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Samanta Schweblin (2015) Siete casas vacías

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Madre al volante e hija (la narradora) andan por uno de los barrios residenciales que más les gusta: “miramos casas”. El auto se introduce accidentalmente en el jardín de una de las hermosas y amplias casas del lugar. Madre se siente mal (“Nada de todo esto”).

Él, su ex mujer, sus dos hijos, la nueva pareja de ella. Y los padres de él que corren desnudos por el jardín trasero de la casa (“Mis padres y mis hijos”).

La mujer del señor Weimer tira la ropa del hijo muerto en el jardín de la que narra (“Para siempre en esta casa”).

Lola y su marido, muchos años de casados. Lola confecciona listas para recordar y arma cajas, no puede permanecer más de cinco minutos de pie porque tiene problemas en la columna y a veces no ingresa aire en sus pulmones. Tuvieron un hijo que “no había llegado a pasar la altura de las alacenas” (“La respiración cavernaria”).

¿Cuál es el espacio que ocupa en el mundo la esposa de Mariano? (“Cuarenta centímetros cuadrados”).

En el día de su octavo cumpleaños, Abi, su hermana menor se toma una taza entera de lavandina. Todos van de urgencia al hospital (“Un hombre sin suerte”).

Ella está sentada frente a su marido, en el comedor, tras un largo silencio. Él la observa y espera que ella le diga lo que hay que decir (“Salir”).

Estos son los planteos que expone Samanta Schweblin para armar Siete casas vacías, un libro extraordinario. Lo es por lo imprevisible de sus historias, porque siembra indicios que pueden pasar inadvertidos ya que los argumentos continúan hacia otros pasadizos, pero que más tarde adquirirán una nueva forma, deslumbrante. Si bien uno puede tomar en cuenta esos datos, como las cosas se complejizan, ya no sabemos por qué lugar la autora nos sorprenderá. Así todo se tornará más sombrío, dramático, cruel e imprevisible.

Es una obra magnífica porque, además, está escrita con las palabras estrictamente necesarias, como ocurre en una buena película, cuando las imágenes no pueden mostrar lo que es preciso mostrar y se recurre al lenguaje hablado.

En cada uno de los siete cuentos los planteos son inquietantes y el suspenso crece párrafo a párrafo. Si es que hay un común denominador en realidad serán varios: la soledad, el vacío (“Siete casas vacías”), el silencio, la locura, la incomunicación, la ausencia. Y en el escenario de la familia, en lo doméstico.

Por sobre todos y por gusto personal, destaco “La respiración cavernaria”, el más extenso de los cuentos: un relato magnífico donde TODO puede suceder.

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Una anotación curiosa es que en el pie de imprenta dice que “se terminó de imprimir el 12 de mayo de 2015, 93 años después del nacimiento del escritor argentino Marco Denevi”.

El 9 de abril de 2015 este libro fue galardonado con el IV Premio Internacional Narrativa Breve “Ribera del Duero”, por un jurado integrado por Enrique Pascual, Rodrigo Fresán, Pilar Adón, Jon Bilbao, Andrés Neuman, Guadalupe Nettel, Juan Casamayor y Alfonso J. Sánchez.

(Samanta Schweblin, Siete casas vacías, Madrid, Editorial Páginas de Espuma, Colección Voces / Literatura Nº 213, impreso en Buenos Aires, 1ª edición, mayo 2015, 128 pp.)

* * *

Samanta Schweblin nació en Buenos Aires en 1978.

Obra:

El núcleo del disturbio (cuentos, 2002)
Pájaros en la boca (cuentos, 2009)
Distancia de rescate (novela, 2014)

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