J.G. Ballard (1975) High-Rise (Rascacielos)

El rascacielos fue el primero en terminarse y ocuparse de un grupo de cinco, idénticos. El más próximo está a cuatrocientos metros de distancia. Entre los cinco cubren 1000 metros cuadrados de superficie. Están ubicados en una zona abandonada de muelles y depósitos a lo largo de la ribera Norte del río, y frente a ellos se ha construido un lago artificial ovalado, aún vacío, de doscientos metros de largo.

Enfrente, sobre la costa sur del río hay una sala de conciertos, la escuela médica y estudios de televisión.

El conjunto está ubicado a dos millas de la ciudad.

El rascacielos tiene cuarenta pisos, veinte ascensores, mil departamentos y dos mil habitantes.

En el piso 10 hay una galería comercial, un supermercado, un banco, una peluquería, una piscina, un gimnasio, un bar y una escuela.

En el piso 35 hay una piscina, un sauna y un restaurante.

La mayoría de los que viven en los pisos superiores tienen perros, en cambio la mayoría de los pisos inferiores tienen hijos. Todos los habitantes ven televisión sin sonido, algo que decidieron de común acuerdo.

El piso 10 separa al “proletariado” de la sección intermedia (el estado neutral). El piso 35 separa a la sección intermedia de la clase alta.

En el “proletariado” hay un sociólogo, un funcionario de aeropuerto, una cardióloga, dos maestras, una masajista y su madre, una asistente de cámara, tres azafatas, un piloto comercial y su esposa, entre otros.

Y Richard Wilder, un ex rugbier robusto y belicoso, su esposa Helen y sus dos hijos.

En la sección intermedia viven personas que tiene profesiones dóciles como el doctor Steele cirujano dental y su esposa experta en moda, Charlotte Melville una viuda experta en publicidad y su hijo de 6 años, una experta en belleza, un contador, un ingeniero de estadísticas, un ejecutivo, un psiquiatra, un meteorólogo, un lexicógrafo, radiólogas, dos analistas de mercado y un ingeniero químico.

Y el doctor Robert Laing, de unos 30 años, que da clases en la Escuela de Medicina en el Departamento de Fisiología. Vive allí hace seis meses, desde que se divorció y se mudó precisamente a ese lugar para evitar todo tipo de relación. Su hermana Alice vive tres pisos más abajo que él con su esposo alcohólico Charles Frobisher.

En los últimos cinco pisos vive la clase alta, el doctor Pangbourne ginecólogo, Jane Sheridan una actriz de televisión, un joyero y su esposa, un marchand, un fotógrafo y su esposa, un peluquero famoso, una abogada, un periodista, etc.

Y Anthony Royal, cincuentón, con su mujer Anne, veinticinco años menor. Anthony es el arquitecto que diseñó el rascacielos y para desplazarse se ayuda con un bastón de cromo luego de haber sufrido un accidente de auto. Siempre viste chaquetilla y tiene cicatrices en la frente.

“Los personajes dominantes del rascacielos, reflexionaba Laing, los que mejor se habían adaptado a esa vida, no eran los bulliciosos pilotos comerciales y técnicos de cine de los pisos inferiores, ni las malhumoradas y agresivas esposas de los encumbrados asesores de impuestos de los niveles más altos. Aunque a primera vista eran ellos quienes provocaban tensiones y hostilidades, los verdaderos responsables había que buscarlos entre los propietarios apacibles y mesurados, como el cirujano dental y su esposa. El edificio de apartamentos estaba creando un nuevo tipo social, una personalidad fría y cerebral impermeable a las presiones psicológicas de la vida en un rascacielos, con necesidades mínimas de intimidad, y que proliferaba como una avanzada especie mecánica en esa atmósfera neutra. Era el tipo de gente que se contentaba con no hacer otra cosa que estar sentada en el costoso apartamento, mirar la televisión con el sonido apagado, y esperar a que los vecinos cometieran algún error.

Quizá los episodios recientes habían sido una última tentativa de rebelión, encabezada por Wilder y los pilotos contra esta lógica ineluctable. Por desgracia, no tenían muchas posibilidades de triunfo, precisamente porque sus enemigos eran personas que no tenían nada que objetar a este impersonal paisaje de acero y cemento, que no se quejaban de que las agencias del gobierno y las máquinas ordenadoras hicieran imposible la vida privada. En todo caso recibían con gusto estas intrusiones invisibles, utilizándolas para sus propios propósitos. Eran sin duda los primeros en dominar uno de los nuevos modos de vida de la segunda mitad del siglo veinte. Parecían prosperar mediante un rápido cambio de amistades, una continua falta de lealtad hacia los demás y unas vidas que se bastaban por completo a sí mismas y nunca eran decepcionantes porque no necesitaban nada.

Las verdaderas necesidades, en cambio, quizás apareciesen más tarde. Cuanto más árida y desprovista de afectos fuera la vida en el rascacielos, más posibilidades había. La eficiencia misma del rascacielos se encargaba de mantener la estructura social que los sustentaba. Por primera vez eliminaba la necesidad de reprimir cualquier tipo de conducta extravagante, y les permitía dedicarse a investigar los impulsos más anómalos y perversos. Era precisamente en estas zonas donde se manifestarían los aspectos más importantes e interesantes de la vida de esta gente. A salvo dentro del caparazón del rascacielos, como pasajeros a bordo de un avión con piloto automático, tenían la libertad de comportarse como se les antojara, de explorar los rincones más tenebrosos que pudieran descubrir. En muchos sentidos, el edificio de apartamentos era un modelo de todo lo que la tecnología había desarrollado, haciendo posible de este modo la expresión de una psicopatología auténticamente «libre».”

¿Qué sucede en el rascacielos? Fiestas que se prolongan hasta el día siguiente, pero sobre todo la amenaza de violencia de unos contra otros de sus habitantes. Comienzan a haber ataques perros, a personas solas, la basura empieza a poblar los pasillos y escaleras, hay cortes de agua y luz, y ascensores arruinados.

¿Qué sucede en el rascacielos? Paulatinamente se establece un nuevo orden social.

Porque de lo que habla Ballard es de un tema recurrente en sus obras: la alienación humana, porque la interacción del ser humano con la tecnología que él mismo ha creado lo ha transformado en otra cosa.

“Esta tarde me arrojaron un cubo de orina. Si siguen provocándome yo también me armaré de una cachiporra. No es cierto que vayamos todos hacia un estado de primitivismo feliz. Aquí el modelo no es tanto el buen salvaje como el yo postfreudiano sin inocencia, dañado por una excesiva indulgencia en el entrenamiento de las funciones del cuerpo, un destete tardío, y padres afectuosos… Sin duda una mezcla más peligrosa que aquellas que nuestros antepasados victorianos tuvieron que soportar. Todos los de aquí han tenido infancias felices, sin excepción, y sin embargo están furiosos. Quizá no les dieron la oportunidad de ser perversos…”

Rascacielos fue una novela de ciencia ficción premonitoria, como tantas en el género. Narra una catástrofe, tal como El mundo sumergido o La sequía del mismo Ballard. Fue publicada en 1975, hace nada menos que 41 años, en el siglo pasado. Hoy es una novela realista.

El 18 de marzo se estrenará la versión cinematográfica británica dirigida por Ben Wheatley y protagonizada por Tom Hiddleston, Jeremy Irons, Sienna Miller, Luke Evans, Elisabeth Moss y James Purefoy.

Rascacielos, título del original inglés High-Rise, traducción de Manuel Figueroa, Barcelona, Ediciones Minotauro, 2003, 256 págs.

James Graham Ballard nació el 18 de noviembre de 1930 en Shangai, China de padres ingleses y falleció el 19 de abril de 2009. Es uno de los más importantes escritores de ciencia ficción (dura) de todas las épocas.

Novelas: El viento de la nada (1962), El mundo sumergido (1963), La sequía (1964), El mundo de cristal (1966), La exhibición de atrocidades (1970), Crash (1973), La isla de cemento (1974), Rascacielos (1975), Compañía de sueños ilimitada (1979), Hola, América (1981), El imperio del sol (1984), El día de la creación (1987), Furia feroz (1988), La bondad de las mujeres (1991), Noches de cocaína (1994), Fuga al paraíso (1996), Super-Cannes (2000), Millennium People (2003), Bienvenidos a Metro-Centre (2006)

Libros de cuentos: Bilenio (1962), Las voces del tiempo (1962), Pasaporte a la eternidad(1963), Playa terminal (1964), El hombre imposible (1966), Zona de catástrofe (1967), The Overloaded Man (1967), Cronópolis (1971), Vermilion Sands (1973), Aparato de vuelo rasante (1976), Mitos del futuro próximo (1982), El día eterno (1985), Memories Of The Space Age (1988), Fiebre de guerra (1990), The Complete Short Stories of J. G. Ballard (2001)

Otras obras: Guía del usuario para el nuevo milenio (1996) (recopilación de artículos y comentarios), JG Ballard: Quotes (2004), JG Ballard: Interviews (2005), Milagros de vida: Una autobiografía (2008).

El sitio oficial es http://www.jgballard.com/

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