Thomas Bernhard (1985) Alte Meister. Komödie (Maestros antiguos)

Atzbacher es un escritor que ha trabajado durante décadas en la misma obra y no ha publicado ningún indicio de ella. Atzbacher escribe y refiere lo que dice y le dice Reger en sus encuentros. Reger lo ha citado para un sábado.

Reger tiene ochenta y dos años y es un filósofo musicólogo que durante más de treinta años y día por medio va al Kunsthistorisches Museum (Museo de Historia del Arte) de Viena a la misma hora. Allí se sienta en un banco de la Sala Bordone y contempla el cuadro “El hombre de la barba blanca” de Tintoretto, ya que estar en ese lugar y frente a ese cuadro le permiten pensar.

Poseedor de un incalculable conocimiento de Música, Pintura, Filosofía y Literatura, Maestros antiguos presenta el pensamiento de Reger acerca de la cultura, de Austria, de los austríacos y del mundo en general: No mire un cuadro mucho tiempo, no lea un libro demasiado insistentemente, no escuche una pieza musical con la mayor intensidad, se los echará a perder todos y, con ello, lo más bello y lo más útil que hay en el mundo. Lea lo que le guste, pero no penetre en ello totalmente, escuche lo que le guste, pero no lo escuche totalmente, mire lo que le guste, pero no lo mire totalmente. Porque siempre lo he mirado todo totalmente, lo he escuchado siempre todo totalmente, lo he leído siempre todo totalmente o, por lo menos, he intentado siempre escucharlo y leerlo y mirarlo todo totalmente, en fin y final de cuentas me ha horrorizado todo, y con ello me han horrorizado todas las artes plásticas y toda la música y toda la literatura, dijo ayer. Lo mismo que, con ese método, en fin y final de cuentas me ha horrorizado el mundo entero, sencillamente todo.

Referencias a Montaigne, Pascal, Voltaire (“mis escritores queridos son todos franceses, ni uno sólo alemán”), Stifter, Bruckner, Durero, Heidegger y otros (los Maestros antiguos son los maestros de la cultura) son sometidos a la crítica sin términos medios: Si ya no se puede soportar a los wagnerianos, qué decir de los heideggerianos. Pero naturalmente no se puede comparar a Heidegger con Wagner, que al fin y al cabo fue realmente un genio, al que el concepto de genio se aplica realmente mejor que a cualquier otro, mientras que Heidegger fue sólo un pequeño segundón filosófico. Heidegger fue, eso está claro, el filósofo alemán más mimado de este siglo, y al mismo tiempo el más insignificante. A Heidegger peregrinan sobre todo los que confunden la filosofía con el arte culinario, los que consideran la filosofía como algo frito y asado y cocido, lo que corresponde muy bien al gusto alemán.

Pero también Atzbacher expondrá ciertos sucesos que han marcado la vida de Reger, lo cual confiere al libro una dosis de suspenso respecto a dónde conducirá ese desencanto, el cual, al parecer se traslada al propio Atzbacher.

Fiel a su estilo, Bernhard elabora un texto impecable e implacable, imprescindible de leer, que avanza y vuelve sobre lo ya dicho, reiterando, machacando las ideas. Escuchamos la voz de Reger (según Atzbacher) que nos va contando sin prisa y sin pausa (con un solo punto aparte en toda la obra), como alguien que no puede parar de hablar, su vida y sus ideas. Lo que dice Reger de Austria lo encuentro perfectamente aplicable a la Argentina.

Así voy por la ciudad y pienso que no soporto ya esta ciudad y que no sólo no soporto ya esta ciudad, que no soporto ya el mundo entero y, como consecuencia, no soporto ya a la Humanidad entera, porque entretanto el mundo y la Humanidad entera se han vuelto tan espantosos que pronto no podrán ser ya soportados, por lo menos no por una persona como yo. Para un hombre de razón lo mismo que para un hombre de sentimiento como yo, el mundo y la Humanidad no serán ya pronto soportables, sabe, Atzbacher. No encuentro ya nada en este mundo y entre estos hombres que tenga algún valor para mí, dijo, en este mundo todo es estúpido y en esta Humanidad todo es igualmente estúpido. Este mundo y la Humanidad han alcanzado hoy un grado de estupidez tal que una persona como yo no puede permitirse ya, dijo, una persona así no debe convivir ya en un mundo así, una persona como yo no debe coexistir ya con una Humanidad así, dijo Reger. Todo en este mundo y en esta Humanidad está embotado hasta el peldaño más bajo, dijo Reger, todo en este mundo y en esta Humanidad ha alcanzado un grado de peligro público y de baja brutalidad que al fin y al cabo me resulta ya casi imposible, por lo menos una y otra vez, seguir estando ni un sólo día en este mundo y en esta Humanidad. Un grado tal de baja estupidez no lo consideraron posible ni los pensadores más clarividentes de la Historia, dijo Reger, ni Schopenhauer, ni Nietzsche, por no hablar de Montaigne, dijo Reger, y por lo que se refiere a nuestros destacados poetas del mundo y de la Humanidad, lo que predijeron y preescribieron de atrocidad y decadencia del mundo y la Humanidad no es nada comparado con la situación actual. Hasta el propio Dostoievsky, uno de nuestros mayores clarividentes, describió el futuro sólo como un idilio ridículo, lo mismo que Diderot sólo describió un ridículo idilio futuro, el espantoso infierno de Dostoievsky es tan inofensivo en comparación con el infierno en que hoy nos encontramos que a uno le recorren la espalda verdaderos escalofríos, y si pensamos en los infiernos que Diderot predijo y preescribió, lo mismo. El uno, desde su punto de vista ruso y del mundo oriental, no predijo ni preescribió este infierno absoluto, lo mismo que no lo hizo su contrapensador y contraescritor del mundo occidental Diderot, dijo Reger. El mundo y la Humanidad han llegado a una situación infernal a la que el mundo y la Humanidad nunca habían llegado en la Historia, ésa es la verdad, así Reger. Al fin y al cabo resulta francamente idílico lo que han preescrito todos esos grandes pensadores y esos grandes escritores, dijo Reger, todos ellos, aunque pensaban haber descrito el infierno, sólo describieron un idilio que, en comparación con el infierno en que hoy existimos, es al fin y al cabo, francamente, un idilio idílico, así Reger. Todo lo actual está lleno de vileza y lleno de maldad, mentira y traición, dijo Reger, tan desvergonzada y pérfida como hoy no ha sido nunca la Humanidad. Podemos mirar lo que queramos, podemos ir a donde queramos, sólo veremos maldad y bajeza y traición y mentira e hipocresía y siempre nada más que una absoluta abyección, da igual lo que miremos, igual a donde vayamos, nos enfrentaremos con maldad y con mentira e hipocresía. Qué otra cosa vemos más que mentira y maldad, que hipocresía y traición, que la abyección más abyecta cuando vamos aquí por la calle, cuando nos atrevemos a ir por la calle, dijo Reger. Vamos por la calle y vamos a la abyección, dijo, a la abyección y la desvergüenza, a la hipocresía y la maldad. Decimos que no hay país más mentiroso ni más hipócrita ni más malvado que este país, pero cuando salimos de este país o miramos sólo afuera, vemos que también fuera de nuestro país la tónica es sólo la maldad y la hipocresía y la mentira y la abyección. Tenemos el gobierno más repulsivo que cabe imaginar, el más hipócrita, el más malvado, el más innoble y, al mismo tiempo, el más tonto, decimos, y naturalmente es verdad lo que pensamos y al fin y al cabo lo decimos a cada instante, dijo Reger, pero cuando miramos afuera desde este país bajo e hipócrita y malvado y mentiroso y tonto, vemos que los otros países son igualmente mentirosos e hipócritas y, en fin de cuentas, igualmente abyectos, dijo Reger. Pero esos otros países nos importan poco, dijo Reger, sólo nuestro país nos importa algo, y por eso diariamente nos golpea de tal forma en la cabeza el hecho de que, entretanto, desde hace mucho tenemos que existir realmente impotentes en un país en que el gobierno es innoble y estúpido e hipócrita y mentiroso y por añadidura abismalmente tonto. Todos los días, cuando pensamos en ello, nos damos cuenta nada más de que nos gobierna un gobierno hipócrita y mentiroso e innoble, que por añadidura es el gobierno más tonto que cabe imaginar, dijo Reger, y pensamos que no podemos cambiar nada, eso es al fin y al cabo lo más horrible, que no podemos cambiar nada, que tenemos que ver sencillamente impotentes cómo ese gobierno, cada día, se vuelve más mentiroso e hipócrita e innoble y abyecto aún, y más o menos en un estado de consternación permanente tenemos que ver cómo ese gobierno se vuelve cada vez peor y cada vez más insoportable. Pero no sólo el gobierno es mentiroso e hipócrita e innoble y abyecto, también el Parlamento lo es, dijo Reger, y a veces me parece como si el Parlamento fuera todavía mucho más hipócrita y mentiroso que el gobierno y qué mentirosa y qué innoble es en definitiva la justicia en este país y la prensa en este país y en definitiva la cultura en este país y es en definitiva todo en este país; en este país reinan ya desde hace decenios sólo la mentira y la hipocresía y la vileza y la abyección, dijo Reger. Realmente, este país ha llegado ahora al punto absolutamente más bajo, dijo Reger, y pronto habrá renunciado a su sentido y finalidad y a su espíritu. ¡Y por todas partes todos esos repugnantes desatinos sobre la democracia! Va uno por la calle, manifestó, y tiene que taparse continuamente los ojos y los oídos y también la nariz, para poder sobrevivir en este país que, en fin de cuentas, se ha convertido en un Estado que es un peligro público, dijo Reger. Todos los días no da uno crédito a sus ojos ni crédito a sus oídos, dijo, todos los días ve uno, con espanto cada vez mayor, la decadencia de este país destruido y de este Estado corrompido y de este pueblo embrutecido. Y la gente de este país y de este Estado no hace nada por remediarlo, dijo Reger, eso es lo que a alguien como yo lo atormenta diariamente. La gente ve o siente, naturalmente, cómo este Estado se vuelve cada día más bajo y cada día más innoble, pero no hace nada para remediarlo. Los políticos son los asesinos, sí, los genocidas de un país así y de un Estado así, dijo Reger, desde hace años, los políticos asesinan los países y los Estados y nadie se lo impide. Y nosotros los austriacos tenemos los políticos más taimados y al mismo tiempo más aturdidos, como asesinos del país y del Estado, dijo Reger. En la cúspide de nuestro Estado están los políticos como asesinos del Estado, en nuestro Parlamento se sientan los políticos como asesinos del Estado, dijo, ésa es la verdad. Todo canciller y todo ministro es un asesino del Estado y con ello también un asesino del país, dijo Reger, y si se va uno viene otro, dijo Reger, si se va un asesino como canciller, viene ya otro canciller como asesino, si se va un ministro como asesino del Estado, viene ya otro. El pueblo es siempre sólo un pueblo asesinado por los políticos, dijo Reger, pero el pueblo no lo ve, siente sin duda que es así, pero no lo ve, ésa es la tragedia, así Reger. Si nos alegramos de que un asesino del Estado como canciller se haya ido, ya está el otro ahí, dijo Reger, es horrible. Los políticos son asesinos del Estado y asesinos del país, dijo Reger y, mientras están en el poder, asesinan sin reparo, y la justicia del Estado apoya sus asesinatos innobles y abyectos, sus innobles y abyectos abusos. Pero cada pueblo y cada sociedad merece naturalmente el Estado que tiene y merece también por lo tanto sus asesinos como políticos, dijo Reger. Qué seres más innobles y estúpidos, que abusan del Estado, y más innobles y pérfidos, que abusan de la democracia, exclamó. Los políticos dominan absolutamente la escena austríaca, dijo Reger entonces, los asesinos del Estado dominan absolutamente la escena austríaca. Las condiciones políticas en este país son en este momento tan deprimentes que no permitirían más que noches de insomnio, pero también todas las restantes condiciones austríacas son hoy igualmente deprimentes. Si entra uno alguna vez en contacto con la justicia, ve que se trata sólo de una justicia corrompida e innoble y abyecta, prescindiendo de que, en los últimos años, los llamados errores judiciales se acumulan en espantosa medida, no pasa semana sin que vuelva a abrirse algún proceso hace tiempo terminado, por graves defectos de procedimiento y la llamada primera sentencia sea revocada, un porcentaje muy alto de las sentencias, que caracteriza a esa justicia pérfida, dictadas por la justicia austríaca en los últimos años corresponde a los así llamados errores judiciales políticos, así Reger. Hoy en Austria tenemos que habérnoslas no sólo con un Estado totalmente degenerado y demoníaco, sino también con una justicia totalmente degenerada y demoníaca, así Reger. La justicia austríaca no es ya desde hace muchos años digna de fe, actúa de una forma vituperablemente política, no independiente, como debería actuar. Hablar de una justicia independiente en Austria no es otra cosa que reírse de la verdad a la cara, dijo Reger. La justicia en Austria es hoy una justicia política, no independiente. La justicia austríaca de hoy se ha convertido realmente en una justicia política que es un peligro público, así Reger, sé lo que me digo, dijo. La justicia hace hoy causa común con la política, dijo Reger, sólo tiene que ocuparse uno más de cerca de esa justicia católico-nacionalsocialista y estudiarla con la cabeza clara, así Reger. Austria es hoy, no sólo en Europa sino en el mundo entero, el país de más, así llamados, errores judiciales, eso es lo catastrófico. Si uno entra en contacto con la justicia, y al fin y al cabo yo mismo, como usted sabe, he entrado ya en contacto con la justicia muy a menudo, comprueba que la justicia austríaca es un peligroso molino de hombres católico-nacionalsocialista, que no se mueve impulsado por lo que es justo, como habría que esperar, sino por lo injusto, y en el que reinan las circunstancias más caóticas, no hay justicia más caótica en Europa que la austríaca, ninguna más corrompida, ninguna que sea mayor peligro público y más pérfida, dijo Reger, no son los azares de la tontería sino las intenciones de la vileza política las que hoy reinan en la justicia austriaca católico-nacionalsocialista, así Reger. Cuando comparece uno en Austria ante un tribunal, se ve entregado a una justicia católico-nacionalsocialista totalmente caótica, que pone cabeza abajo la verdad y la realidad, así Reger. La justicia austríaca no es sólo una arbitrariedad, sino una pérfida máquina trituradora de hombres, así Reger, en la que lo justo es triturado por las absurdas piedras de molino de lo injusto. Y sólo en lo que a la cultura de este país se refiere, dijo Reger, el estómago no puede hacer más que revolverse. En lo que se refiere al llamado Arte Antiguo, está rancio y desvaído y liquidado, y desde hace tiempo no merece ya en absoluto que le prestemos nuestra atención, eso lo sabe usted tan bien como yo, pero en lo que se refiere al llamado arte contemporáneo, no vale un pitoche, como suele decirse. El arte austríaco contemporáneo es tan malo que ni siquiera merece nuestra vergüenza, dijo Reger. Desde hace decenios los artistas austriacos no producen más que basura cursi que realmente, si dependiera de mí, iría a parar al basurero. Los pintores pintan basura, los compositores componen basura, los escritores escriben basura, dijo. La mayor basura la fabrican los escultores austriacos, dijo Reger. Los escultores austriacos fabrican la mayor basura y cosechan por ello el mayor reconocimiento, así Reger, eso es lo característico de esta época estúpida. Los compositores austriacos actuales son, en fin de cuentas, unos idióticos pequeñoburgueses fabricantes de notas, cuya basura de sala de conciertos apesta al cielo. Y los escritores austriacos en conjunto no tienen absolutamente nada que decir y ni siquiera saben escribir lo que no tienen que decir. Ninguno de esos escritores austriacos de hoy sabe escribir, todos se sacan de la manga una literatura de epígonos repulsivosentimental, dijo Reger, y escriben, escriban donde escriban, únicamente basura, escriben basura estiria y salzburguesa y carintia y burguenlandesa y bajoaustriaca y altoaustriaca y tirolesa y voralberguiana, y amontonan esa basura desvergonzadamente y con avidez de gloria entre las tapas de sus libros, así Reger.

* * *

Thomas Bernhard nació el 9 de febrero de 1931 en Heerlen, Holanda y falleció el 12 de febrero de 1989 en Gmunden, Austria. Era hijo ilegítimo de Herta Fabjan (Bernhard Herta, 1904-1950) y el carpintero Alois Zuckerstätter (1905-1940). Al año siguiente, su madre regresó a Austria, donde Bernhard pasó gran parte de su infancia con sus abuelos maternos en Viena y en Seekirchen am Wallersee, al norte de Salzburgo. El posterior matrimonio de su madre en 1936 ocasionó que se trasladen a Traunstein, en Baviera. El padre natural de Bernhard murió en Berlín a causa de envenenamiento por gas. Thomas no lo conoció.

Obras:

Hambre grande, inconcebible (relato) (1954)
El porquero (relato) (1956)
Así en la Tierra como en el Infierno (poesía) (1957)
La montaña (teatro) (1957)
Köpfe (libreto de ópera de cámara con música de Gerhard Lampersberg) (1957)
Die Rosen der Einöde (libreto para cinco piezas, música de Lampersberg) (1957)
In hora mortis (poesía) (1958)
Bajo el hierro de la luna (poesía) (1958)
Acontecimientos (microrrelatos) (1959)
En las alturas (capítulo de novela inacabada) (1959)
Ave Virgilio (poesía) (1959-60)
Los locos. Los reclusos (poesía) (1962)
Amras (novela corta) (1963)
Helada (novela) (1963)
El italiano. Fragmento (guion para un film de Ferry Radax) (1963)
El crimen del hijo de un comerciante de Innsbruck (relato) (1965)
Un joven escritor (relato) (1965)
Víctor Seminecio (relato) (1966)
Trastorno (novela) (1966)
La gorra (relato) (1967)
En la linde de los árboles (relato) (1967)
Ungenach (novela corta) (1968)
La calera (novela) (1970)
Una fiesta para Boris (teatro) (1970)
Andar (relato) (1971)
Midland en Stilfs (relato) (1971)
El ignorante y el demente (teatro) (1972)
La fuerza de la costumbre (teatro) (1973)
La partida de caza (teatro) (1973)
Corrección (novela) (1975)
El presidente (teatro) (1975)
El origen (autobiografía I) (1975)
Los famosos (teatro) (1975)
El sótano (autobiografía II) (1976)
Minetti (teatro) (1976)
Immanuel Kant (teatro) (1978)
El aliento (autobiografía III) (1978)
 (novela) (1978)
7 dramolette: Un muerto, El mes de María, Partido, Absolución, Helados, Comida alemana yTodo o nada (teatro) (1978-81)
Ante la jubilación (teatro) (1979)
El reformador del mundo (teatro) (1979)
Los comebarato (novela) (1980)
La paz reina en las cumbres (teatro) (1981)
En la meta (teatro) (1981)
El frío (autobiografía IV) (1981)
Goethe se mmmuere (relato) (1982)
Un niño (autobiografía V) (1982)
Hormigón (novela) (1982)
El sobrino de Wittgenstein (1982)
El malogrado (novela) (1983)
Las apariencias engañan (teatro) (1983)
El hombre de teatro (teatro) (1984)
Tala (novela) (1984)
Ritter, Dene, Voss (teatro) (1984)
Maestros antiguos (novela) (1985)
Simplemente complicado (teatro) (1986)
Extinción (novela) (1986)
3 dramolette: Claus Peymann deja Bochum y se va a Viena de director del Burgtheater, Claus Peymann se compra unos pantalones y luego nos vamos a comer, Claus Peymann y Hermann Beil en la Sulzwiese (teatro) (1986-87)
Elisabeth II (teatro) (1987)
La plaza de los héroes (teatro) (1988)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s