Nicolás Zavadivker. La Argentina, según Hobbes

(Publicado en Revista Ñ, 4.1.2014, http://www.revistaenie.clarin.com)

Crisis social. Los saqueos que estremecieron al país reflotan antiguas preguntas filosóficas.

ESTADO DE GUERRA. Un supermercado de la cadena Chango más saqueado en San Miguel de Tucumán.
ESTADO DE GUERRA. Un supermercado de la cadena Chango Más saqueado en San Miguel de Tucumán.

Qué somos capaces de hacer los seres humanos cuando no tememos ser castigados por nuestra conducta? En ausencia de un poder represivo, ¿respetaremos la propiedad ajena o daremos rienda suelta a nuestro desenfreno, sin importar los medios? Estas antiguas preguntas filosóficas cobran una dramática actualidad frente a los recientes saqueos que estremecieron al país y nos sumieron en angustia y miedo.

En el siglo XVII, el filósofo inglés Thomas Hobbes afirmó que el hombre es un ser intensamente egoísta. Ideó para ello el concepto de “estado de naturaleza”, una situación pre-social en la que, librado a su suerte, cada quien busca procurarse todo aquello que desea sin más limitación que su fuerza. Así, a cada quien le pertenece lo que puede tomar, sin importar los medios, y sólo en tanto lo puede conservar. Se trata de un estado de guerra de todos contra todos, presidido por el constante miedo de perecer por muerte violenta, en el que nadie verdaderamente puede ganar ni disfrutar de la vida, por lo que ésta resulta ser “pobre, desagradable, brutal y corta”.

De allí la necesidad de suspender el estado de naturaleza celebrando un contrato social por medio del cual cada individuo renuncia a su derecho a todas las cosas y con él al uso privado de la fuerza, a favor de un Estado que monopoliza su ejercicio. Pero nuevamente es la fuerza (ahora pública) y su potencial uso la garante de que los hombres se limiten a satisfacer moderadamente su egoísmo (por ejemplo absteniéndose de robar), y que eventualmente castiga a aquellos que pretenden evadir sus leyes. La paz social, pues, no es la abdicación de la violencia sino su concentración en manos del Estado. Y la esencia de este es, para Hobbes, la seguridad.

¿En qué medida estas viejas ideas pueden ayudarnos a explicar los actos vandálicos que se produjeron hace unos días? Si Hobbes tiene razón, resulta esperable que la ausencia del poder policial nos sumerja nuevamente en un estado de naturaleza. Así, cada quien busca satisfacer sus deseos de bienes sin limitaciones. Rige pues el imperio de la mera fuerza, y no el del derecho ni el de la moral.

¿Actuó la misma policía en complicidad con los saqueadores para mostrar rápidamente su necesidad hobbesiana y conseguir su objetivo? Si este fuera el caso, eso no relativizaría la voracidad de los generadores del caos; pero revelaría un estado de cosas de un salvajismo superior al imaginado por el filósofo inglés. Es cierto que sólo un sector pequeño de argentinos llevó a cabo los saqueos. Pero no menos cierto es que un grupo más numeroso aceptó velozmente las premisas de la guerra, algunos incluso de forma entusiasta. Cuando el miedo es la pasión dominante, no es dable esperar actitudes sobrias y pacificadoras, sino una multiplicación de la barbarie. Hay que reconocer, no obstante, que la teoría de Hobbes descuida las diferencias de conducta que se presentan en culturas diversas. Así, por ejemplo, hay sociedades cuyas costumbres evolucionaron lo suficiente como para prescindir del control externo en ciertas prácticas, como algunos medios de transporte europeos que no controlan el pago del boleto.

Otras sociedades, como la nuestra, parecen regirse todavía por los dictámenes de Hobbes. En ellas priman los vivos, para quienes las normas morales sólo son cumplidas por los tontos. Para el pícaro, que se sitúa en cualquier punto de la escala social, la moral es una mera hipocresía de la que –llegado el momento– no duda en liberarse como de un incómodo bozal, para dar rienda suelta a su feroz rapiña. El pillaje es la manifestación menos disimulada de esta rapiña, pero cotidianamente ésta encuentra otros vehículos de expresión. El fantasma de Hobbes goza lamentablemente de buena salud. Los acontecimientos recientes revelaron que la visión pesimista del hombre conserva plena vigencia y que el avance de la civilización no logró excluir el peligro latente de la vuelta al estado de naturaleza.

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Nicolás Zavadivker es Doctor en Filosofía y Profesor de Ética en la Universidad Nacional de Tucumán.

Algunas de sus publicaciones están disponibles en:

http://unt-argentina.academia.edu/NicolasZavadivker/Publicaciones

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