Diana Paris. Alfonsina Storni: una mujer con todas las letras

(Publicado en Clarín, entremujeres.clarin.com)

“Bien pudiera ser: este es el siglo de las sorpresas”, dijo. Y soñó un mundo de igualdad, vacío de hipocresías, libre. Feminista de la primera hora, en un nuevo aniversario de su muerte, este es nuestro homenaje a esa maravillosa mujer que escribía para no morir.

Alfonsina Storni

Freud llamó “desesperación” a la conjunción de angustia más dolor, ese plus que lleva al lenguaje a su estado de incomunicable, de inutilidad de la palabra y se torna acto –acto sui­cida en este caso–. En ese estado de desesperación estaba Alfonsina Storni la ma­drugada del 25 de octubre de 1938 cuando se encaminó con un firme propósito a la playa La Perla, en Mar del Plata, tras haber abandonado el tratamiento de su cáncer de mama, agobiada por el dolor. Hace 76 años. Pero este es el final de la historia, tan conocido por el estatus mítico que alcanzó su figura.

Vayamos a los años anteriores en la vida y la obra de la poeta suizo-argentina, nacida en 1892, criada en la provincia de San Juan y luego en Santa Fe. Tercera hija de cinco, infancia de abandono, desamparo afec­tivo y de mucha exigencia por “ser adulta” antes de tiempo. Niña desobediente y transgresora, lavaplatos y mesera de un bar, huérfana de padre a los 14 años, cantante, costurera, maestra, obrera en una fábrica de gorras, cajera en una farmacia, anarquista, escritora, periodista, madre soltera a los 20 años, feminista…

“A los doce años escribo mi primer verso…escribo para no morir”. Pero no solamente la poesía –la forma de su letra más conocida–  desvela a Alfonsina. Sus crónicas, notas y ensayos sobre el rol de la mujer, los derechos civiles, la violencia de género, la crítica a la propia mirada femenina sobre su condición –a veces tan “domesticada” y sumisa que funciona como contradiscurso a la avanzada de la poeta “loba” –son los focos de interés que en este otro mes de aniversario de su muerte queremos destacar.

Mujer desafiante, temeraria, salvaje. Es Alfonsina quien se llama a sí misma “loba” cuando trata de despertar la conciencia de las otras mujeres, las que viven en el corral –y así las asimila a las ovejas mansas que no saben reclamar por sus derechos o mirar más allá de la zona confortable del rebaño- , y entonces escribe:

“Yo soy como la loba. Ando sola y me río /del rebaño. El sustento me lo gano y es mío /donde quiera que sea, yo tengo una mano /que sabe trabajar y un cerebro que es sano.”

Lejos del mandato, lo esperable, el estereotipo fue poco condescendiente para hablar del desacato necesario para alcanzar la libertad, para autovalerse económicamente, para revelarse de la custodia de los hombres, para reconocer sus derechos al divorcio, al voto, a la igualdad de condiciones y zafar del tutelaje masculino.

Desde las páginas de revistas (Caras y Caretas, Nosotros, Para ti, Fray Mocho) y periódicos, la poeta deja las rimas para radiografiar el lugar de la mujer. Su labor periodística –tan apasionada como su lirismo– fue un verdadero trampolín de vanguardia en el feminismo argentino. Con humor unas veces, con cierto tono resentido, otras; con su nombre o con seudónimo (Tao-Lao), con críticas burlonas pero firmes alentó desde las inocentes publicaciones “femeninas” a la toma de posición, a destapar la hipocresía social frente a las infidelidades de  los maridos (aceptadas por la “señora de la casa” a cambio de seguridad), a la diferencia en el trato recibido según la clase a la que se pertenezca, a la inequidad salarial por un mismo oficio, según lo desempeñara un hombre o una mujer.

Dejémosla hablar a ella en este conjunto heterogéneo con su firma:

“No creáis, pobre de mí, que yo sea una enemiga declarada del simpático sexo masculino. Muy por el contrario: lo admiro y lo venero”. “Esta mujer… Suerte de peón con título de esposa, de nodriza con título de madre, de sierva con título de mujer”. “El verdadero feminismo que busca la dignificación de la mujer, que tiende a elevarla por sobre el instinto…”. “Vengo de una reunión secreta: he salido convulsionada… Tengo 25 años. ¡Horror! Desde  mañana heme a la caza de un hombre, pequeño o grande, delgado o grueso, rubio o moreno…el país necesita mi concurso maternal…Dios mío, inspírame”. “Es que acaso sienta, hoy, una gran piedad por la mujer, es que acaso la ame ideológicamente tanto, que me vea obligada a atacarla, para defenderla, para exaltar la mujer futura.”

En los textos desfilan hombres “pequeñitos” que acusan a la mujer y piden que ellas sean castas y puras, esposos por conveniencia, machos y patrones despóticos, hombres niños que no se asumen padres: “Está probado que el sentimiento de la paternidad es cosa ficticia y de costumbre: el hombre solo ama a los hijos que tiene  a su lado, que alimenta, acaricia y observa a diario”(1926), así denuncia  –por propia experiencia– a los varones que no se comprometen con una paternidad responsable.

Precursora de los movimientos más radicalizados que seguirían años después, Alfonsina sentó las bases de una vanguardia que hoy sigue en pie de lucha para terminar con la violencia doméstica y la violencia de género. Ética y estética se conjugan en esos textos menos conocidos de Alfonsina Storni, que ahora sus hijas, hermanas y nietas leemos con ternura y gratitud.

“Sin creer que las mujeres hemos de regenerar al mundo y asombrar a los siglos, opino que su voz hace falta en muchas discusiones y su pensamiento contribuirá a equilibrar la justicia universal.”

* * *

Diana Paris es profesora y licenciada en Letras, editora, psicoanalista, escritora. Su último libro es “Secretos familiares, ¿decretos personales?” (2014).

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