Gérard de Nerval, poeta

William Blake, “Abel”

El desdichado

Yo soy el Tenebroso, -el viudo-, el Sin Consuelo,
Principe de Aquitania de la Torre abolida:
Mi única estrella ha muerto, y mi laúd constelado
lleva en sí el negro sol de la Melancolía.

En la Tumba nocturna, Tú que me has consolado,
devuélveme el Pausílipo y el mar de Italia, aquella
flor que tanto gustaba a mi alma desolada,
y la parra do el Pámpano a la Rosa se alía.

¿Soy Amor o soy Febo?.. Soy Lusignan o ¿Biron?
Mi frente aún enrojece del beso de la Reina;
he soñado en la Gruta do nada la Sirena…

He, doble vencedor, traspuesto el Aqueronte:
Modulando unas veces en la lira de Orfeo
suspiros de la Santa y, otras, gritos del Hada.

Versión de Aníbal Núñez

Fantasía

Hay una canción por la que daría
todo Rossini, todo Mozart, y todo Weber,
una canción muy antigua, lánguida y fúnebre,
que tiene para mí encantos secretos.

Pero cada vez que la vuelvo a escuchar,
mi alma rejuvenece doscientos años.
Estamos bajo Luis XIII… -y creo ver extenderse
un cuchillo verde que el crepúsculo amarillea;

y un castillo de ladrillos con rincones de piedra,
de vitrales pintados de colores rojizos,
ceñido por grandes parques, con un río
que baña sus pies, que fluye entre sus flores.

Y una dama en su alta ventana,
rubia de ojos negros, vestida a la antigua,
que, en otra existencia, tal vez,
yo he visto antes -y de la que me acuerdo.

(De “Las Quimeras”)

¡Hombre! pensador libre…

¡Y bien! Todo es posible.
Pitágoras

¡Hombre! pensador libre, crees que sólo tú piensas
en este mundo en que la vida estalla en todo:
de las fuerzas que tienes tu libertad dispone,
pero de tus consejos se desentiende el cosmos.

En las bestias respeta un espíritu activo…
cada flor es un alma abierta a la natura;
un misterio de amor en el metal reposa:
todo es sensible; ¡y todo sobre tu ser actúa!

Teme en el muro ciego una mirada espía:
a la materia misma un verbo está adherido…
No lo hagas servir para impíos menesteres.

Hay en el ser oscuro un Dios oculto a veces;
y, como ojo naciente cubierto por sus párpados,
un espíritu crece tras la piel de las piedras.

Versión de Aníbal Núñez

Las Cidalisas

¿Dónde nuestras amantes?
Están en el sepulcro:
Ellas son más felices
En un lugar más bello.

Muy cerca de los ángeles,
Allá en el cielo azul,
Ensalzan con sus cantos
A la madre de Dios.

Oh blanca desposada,
Joven virgen en flor,
Amante abandonada
Que marchitó el dolor.

La eternidad profunda
Sonreía en tus ojos…
Oh antorchas del mundo,
En el cielo encendeos.

Versión de Pedro Gandía
(De “Las Quimeras y otros versos”, Valencia, Instituto de Estudios Modernistas, 1999.)

(Excepto el poema “Fantasía”, la fuente es amediavoz.com)

Gérard de Nerval (Gérard Labrunie) nació el 22 de mayo de 1808 en París, Francia y falleció el 26 de enero de 1855 en París.

Obras:
Odelettes (1834), Voyage en Orient (1851), Les Nuits d’Octobre (1852), Lorely, souvenirs d’Allemagne (1852), Les Illuminés (1852), Petits châteaux de Bohème (1853), Sylvie (1853), Les Filles du Feu (cuentos, 1854), Les Chimères (Las Quimeras, 1854), Promenades et souvenirs (1854), Aurélia, ou le rêve et la vie (1855), Promenades et Souvenirs (1856).

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