficciones suyas anteriores (El héroe discreto) o el rescate de unas amenas clases que Julio Cortázar (a 50 años de Rayuela y en el umbral del centenario de su nacimiento) brindó en Berkeley a fines de los años setenta y lo muestran en una faceta desconocida. Éstos son sólo dos de los libros destacados del año que figuran profusamente en las páginas que siguen (ver “La selección de adncultura”).

A esa lista de 24 títulos, que se enriquece con el aporte de escritores consultados (“Eligen los escritores”), pueden sumarse otros libros que forman parte de la constelación 2013.

La literatura argentina -además de lo que se publica en las editoriales más tradicionales- siguió ampliando su oferta y calidad por medio de una multitud de sellos independientes, a veces minúsculos, que con su solo impulso y entusiasmo parecen obstinados en cambiarle sin pausa la cara a lo que se produce actualmente.

Más allá y más acá de esa efervescencia, entre los autores locales Pablo De Santis continuó su premiada El enigma de París con Crímenes y jardines (Planeta), un policial situado a fines del siglo XIX, y Guillermo Martínez (también en Planeta) volvió al cuento (Una felicidad repulsiva). Hernán Ronsino culminó con Lumbre una interesante trilogía que transcurre en un pueblo de la pampa y el menos conocido Julián López sorprendió a más de un lector con la poética Una mujer muy bella (ambos de Eterna Cadencia). Marcos Herrera con Polígono Buenos Aires (Edhasa) entregó una poderosa novela urbana. En materia de crónica periodística, Leila Guerriero publicó dos libros (una compilación, Plano americano, y Una historia sencilla), que merecieron los elogios del mismísimo Vargas Llosa. El género tuvo también un jalón en Los crímenes de Moisés Ville, de Javier Sinay (Tusquets) y el editor Jorge Álvarez dejó constancia de su mítica labor en sus Memorias (Libros del Zorzal). Entre las curiosidades del género, deben citarse las deliciosas Aguafuertes cariocas, de Roberto Arlt (Adriana Hidalgo). Mención aparte merecen los libros periodísticos: el fragor político los ha puesto otra vez en el candelero y en 2013 se produjo el inusual caso de que salieran al unísono dos biografías (una crítica, otra hagiográfica) de la misma persona: Víctor Hugo Morales. También se reflotó el ensayo político: un breve texto de Héctor Ricardo Leis sobre los años setenta produjo intensos debates sobre la militancia de aquella década. A él deben sumarse El simulacro. Por qué el kirchnerismo es reaccionario, de Alejandro Katz (Planeta), y La Argentina que duele (Katz), un libro de conversaciones del propio Katz con el historiador Luis Alberto Romero.

En la órbita internacional la cosecha fue despareja. Paul Auster reincidió en el género autobiográfico (Informe del interior) y reaparecieron otros autores norteamericanos que publican con escasa frecuencia (Jeffrey Eugenides, Junot Díaz). Se pudo continuar leyendo a la alemana Sybille Lewitscharoff (Blumenberg, Adriana Hidalgo) y la visita holandesa a la Feria del Libro dejó más de un autor por conocer (Todo está tranquilo arriba, de Gerbrand Bakker; Bajo la Luna). Por fin se tradujo al huraño brasileño Danton Trevisan (Mardulce publicó los relatos de La trompeta del ángel vengador) y asomó tímidamente el impagable William Trevor (Una relación perfecta, Salamandra). Un acontecimiento en materia extranjera es paradójico: la colección personal que J. M. Coetzee comenzó a editar, de manera exclusiva, en la argentina El Hilo de Ariadna.

Entre los autores que se siguen recuperando del pasado conviene destacar al increíble Tommaso Landolfi (Cancroregina; A. Hidalgo), Flann O’Brien (Nórdica distribuyó El tercer policía), la rarísima Anna Kavan (Manantial publicó Sin amor) o los poemas de Dorothy Parker (también Nórdica). La Bestia Equilátera, a su turno, volvió a la carga con los adictivos Muriel Spark (Robinson) y Alfred Hayes (Mi perdición).

Para terminar, la marea del mes de diciembre trajo algunos bellos especímenes que no pudieron ser considerados (entre otros, Genios destrozados de Daniel Guebel; Cartas extraordinarias, de María Negroni, y En brazos del enemigo, la primera novela para adultos de Canela). Son la sombra del año que se avecina, el anticipo de lo que vendrá.

LA SELECCIÓN DE ADN CULTURA

  • La República de Platón
    Alain Badiou
    Fondo de Cultura Económica
    Alain Badiou fue siempre un filósofo de expresión decidida, y un reivindicador de Platón a contracorriente, en un siglo que sólo ha buscado derrocarlo. Aquí encontró un proyecto a la medida de su ambición: reescribir La República, la magna obra del griego, pero en código contemporáneo. Una obra insólita, pero también, más allá de su curiosidad, insoslayable.
  • Al margen /En marge
    Silvia Baron Supervielle
    Adriana Hidalgo
    Al margen/ En marge es un título que encierra una poética. No solamente porque esos dos idiomas (el castellano y el francés) son los de la poeta Silvia Baron Supervielle sino también porque la obra misma, reunida aquí en su totalidad, circula en dos márgenes. Baron Supervielle escribe en francés, pero sus textos pertenecen a la literatura argentina. Cada poema, escueto, rodeado de silencio, es un astro que alumbra el vacío.
  • Limónov
    Emmanuel Carrère
    Anagrama
    Hace mucho que el francés Carrère se cansó de la ficción pura y dura. Ya en El adversario había probado su talento para las novelas basadas en casos reales. En Limónov, que supuso su consagración definitiva, presenta la biografía del político y escritor ruso del título, uno de esos personajes al borde del desquicio, siempre presto al escándalo, que parece haber sido inventado sólo para que esta novela formidable fuera posible.
  • Modo linterna
    Sergio Chejfec
    Entropía
    Autor de novelas que se cuentan entre las más originales de la última literatura argentina, en Modo linterna Chejfec se anima al cuento o, si se prefiere, a esa vasta zona en que ficción y crónica parecen darse la mano. El volumen incluye textos variados, en los que predominan sin embargo una mirada atenta a la percepción y a lo real. Escritores y artistas suelen ser de la partida, pero también hay lugar para escenas desopilantes, en que aparecen fantasmas o un árbitro de fútbol.
  • La infancia de Jesús
    J. M. Coetzee
    Mondadori
    Del mismo autor tal vez podría figurar en este apartado sus Escenas de una vida de provincias, que reúne en un solo volumen sus formidables libros autobiográficos (Infancia, Juventud y Verano), pero ya fueron publicados antes individualmente. La concreta novedad editorial de Coetzee, La infancia de Jesús, merece igual ser de la partida por entroncar con el espíritu de algunas de sus primeras obras, en que la comprensión del otro es clave.
  • Clases de literatura
    Julio Cortázar
    Alfaguara
    En 1980, el autor de Rayuela fue invitado a Berkeley a dictar lecciones de literatura durante dos meses. Ajenas por completo a la entonación académica, la voz de Cortázar registrada en estas clases reproduce la gracia de su escritura al referirse, en una charla amena, a sus elecciones estéticas, las características del cuento fantástico y la literatura social o la relevancia del juego en la creación.
  • Desconfiar de las imágenes
    Harun Farocki
    Caja Negra
    Sucesor y crítico de cineastas como Wenders, Fassbinder y Herzog, el vanguardista alemán Harun Farocki realizo películas documentales, ensayos fílmicos y video instalaciones que desafían los modos habituales de comprender las imágenes para revelar su violencia implícita.Esta selección de textos publicados entre 1980 y 2010 recorre las ideas esenciales que marcaron su búsqueda estética.
  • Eran humanos, no héroes
    Graciela Fernández Meijide
    Sudamericana
    Ex integrante de la Conadep, madre de Pablo, secuestrado y desaparecido por la dictadura militar, Fernández Meijide aporta su mirada crítica sobre la violencia política de los años setenta. En momentos en que la historia se discute como un trofeo de la arena política, la autora revisa los hechos, aporta testimonios y reflexiona oponiendo a las posiciones maniqueas los valores de la democracia ganada.
  • La gran ventana de los sueños
    Fogwill
    Alfaguara
    Durante mucho tiempo, Fogwill llevó una especie de diario discontinuo en el que consignaba sus sueños. Algunos, sueltos, aparecieron en revistas, pero la mayoría eran desconocidos hasta la publicación de este volumen, el primero de sus libros póstumos. Ya se trate de una escena cotidiana, de Néstor Kirchner o del dinero, cada texto muestra la maestría narrativa del autor para dominar también la indócil materia de que están hechos los sueños.
  • Hoy
    Juan Gelman
    Seix Barral
    Cuando parecía que su obra iba ya en una sola dirección, o por lo menos en una línea que no parecía previsible que se modificara, Juan Gelman mostró en Hoy que era capaz de reformular extemporánea y brillantemente su arte poético. Al margen de cualquier exégesis -el poema sólo puede nombrarse palabra por palabra-, la poesía de Gelman da un vuelco imprevisto y entra decididamente en el siglo XXI.
  • Un tiempo de rupturas
    Eric Hobsbawm
    Crítica
    Publicado poco después de la muerte de Eric Hobsbawm, Un tiempo de rupturas: sociedad y cultura en el siglo XX reúne escritos que van de 1964 a 2012. El tema de la mayoría de ellos es el arte, aunque siempre en su interconexión con la realidad social: los manifiestos de las vanguardias, el canon, el mundo de ayer y las artes al principio del nuevo milenio son algunos de los temas que examina el historiador.
  • Personas como yo
    John Irving
    Tusquets
    La torrencial pluma dickensiana del autor de El mundo según Garp se dedica en su última novela a desbrozar la pacatería sexual de la sociedad estadounidense. Billy Abbott descubre su vocación literaria y su bisexualidad a partir de la relación con la señorita Frost, bibliotecaria transexual de un pueblo en los años cincuenta. La definición de su identidad inicia un viaje narrativo hacia la comprensión de la diversidad.
  • El secreto del pasado
    Rudy Kousbroek
    Adriana Hidalgo
    El holandés Rudy Kousbroek (1929-2010) nació en Sumatra y como consecuencia de esa razón geográfica hizo de la melancolía uno de sus temas involuntarios. Ideó un método al que bautizó “fotosíntesis”: toma una foto vieja y a partir de ella se dedica a explorar, en breves ensayos, los entresijos de la memoria. Un zepelín, una fortaleza, una habitación despojada son disparadores siempre sorpresivos de estas notables miniaturas.
  • Mi libro enterrado
    Mauro Libertella
    Mansalva
    A partir de la agonía y la muerte del padre, el narrador, ensayista y editor argentino Héctor Libertella, su hijo Mauro explora con valentía y entonación discreta su compleja relación con él. Mi libro enterrado, volumen brevísimo y fulminante, puede leerse también como un aprendizaje de escritor por medio de una autobiografía, despojada y a la vez pudorosa, atravesada de sentimientos contradictorios.
  • El centro del mundo
    Ercole Lissardi
    Planeta
    Ercole Lissardi ha dejado de ser un secreto uruguayo para convertirse en un referente de la literatura erótica en América Latina. “El centro del mundo”, “La diosa idiota” y “La educación burguesa”, nouvelles reunidas en este volumen, son un claro ejemplo de la variedad estilística y temática con la que explora sin reticencias el poder que el deseo ejerce sobre la conciencia y el cuerpo humanos.
  • El largo camino hacia la libertad
    Nelson Mandela
    Aguilar
    Después de todo lo que se había dicho, escrito y filmado sobre Nelson Mandela, podría haberse pensado que no quedaba nada más para agregar. Pero faltaba su propia palabra. El mismo año de la muerte del líder sudafricano, se publicó en castellano El largo camino hacia la libertad, memorias de lucha, sufrimiento y optimismo que reflejan, sin melodrama, toda una época y la transformación de una sociedad.
  • Operación Dulce
    Ian McEwan
    Anagrama
    Maestro de la novela literaria, en los últimos años el inglés McEwan se ha vuelto además un consumado artífice de tramas engañosas y perfectas, como lo prueban Expiación, Sábado y Solar. En su nueva ficción, la narradora es una muchacha que se suma a las filas de los servicios secretos británicos para atraer para la causa a autores promisorios. Un tour de force encantador, con los años setenta como fondo.
  • El inventor del peronismo
    Silvia D. Mercado
    Planeta
    La periodista Silvia Mercado rescató del olvido a Raúl Apold, un personaje clave en la historia del peronismo. Creador del Departamento de Prensa y Difusión del primer gobierno de Perón, el funcionario se las ingenió para no dejar rastros de su vida privada. La autora hizo un exhaustivo trabajo para reconstruir su historia personal en una de las biografías políticas más interesantes del año.
  • Mi vida querida
    Alice Munro
    Lumen
    Tiempo atrás, Alice Munro anunció que no volvería a escribir y publicó su último opus, Mi vida querida, que llegó este año a la Argentina. Poco después la canadiense recibió el Premio Nobel de Literatura y la anécdota volvió a ser noticia. Ya casi empieza a extrañarse la prescindencia de la escritora, sobre todo tras la lectura de Mi vida querida que incluye relatos soberbios y se clausura con textos autobiográficos, al borde del adiós.
  • Cuadernos de lengua y literatura
    Mario Ortiz
    Eterna Cadencia
    El título general con el que el bahiense Mario Ortiz va publicando su trabajo poético y en prosa le permite asumir la escritura como un ejercicio constante. La libertad es el punto de partida de una reflexión intensa y profunda sobre la materialidad del lenguaje y el modo en que moldea el sentido del mundo. En los volúmenes V, VI, y VII, aquí reunidos, Ortiz define con precisión su arte poética y brinda una lectura sorprendente.
  • Historia del dinero
    Alan Pauls
    Anagrama
    Con esta última pieza de la trilogía que integran Historia del llanto e Historia del pelo, Alan Pauls finaliza su revisión oblicua de las aventuras y tragedias políticas que signaron la década de 1970. Con más acento en la experiencia biográfica que en el relato colectivo, explora aquí la relación entre el derroche de la economía privada y las obligadas crisis de la política económica argentina.
  • Derrida
    BenoÎt Peeters
    Fondo de Cultura Económica
    Jacques Derrida fue un pensador complejo, tan influyente como discutido. La idea de una biografía totalizadora parece contradecir el alcance de su proyecto filosófico, que hizo de la experiencia personal una piedra de toque sesgada y elusiva. Peeters logra presentar, sin embargo, un retrato exhaustivo, respetuoso que, y esto es clave, facilita el acceso a la prolífica y abrumadora obra del padre de la deconstrucción.
  • El camino de Ida
    Ricardo Piglia
    Anagrama
    En El camino de Ida hay muchos elementos reconocibles de las novelas anteriores de Piglia (empezando por el protagonismo de Emilio Renzi, siguiendo con la fascinación por el policial negro), pero hay una sorpresa: la novela transcurre en el ámbito universitario estadounidense, que el autor conoce al dedillo por haber enseñado allí. Literatura, teoría, paranoia, complot, incluso el amor, configuran la trama de esta novela de inusual lucidez.
  • Alucinaciones
    Oliver Sacks
    Anagrama
    En la misma senda que sus clásicos basados en casos clínicos reales (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Veo una voz), el neurólogo y escritor británico se centra ahora en el curioso mundo de las visiones derivadas de un raro síndrome. Variados personajes, que se adentran en dimensiones diversas de lo que llamamos “realidad”, se suman en Alucinaciones a esa suerte de memorable comedia humana que es toda la obra de Sacks.
  • El héroe discreto
    Mario Vargas Llosa
    Alfaguara
    Situada en el Perú de nuestros días, con alusiones a obras y escenarios previos del Premio Nobel de Literatura peruano, El héroe discreto significó el retorno del escritor a su mejor forma novelesca. Lima y Piura (ciudades clave de obras como La casa verde y Conversación en la Catedral) han cambiado y la amenaza de corte mafioso que sufre el protagonista lo prueba. La prosa de Vargas Llosa vuelve a brillar de riqueza localista.

ELIGEN LOS ESCRITORES

  • Tamara Kamenszain
    Más allá de los géneros
    La novela de Lacan. Jorge Baños Orellana
    (El Cuenco de Plata)
    Mi libro enterrado. Mauro Libertella (Mansalva)
    Subrayados. María Moreno (Mardulce)
    Me gusta de los tres que no quieren ser novelas. Desde la ironía del título y para urdir el relato que lleva del psiquiatra al psicoanalista, La novela de Lacan se desmiente como biografía y como ensayo. En Mi libro enterrado el autor, al autodefinirse hijo, muestra que descree de los mundos novelados. Y en Subrayados me quedo con las lecturas que el personaje María Moreno vuelve ficción.
  • Matías Capelli
    Las palabras y las cosas
    Cuadernos de lengua y literatura V, VI y VII. Mario Ortiz (Eterna Cadencia). Sea en prosa o en verso, los sucesivos cuadernos del escritor bahiense sedimentan una exploración del filamento que une las palabras con las cosas.
    Intercambios sobre una organización. Violeta Kesselman (Blatt & Ríos). Kesselman escribió cada frase de su primer libro con el mismo rigor y compromiso con el que los jóvenes protagonistas de sus cuentos se cuestionan qué hacer y cómo llevarlo a cabo.ß Modo linterna. Sergio Chejfec (Entropía). Como un Sebald porteño y expatriado, los relatos documentales de Chejfec lo revelan menos moroso que en sus novelas, más condensado.
  • Liliana Heker
    La alquimia de la escritura
    Encuentro con Munch. Sylvia Iparraguirre. La aventura del viaje, el humor, la extraña alquimia de la escritura, ciertos deslumbramientos, se van cruzando con sabiduría en este libro, especie única en nuestra literatura, conmovedoramente bello.
    Hacia la boda. John Berger (Alfaguara). Es una reedición. Una se sumerge en sus páginas como en una música y paso a paso va descubriendo que -como casi toda la obra de su enorme autor- esta novela, luminosa y poética, está construida, simplemente, con el barro común de nuestro tiempo.
    Laura (Vida y militancia de Laura Carlotto). María Eugenia Ludueña (Planeta). Estructurado como un testimonio polifónico, este libro, entrañable y objetivo a la vez, recrea como pocos el espíritu de los años setenta, la vida cotidiana y la militancia de tantos jóvenes que vivieron y murieron por el sueño de un mundo más justo.
  • Griselda Gambaro
    Un libro sobre el holocausto
    Necrópolis. Boris Pahor (Anagrama). Es el libro más conmovedor que leí sobre el holocausto. Cuenta el horror con una prosa simple y desgarradora.
    Un día cualquiera. Hebe Uhart (Alfaguara). Por el encanto de una escritura que descubre la esencia de las pequeñas cosas
    El síndrome de Elsinore (Desde la gente). Alberto Catena pregunta con sagacidad y Eduardo Rinesi contesta con la misma sagacidad y cierta gracia desacralizadora sobre temas filosóficos, sociales y políticos
  • Elvio Gandolfo
    Crónicas marcianas
    Modo linterna. Sergio Chejfec (Entropía). Cuentos precisos, obsesivos por momentos. Renueva los relatos sobre escritores y coloquios. Memorable búsqueda de la tumba de Saer en París.
    El gran surubí. Pedro Mairal (Orsai). Circuló en revista, y ahora en libro lujoso. Novela en sonetos, logra romper temores de despiste, en un mundo duro, salvaje, perverso, con final magistral.
    Visto y oído. Hebe Uhart (Adriana Hidalgo). El mejor libro de viajes de Uhart. Liberada de los topes de las revistas o suplementos, circula por Paraguay, Tandil y otros lugares, con mirada marciana.
  • Edgardo Cozarinsky
    Moreno, Piglia y Markson
    Subrayados. María Moreno (Mardulce)
    El camino de Ida. Ricardo Piglia (Anagrama)
    Esto no es una novela. David Markson (La Bestia Equilátera)
  • Gustavo Ferreyra
    Obras que irrumpen
    El bien. Jorge Consiglio (Edhasa)
    Lumbre. Hernán Ronsino (Eterna Cadencia)
    Polígono Buenos Aires. Marcos Herrera (Edhasa).
    Elijo novelas que amplían los horizontes de tres obras que vienen irrumpiendo (como ocurre en la literatura argentina, sin irrumpir en realidad) en la última década (El bien, de hecho, es una reedición). Son obras que trabajan como placas tectónicas los subsuelos de la narrativa, cuyos movimientos ya resquebrajan la superficie y empiezan a generar curiosidad.
  • María Rosa Lojo
    Novelas argentinas
    El pájaro de hueso. María Carman (Mondadori)
    El relato bucea en la memoria oculta y negada de la nación cruzando la historia de dos gemelos (uno de los cuales fue apropiado en un secuestro durante la última dictadura), con la cultura qom: otro cuerpo extraño y paralelo, no reconocido en el imaginario oficial; algo del Eisejuaz de Sara Gallardo reverbera en la poesía trágica de este libro también singular.
    La palabra. Pablo Urbanyi (Catálogos)
    Es una novela implacable y melancólica, con un intrincado tejido de voces, testigos y relatores, que ofrece un ácido balance de la cultura occidental y sus parámetros de consumo y triunfalismo, a través de la vida y muerte de su protagonista, un profesor argentino exiliado en el “Primer Mundo”.
    Tratado sobre las manos. Miguel Vitagliano (Eterna Cadencia).
    Se basa en una idea de gran potencia: que la verdadera obra de un crítico/lector puede estar dispersa en las notas escritas en los libros de su biblioteca. Nada complaciente con la figura del académico y sus vanidades, Vitagliano crea un gran personaje: Lidia, viuda del maestro, que recoge con una mezcla de ironía y veneración los tesoros olvidados en los márgenes.
  • María Sonia Cristoff
    Lectura adictiva
    Subrayados. María Moreno (Mardulce). Una experiencia infrecuente en estos ensayos literarios, en los cuales la agudeza avanza y deja al borde del camino, derrotados, a los habituales contrincantes del pensamiento crítico: las genuflexiones bibliográficas, la seriedad mal entendida, el podio verticalista. ¿Algunas de las armas de María Moreno? Mucha lectura caprichosa, gran sentido del humor, inteligencia indómita.
    Bajo el sol. Las cartas de Bruce Chatwin (Sexto Piso). Un fenómeno paranormal -Chatwin nos manda, póstuma, una autobiografía epistolar- y, a partir de ahí, al menos dos efectos: una suerte de reencuentro amoroso para los que ya lo conocemos y, para los que no, la oportunidad de entrar en contacto con un escritor deslumbrante.
    Esto no es una novela. David Markson (La Bestia Equilátera). Segunda dosis de una lectura adictiva que ya había empezado con La soledad del lector y que nos arroja al centro de una prosa en la que lo documental convive con lo autobiográfico y lo ficcional sin por eso derivar en ninguno de los tics del eclecticismo. Una prosa que ejerce una fascinación de orden musical: eso que queremos volver a escuchar.
  • Sylvia Saítta
    Trayectorias intelectuales y artísticas 
    Plano americano. Leila Guerriero (Universidad Diego Portales). Creo que los textos que integran el libro de Leila Guerriero, imposibles de definir desde el punto de vista genérico -¿son entrevistas, crónicas, biografías, conversaciones, ensayos?-, representan lo mejor del periodismo argentino. Plano americano diseña trayectorias intelectuales y artísticas; capta la voz del que narra su propia vida; lee en los detalles los grandes trazos de una biografía.
    Mi libro enterrado. Mauro Libertella (Mansalva). Contar la muerte del padre no es un desafío menor: la literatura la narró innumerables veces; el lamento y la exhibición de los sentimientos la asedian, la invalidan, a veces, la impiden Creo que Libertella logra encontrar, en el estallido de la voz del padre, una voz, la propia, un nombre y una literatura.
    Letras gauchas. Julio Schvartzman (Eterna Cadencia).Libro esperado durante años, Letras gauchas propone una lectura renovada de la gauchesca como una de las grandes tradiciones de la literatura nacional pero en diálogo con la literatura universal. Entre la oralidad y la escritura del género, en el fraseo de un verso y sus reescrituras en el siglo veinte, el autor encuentra en la polémica su propio modo de intervención crítica.
  • Lucía Puenzo
    Conciso y misterioso
    Mi libro enterrado. Mauro Libertella. (Mansalva). Porque es claro, conciso y agudo, a la vez que misterioso, aún hablando de la muerte de su padre.
    En el bosque del sonambulismo sexual. Sergio Bizzio (Mansalva)
    Porque hizo algo distinto de todo lo conocido: la literatura como juego, como cuando éramos chicos, no adultos profesionales.
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