Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte / Le prénom (2012) El nombre

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Le prénom (coproducción de Francia y Bélgica, 2012) fue escrita por Alexandre de La Patellière (1971) y está basada en la obra de teatro de Matthieu Delaporte, quien hizo también la adaptación cinematográfica. Ambos tuvieron a su cargo la dirección. En el caso de de La Patellière es su debut detrás de cámaras y para Delaporte es su segundo film luego de La jungle (2006).

Hay varios invitados a cenar esta noche en casa de Élizabeth (Valérie Benguigui) y Pierre (Charles Berling). Ella es profesora de Literatura y él es profesor universitario de Letras y autor de libros no muy trascendentes, aunque está creído de su importancia.

Llegan Vicent (Patrick Bruel), hermano de Élizabeth, un cuarentón económicamente exitoso que va a ser padre por primera vez con Anna (Judith El Zein).

También está Claude (Guillaume de Tonquedec), trombonista en una orquesta sinfónica y amigo de la infancia de Élizabeth.

Un hecho casi sin importancia como conocer el nombre que tendrá el hijo de Vincent pondrá en marcha esta comedia que por momentos adquiere tonos serios y que refleja la hipocresía en el seno de una familia, a la hora de prejuzgar conductas.

Nada más es posible adelantar, sólo recomendar esta película inteligente, graciosa y por momentos también seria. Las actuaciones son, como en casi todo el cine francés, excelentes.

(En Buenos Aires esta obra está siendo representada en el Multiteatro, bajo la dirección de Arturo Puig.)

Lune / Leave The World Behind (Dejá el mundo atrás)

Leave the World Behind es una canción de 2009 del grupo Swedish House MafiaAxwell, Sebastian Ingrosso y Steve Angello, el holandés Laidback Luke y la vocalista canadiense Deborah Cox. En 2013, este tema es relanzado en una versión menos “trance” y con voces a cargo de Lune para una campaña de la empresa de automóviles Volvo en Suecia.

Fuente: www.clubbingspain.com

Mariela Solesio / El 28,3% de los adolescentes, en situación de “rezago educativo”

(Publicado en Perfil, 19.5.2013, www.perfil.com)

Un informe elaborado por la UCA advierte sobre las fallas de la inclusión en la escuela secundaria, a pesar de la inversión educativa. Asignatura pendiente: la jornada completa.

Un informe del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia –UCA– advierte que el 8,4% de los adolescentes de zonas urbanas no asisten a la escuela y que el 19,9% lo hace con sobre-edad, es decir que el 28,3% de los adolescentes están en situación de “rezago educativo”.

El informe se apoya en los datos generados a partir de una muestra de 5.334 niños y adolescentes pertenecientes a 2.653 hogares de una muestra total de 5.636 hogares, realizada en el año 2012, representativa de 19 conglomerados urbanos.

Si bien, según el estudio, en el nivel inicial (sala de 5 años) y en la escuela primaria la tasa de escolaridad es casi plena, en la secundaria existe un déficit importante, a pesar de que en 2006 se sancionó la Ley de Educación Nacional, que resolvió su obligatoriedad.

Estos números son todavía superiores si incluimos el resto de las zonas, alejadas de los centros urbanos.

Según el censo nacional de 2010, del total de jóvenes entre 15 y 17 años, el 18,4% no va a la escuela. 

Sobre una población secundaria de alrededor tres millones y medio de alumnos, tendríamos que casi 650 mil jóvenes se encuentran fuera del sistema educativo formal. 

Si bien es cierto que el Gobierno nacional ha puesto un fuerte acento en sus discursos sobre políticas de inclusión y ha legislado en materia educativa, también lo es que la tasa de escolaridad ha registrado la menor disminución de los últimos cuatro censos nacionales.

Entre 1981 y 1991, la inasistencia de adolescentes a la escuela secundaria se redujo 24,4 puntos porcentuales; entre 1991 y 2001, lo hizo en 16,8 puntos y entre 2001 y 2010 (último censo nacional) sólo 2,2 puntos.

Los déficits. Como parte de las metas de inclusión, el Gobierno estableció, a través de la Ley de Financiamiento Educativo, que entre 2005 y 2010 se debía lograr que el 30% de los estudiantes escolarizados concurrieran a escuelas de jornada extendida o completa, priorizando a los sectores más bajos. 

Sin embargo, “para el año 2012, la jornada extendida no alcanza los dos dígitos en ninguno de los niveles educativos”, según los resultados del monitoreo que realizó el Barómetro de la Deuda Social, que señala que nueve de cada diez chicos escolarizados de zonas urbanas asiste a escuelas de jornada simple.

En 2012, sólo el 7,7%, de la población estudiantil primaria, y el 9,8% de secundaria, concurren a escuelas de jornada extendida. Dentro de estos pequeños porcentajes, la oferta se concentra casi exclusivamente en escuelas de gestión privada y el acceso, entre la población media y alta, a contramano de la Ley de Educación que plantea la jornada extendida especialmente para los sectores más vulnerables.

Según el estudio, más del 60% de los niños entre 5 y 12 años no suele realizar actividades deportivas o actividad física programada en espacios extraescolares, y más del 80% no realiza actividades artísticas.

Estas cifras se elevan en los chicos de estrato social más bajo (25% inferior), donde el 71,5% no realiza actividades deportivas extraescolares frente al 49,6% en el estrato medio. 

“Hoy, en la mayoría de las chicos, las únicas vías de socialización son la escuela y la familia. No tienen muchas oportunidades de ubicarse en roles diferentes; esto limita la posibilidad del armado de una red, de generar un capital social”, señaló a este diario Ianina Tuñón, coordinadora del estudio.

Por eso, se entiende que la doble jornada sea un elemento de inclusión trascendental a la hora de brindar oportunidades a los jóvenes de bajos recursos en cuanto al acceso a actividades artísticas, deportivas, científicas y aprendizaje de idiomas, entre otras áreas formativas importantes para el desarrollo humano y social de los niños y adolescentes.Es también una herramienta que ha probado ser eficaz para generar un ambiente más seguro y que estimula el aprendizaje.

“Se supone que podría ser muy útil para fortalecer los procesos de acompañamiento del trayecto educativo de los chicos con apoyo escolar, pero también porque un mayor tiempo en la escuela posibilitaría el desarrollo de actividades que los chicos de los sectores medios desarrollan de modo extraescolar”, agregó Tuñón.

Según el estudio, las desigualdades son más significativas en la adolescencia, donde se registra el doble de diferencia entre los sectores del estrato social muy bajo y sus pares del estrato medio-alto en cuanto a la no realización de actividades deportivas programadas.

Silvia Stang / La pobreza afecta al 39% de los chicos y adolescentes

(Publicado en La Nación, 21.5.2013, www.lanacion.com.ar)

Son casi 5 millones, según un informe de la UCA; 800.000 son indigentes

En la Argentina, las carencias materiales marcan la vida de casi cuatro de cada diez chicos y adolescentes. Calculada con datos que se relevaron a fines de 2012, la pobreza afecta al 38,8% de los que tienen menos de 18 años, según un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). Si se proyecta esa tasa a todo el país -según la información del censo nacional de 2010-, es posible estimar que unos 4,8 millones de chicos viven en hogares sin ingresos suficientes para comprar los bienes y servicios necesarios para la vida cotidiana. Y de ellos, 800.000 (el 9,5%) están en la indigencia, porque sus familias no pueden cubrir siquiera la alimentación básica.

El relevamiento, que abarcó a 5700 hogares de los centros urbanos con al menos 50.000 habitantes, detectó un avance de la pobreza respecto de 2011, cuando había sido de 37,2%. El informe señala que las tasas serían aún mayores de no ser por la Asignación Universal por Hijo (AUH).

El avance de la tasa de pobreza entre los menores ocurrió por efecto de la inflación y de la caída de la actividad económica, que afectó con especial fuerza a sectores de la sociedad que en buena medida dependen de trabajos informales y sin continuidad. La crisis en ese segmento es un hecho del cual da indicios, por ejemplo, la suba de la tasa de subempleo (trabajo de jornada semanal inferior a las 35 horas) que se inició en 2012 y continúa este año.

El informe señala que si el Estado no pagara la AUH ni la pensión prevista para madres de siete o más hijos, la pobreza y la indigencia entre los menores llegarían a 42,9 y a 15,9%, respectivamente. Y si no se hubiera creado la asignación por hijo, pero se hubieran mantenido otros programas previos, las tasas serían de 40,4 y de 14,9 por ciento.

Sin embargo, más allá de ese efecto de la AUH, los analistas en cuestiones sociales advierten que los programas de transferencias de ingresos no son la salida para la problemática social. Son planes necesarios para dar respuestas de corto plazo, pero que no abarcan las cuestiones estructurales que condicionan el desarrollo de las personas, y conllevan el riesgo de que se genere una dependencia transmisible entre generaciones, sobre todo si no son acompañados por otras medidas.

El informe señala que el pago de planes sociales representa, en promedio, el 26,9% de los ingresos en hogares indigentes y el 16,2% en el caso de familias pobres. Y advierte que el hecho de que se den mejoras sociales gracias a esas transferencias refleja la existencia de un déficit grande en materia de autonomía económica de los hogares. “Las mejoras alcanzadas en el nivel de vida y bienestar de los hogares con niños y adolescentes menores de 18 años a través de la asistencia pública, aunque por demás imprescindibles, están lejos de ser una plataforma para la inclusión social”, se destaca.

“El problema de la pobreza y la desigualdad estructural no se resuelve con transferencias, sino que debería proveerse a la población de un mejor hábitat urbano, una mejor educación y de doble jornada y trabajos más estables”, dijo a LA NACION Agustín Salvia, investigador jefe del observatorio de la UCA. Agregó que para contribuir a ese último objetivo podría haber un plan para la creación de empleos productivos de cercanía, que incluyan la capacitación y que ofrezcan beneficios concretos a la comunidad, como el cuidado de chicos en guarderías.

Según Salvia, la asignación brinda una seguridad alimentaria mínima para las familias, pero de ninguna manera puede ser pensada como una vía para la salida de la pobreza.

Para Daniel Arroyo, ex secretario de Políticas Sociales de la Nación, la AUH ofrece como hechos beneficiosos el incentivo al consumo en comercios cercanos y la equiparación del mercado de trabajo formal con el informal (en cuanto a ese derecho social). “Pero lo que está faltando es un plan de políticas complementarias que incluyan a la gente en el mercado de trabajo”, consideró. Según dijo, sería necesario apuntar a tres áreas: el desarrollo de la infraestructura, el empleo y la problemática de los jóvenes, entre quienes hay una alta tasa de inactividad.

La situación de vulnerabilidad social afecta, en términos relativos, mucho más a la población infantil que a la adulta, en gran medida a causa de la composición de los hogares que están en la pobreza.

La medición de la UCA arroja que 26,9% de todos los habitantes de la Argentina son pobres, según se conoció días atrás, en tanto que la indigencia afecta la vida de 5,8% de las personas. Las tasas, claro, distan mucho de las informadas por el Indec, que con una importante subestimación de los precios de los artículos de la canasta básica logra que su matemática arroje un resultado extraño enfrentado a la vida real. Para el Gobierno, la pobreza y la indigencia son realidades que afectan apenas al 5,4 y al 1,4% de los habitantes de la Argentina.

EL EMPLEO EN PROBLEMAS

En sentido contrario al de la tendencia de esos índices oficiales -para los que nada detuvo la caída, por lo menos hasta el segundo semestre de 2012-, los resultados del relevamiento de la UCA reflejan un incremento del número de pobres. Una razón fue el comportamiento que tuvo el mercado laboral: primero se estancó la creación de empleo y luego se destruyeron puestos en la actividad privada, lo que provocó la caída de los ingresos en muchos hogares -en especial, en los que dependen de tareas de la economía informal-. A eso se sumó al deterioro del valor de los ingresos por efecto de la creciente inflación. Esa pérdida de dinámica del empleo tuvo como causas, a su vez, la caída del nivel de inversión y de actividad. Y la baja siguió este año, según marca el informe de situación laboral difundido ayer por el Indec, que da cuenta de una suba del desempleo, de 7,1 a 7,9% en un año (ver página 10).

En la población que está en el núcleo duro de la pobreza, hay muchos que dependen de trabajos cuentapropistas, muchas veces de las llamadas “changas” que aparecen en forma intermitente. “Estos hogares quedan muy vulnerables” frente a contextos de inflación y menor actividad, afirmó Salvia.

En ese contexto, la AUH no logró evitar el crecimiento de la cantidad de niños en situación de pobreza, ni aun cuando en septiembre pasado el monto de la ayuda se elevó de 270 a 340 pesos mensuales. En rigor, mes tras mes se cobra el 80% de esa cifra y el resto se otorga una vez al año contra la certificación de la asistencia a la escuela de los niños y el cumplimiento de requisitos en materia de sanidad.

Un aspecto importante por tener en cuenta es que estos índices que marcan la problemática social sólo se refieren a la insuficiencia de ingresos en el hogar en el que se vive para acceder a determinados bienes y servicios. Queda al margen la observación de las condiciones en que viven las personas o en que crecen los niños, como la calidad y las prestaciones de sus viviendas, la posible contaminación del entorno o el nivel de acceso a servicios de educación y de sanidad que resulten adecuados.

INGRESOS QUE NO SON SUFICIENTES

El índice de pobreza se mide teniendo en cuenta los ingresos de los hogares y el costo de una canasta de bienes y servicios que varía según la edad y el sexo de las personas. En las familias donde el dinero resulta insuficiente, sus integrantes son considerados pobres.

De acuerdo con el relevamiento del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, el ingreso promedio por niño en los hogares indigentes es de $ 256,7 mensuales; en los hogares pobres es de $ 546.

Los planes sociales con transferencias del Estado mejoran el nivel de ingresos, sin ser una solución de fondo para la problemática social. Para las familias indigentes es un 26,9% del ingreso; para las pobres, representa el 16,2% del dinero obtenido.

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Pablo Kohan / Richard Wagner. Luces y sombras de un genio

(Publicado en La Nación, 22.5.2013, www.lanacion.com.ar)

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La ópera Tristán e Isolda, en magnífica producción del Teatro Argentino de La Plata. Foto: Daniel Formeri

Hoy se cumplen doscientos años de su nacimiento

Genial, abyecto, sobresaliente, racista, milagroso, megalómano, insigne, desleal, trascendente, codicioso. Y la lista de calificativos, con sus dos vertientes de contradicciones ostensibles e insalvables puede continuar ad infinitum. Al único compositor al cual se le pueden endilgar todos estos adjetivos es a Wagner y la razón del contraste está según se consideren sus extraordinarias capacidades musicales o sus, cuanto menos cuestionables, cualidades humanas. Se puede rebuscar con meticulosidad a lo largo y ancho de la historia y no se encontrará esta increíble mancomunidad de prodigios musicales y ruindades personales en una misma persona. Es tal su unicidad que un artículo en su homenaje al cumplirse hoy doscientos años de su nacimiento no pueda comenzar exclusivamente con los contundentes panegíricos, celebraciones y glorificaciones que su carrera musical largamente amerita, sino con esta suerte de aclaración previa, con una revelación de sus contrasentidos. Pero, habida cuenta de que su inmortalidad se asienta sólo por sus genialidades musicales, es con ellas desde donde arrancará esta crónica a la memoria de uno de los compositores más admirables de todos los tiempos.

Frecuentemente se lo define a Wagner como un ser humano excepcional que brilló como compositor, director de orquesta, pensador, ensayista, filósofo, teórico musical, poeta y dramaturgo. En la última edición del Grove Dictionary of Music and Musicians, sin lugar a dudas, la más completa fuente referencial del planeta, la visión es otra. Ahí se establece, clara y contundentemente, que Wagner fue un compositor. Y luego viene la ampliación: “Una de las figuras clave en la historia de la ópera, Wagner fue el mayor responsable en la transformación que sufrió el género en el siglo XIX. Su programa de reforma artística aceleró la tendencia hacia nuevas configuraciones compositivas. Fue una influencia esencial para un nuevo desarrollo orquestal, para una nueva estirpe de cantantes y de varios aspectos de la práctica teatral”.

Con buen tino y perfecta puntería, el Grove… le otorga a Wagner, apenas, un solo oficio, el de la composición. Y sólo después discurre hacia qué aspectos musicales y dramáticos extendió su influencia desde la composición. En ese primer párrafo de la gran biografía nada se dice de ninguno de sus otros costados, esos tan conflictivos.

A diferencia de otros grandes operistas, Rossini, Verdi, Puccini, por ejemplo, enormísimos exponentes del género, Wagner es el único que desde el teatro musical logró transformar el derrotero general de la música. Sus búsquedas en pos de un teatro musical de consistencia y sustentabilidad, distinto del de las óperas de su tiempo, que él consideraba superficiales y endebles cuando no deleznables, lo movieron a resignificar recursos idiomáticos, instrumentales y estéticos de compositores que él valoraba sobremanera -Berlioz, Chopin, Liszt e, increíblemente, Bellini- y que habrían de devenir en el establecimiento de un lenguaje musical personal y novedoso que habría de transformarse en una referencia decisiva para todos los creadores del siglo XIX.

Wagner abogó desde el comienzo de su historia por el establecimiento de una ópera alemana. En comparación con la riquísima historia del género en Italia y en Francia, la ópera en alemán se reducía a algunos singspiel de Mozart, al Fidelio de Beethoven y al Freischütz de Weber. Los operistas alemanes más notables inmediatamente anteriores a Wagner fueron Marschner y Lortzing, a años luz de sus contemporáneos Bellini, Donizetti o Meyerbeer. Sus primeros escarceos no se apartaron del nivel de estos dos compositores. Pero en los años 40, sobre un modelo formal característicamente italiano y los efluvios de la grand opéra francesa, Wagner empezó a asombrar: después de Rienzi , estrenada en 1842, en menos de una década compone y estrena tres óperas notables: El holandés errante Tannhäuser Lohengrin . Para alejarse de aquel molde de la ópera romántica italiana, aun cuando el lenguaje, la orquestación y las temáticas eran propios y germánicos, Wagner se tomó un respiro, publicó su formidable tratado Ópera y drama , en 1851, y estableció las bases teóricas de un nuevo teatro musical. El nuevo drama musical, ya no una simple ópera, tendría sus más asombrosas realizaciones en Tristán e Isolda y, por supuesto, en la tetralogía El anillo del n ibelungo, una empresa desmesurada que, con larguísimas interrupciones, lo ocupó a lo largo de tres décadas. El drama musical wagneriano se completó con otras dos extensísimas creaciones, Los maestros cantores de Nu renberg y Parsifal .

OBRA MAESTRA

En medio del camino, atravesado por peripecias, mudanzas, penurias u holguras económicas, conflictos e incesantes búsquedas personales, Wagner se casó, en segundas nupcias, con Cosima Liszt, la hija del compositor, y logró que Luis II de Baviera le financiara la construcción del teatro de Bayreuth, que fue construido sobre las ideas del mismo Wagner. La apertura tuvo lugar en 1876, con el estreno del ciclo completo de la tetralogía, es decir, El oro del Rin La valquiria Sigfrido El ocaso de los dioses .

Si bien es imposible sintetizar los componentes musicales y teatrales que caracterizan el drama musical wagneriano, no puede dejar de mencionarse el establecimiento de una nueva concepción teatral, que implica una valoración de la continuidad dramática y de la unidad de música y poesía como un todo. Para concretar este objetivo, Wagner, que escribió sus propios libretos, estructuró sus óperas en amplísimos actos de escenas abiertas y les dio organicidad a través de un finísimo entramado de distintos tipos de patrones musicales, los célebres leitmotiv, y promovió una insuperable y complejísima textura de voces y orquesta que concluyeron por prescindir de las arias en favor de un canto más discursivo que estrictamente melódico. Sus temas de las mitologías germánica y nórdicas completan un cuadro de obras maestras de una sorprendente potencia musical y teatral.

Pero además Wagner fue un personaje controversial, una personalidad avasallante, un ser sumamente ambicioso, un ególatra cabal y un racista despreciable. Escribió más de diez mil cartas e innumerables opúsculos, ensayos, libros y tratados que, con una firmeza y una seguridad indoblegables, a pura polémica, versaban sobre temas tan diversos como la monarquía, la religión, el clima, los derechos de los animales, la política, las jerarquías raciales y culturales y el destino de Alemania. Y entre infinitas páginas se encuentra un abominable ensayo, El judaísmo en la música, en el que revela no sólo un antisemitismo visceral, sino que, taxativamente, eleva la propuesta del exterminio para acabar con lo que él consideraba la presencia nefasta del judaísmo en la cultura alemana.

Si bien Wagner falleció antes de que Hitler naciera, los terrenos que sembró fueron más que significativos para la instalación de un régimen oprobioso. Además, su descendencia adhirió fervorosamente al nazismo y hasta aportó ideología, sustento y música al régimen. De ahí que la trinidad Wagner-Bayreuth-Auschwitz no sea una entidad traída con fórceps sino una resultante natural de la cual Wagner podría alegar falta de responsabilidad directa, pero nunca inocencia.

En realidad, los escritos racistas de Wagner y sus actitudes detestables no son ni mejores ni peores que los de muchos otros seres humanos que han pasado sin mayores glorias por este mundo. La gran diferencia es que Wagner es eterno por sus maravillas musicales. Paradójicamente, son estos milagros, estos portentos sonoros los que sacan a esas abominaciones del silencio en el que deberían haber quedado sumidas. Y que, en definitiva, no son sino el otro costado de un genio que hoy, hace doscientos años, llegaba, en Leipzig, a la faz de la tierra.

* * *

Pablo Kohan nació el 18 de febrero de 1951 en Argentina.

•  Master en Musicología de la Universidad de Tel Aviv.

•  Egresado con Medalla de Oro del Conservatorio Nacional de Música.

•  Profesor Titular Regular en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos
Aires.

•  Director de Radio Nacional Clásica, FM 96.7.

•  Autor de un centenar de artículos sobre música popular Argentina para el Diccionario Español  e Hispanoamericano de la Música y del artículo sobre Buenos Aires para la Encyclopedia of Popular Music of the World.

•  Ejerce el periodismo musical en el diario La Nación y en la revista Noticias.

•  Referencista y evaluador del Conicet.

•  Creador y conductor del programa radial Según pasan los temas.

•  Responsable de cursos y workshops de historia de la música y apreciación musical para todo público.

•  Premio Konex – Diploma al Mérito 2007: Comunicación y periodismo. Música clásica

(Fuente: www.pablokohan.com.ar)

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Los maestros cantores de Nüremberg, I: “Obertura”
Los maestros cantores de Nüremberg, Acto III: “Preludio” ( 10:44 )
Los maestros cantores de Nüremberg, Acto III: “Danza de los aprendices” (16:37 )
Lohengrin, WWV 75, I: “Preludio” ( 19:00 )
Lohengrin, III: “Preludio” ( 27:57 )
La valkiria, WWV 86B, III: “La cabalgata de las valkirias” ( 30:21 )
La valkiria, III: “Música del fuego mágico” ( 36:20 )
Parsifal, WWV 111: “Obertura” ( 39:52 )
Parsifal, III: “Hechizo de Viernes Santo” ( 42:02 )
Rienzi, el último de los tribunos, WWV 49, I: “Obertura” ( 46:00 )
Tannhäuser, WWV 70, I: “Obertura” ( 51:17 )
El holandés errante, WWV 63, I: “Obertura” ( 1:06:22 )
Tristan e Isolda, WWV 90, I: “Preludio” ( 1:16:53 )

Alejandro Borensztein / Vamos por algo, Jefa

(Publicado en Clarín, 19.5.2013, www.clarin.com)

Me da la impresión de que el “Vamos por Todo” no camina, Compañera Jefa. Yo entiendo que le ponen garra, le ponen onda, son puro corazón, mucha mística, buena musicalización, pero no va. Ni la 125, ni Fibertel, ni la Rural, ni la ley de medios, ni arruinarlo a Scioli, ni destrozarlo a Macri, ni triturarlo a De la Sota, ni aniquilar el socialismo santafesino.

Fueron contra la Iglesia y les zamparon un Papa por la cabeza, no embocan una cautelar ni disfrazados de mono, ni siquiera pudieron aplicar las multas que Moreno les impuso a los economistas que trabajan para el imperialismo británico y que andan por ahí diciendo que la inflación es un poquito más que el 9%. ¿Usted quería un tope salarial del 17%? Nadie arregla por menos del 24% ¿Querían frenar el dólar? Lo duplicaron en un año ¿Querían congelamiento de precios? Lo único que está congelado en los supermercados son las merlucitas de Granja del Sol. Y para colmo, me huele que la reforma judicial va camino a estrellarse contra la Corte Suprema. Alguna vez, Compañera Jefa, le dije que poner una Corte en serio iba a terminar siendo un mal negocio para el kirchnerismo. Era preferible una Corte medio trucha y fácil de controlar, que esta Corte prestigiosa que no quiere entrar en razones.

Hasta en eso se nota que el menemismo de Menem era más vivo que el menemismo de ustedes.

Es más, ahora que pienso ni siquiera se pudo cerrar el memorándum con Irán. ¿Se acuerda de eso? Parece que fue hace mil años cuando el Canciller explicaba que íbamos a ir a Teherán a preguntarles a los organizadores del atentado si fueron ellos los que organizaron el atentado. A propósito de Timerman, ¿qué fue de la vida de ese muchacho?

Hace mucho que no lo vemos, ¿lo habrán capturado los iraníes?

Averigüe, Jefa, a ver si todavía lo tomaron de rehén y en la Cancillería se están haciendo los boludos para que no lo devuelvan.

Yo pensé que esta semana nos llevábamos puesto todo y que hoy porCanal 13 transmitíamos, en vivo y en directo desde El Calafate, la ejecución de Lanata. Me lo imaginaba con las manos y los pies atados a cuatro corderitos patagónicos y descuartizado como Tupac Amaru en algún campito de la zona. Podía ser el de Lázaro, el de Muñoz, el de Ulloa o el de algún otro amigo de la casa. En fin, locaciones rurales kirchneristas no nos iban a faltar. Un solo bloque cortito de 15 minutos, y ya después nos quedábamos todos tranquilos viendo los programas de la falange oficialista y disfrutando de la gracia y el talento de Orlando Barone. Pero se ve que algo falló. Cuándo no, con ustedes.

Ahora leí que los domingos van a hacer jugar a Boca o a River a las 21.30 para tapar el programa del Gordo. O sea que el partido va a terminar a las 23.30, que sumados a los 30 o 40 minutos que te hacen quedar en la cancha hasta que salga la hinchada visitante, vamos a salir de la Bombonera a las 00.10 de la madrugada. Es decir que vamos a entrar al estadio un domingo y vamos a salir un lunes, caminando por las oscuras calles de la Boca con los chicos que irán a la cancha con el guardapolvo para después ir directo al colegio.

¿Se les ocurre alguna otra pelotudez más o paramos acá?

El que pensó esto, ¿no será un opositor infiltrado? Le aviso que el primer incidente que suceda no se lo van a poder endosar a nadie.

Por suerte, todavía seguimos jugando solos si no, con el despilfarro de torpeza y autoritarismo que hacemos, ya nos tendrían contra las cuerdas. La oposición sigue lejos de construir algo en serio. Además, el verdadero desafío de la oposición no será vencer al kirchnerismo y sacarlo del poder sino evitar que lo extrañemos.

A mí todo esto me preocupa porque, básicamente, cuando al kirchnerismo las cosas le salen mal se ponen como locos, por lo tanto uno quiere ayudarlos para que todo les vuelva a salir divino y sigamos viviendo felices disfrutando de la década ganada, pese a que está lleno de gorilas que no quieren reconocer los grandes éxitos conseguidos.

En principio, se logró algo muy importante: ya todos sabemos cuándo es el inicio del espacio publicitario y cuándo es el fin del espacio publicitario. Un gran paso adelante para la República porque había mucha gente que no se daba cuenta si lo que estaba viendo era una comedia de Adrián Suar o el aviso de un desodorante. Había una gran confusión. En cambio ahora está mucho más claro y todos los argentinos, sin distinciones sociales, sabemos perfectamente lo que estamos mirando: tanto los ricos que arrasan las concesionarias comprando Audi, BMW y Mercedes Benz más baratos que en Alemania porque el gobierno se los subsidia con un dólar a 5 mangos, como los millones de pobres que viajan en el Roca y en el Sarmiento que ya son como los trenes alemanes (de la Alemania de 1945 después de los bombardeos aliados).

Curiosamente en el único lugar donde esto no está claro es en los medios oficiales y paraoficiales. Cuando “inicia espacio publicitario” aparecen los avisos que muestran lo lindo que es el gobierno con imágenes suyas, del Compañero Jefe, de Alicia, etc. Y cuando viene el “fin del espacio publicitario” empiezan los programas que muestran lo lindo que es el gobierno con imágenes suyas, del Compañero Jefe, de Alicia, etc.

Por ahora, es un poquito confuso pero en cuanto venga la ley de medios y todo se democratice va a andar fenómeno.

De todos modos, es evidente que hubo un cambio de paradigma. Hasta los años 80, los jóvenes soñaban con ser médicos o ingenieros. Luego llegaron los 90 y todos querían ser modelos, estrellas, famosos o yuppies. En cambio ahora hemos vuelto a las grandes vocaciones populares: todos sueñan con ser jardinero de los Kirchner o chofer de los Kirchner o secretario de los Kirchner. De hecho, mi hijo menor dice que quiere estudiar medicina pero yo estoy tratando de convencerlo de que aprenda a cortar el pasto y se vaya a vivir al sur.

En fin, llega el 25 de Mayo y se cumplen diez años de kirchnerismo. La famosa década ganada que, considerando la bonanza regional, la catarata de dólares que entraron y los resultados que se ven en la calle, más que una década ganada es una década que está aguantando el empate colgada del travesaño.

Nobleza obliga, feliz cumpleaños para usted y todo el kirchnerismo. Consejito: si van a hacer una torta con velitas, por las dudas no las enciendan. Como viene la mano últimamente, tengo miedo de que se les prenda fuego todo. Felicidades. Que sigan los éxitos.

Beth Hart, cantante, pianista, guitarrista y compositora

Cover de “Whole Lotta Love”, de Led Zeppelin:

“Baddest Blues”:

“Am I the One”:

“Over you”:

Beth Hart nació el 24 de enero de 1972 en Los Ángeles, EEUU.

Discografía:

Beth Hart and the Ocean of Souls (1993, CD relanzado en 2009)
Immortal (1996)
Screamin’ for My Supper (1999)
Leave the Light On (2003)
Live at Paradiso (2005)
37 Days (2007)
Beth Hart & the Ocean of Souls (2009)
My California (2010)
Don’t Explain (2011, con el talentoso guitarrista Joe Bonamassa)
Bang Bang Boom Boom (2012)
See Saw (2013, con el talentoso guitarrista Joe Bonamassa)

La Justicia bastarda (fragmentos del libro “Ausencia perpetua” de Diana Cohen Agrest)

Publicado en Perfil, 12.5.2013, perfil.com

ausencia-perpetua

Ausencia perpetua es una reflexión elaborada por la autora desde la pérdida más irreparable, la de un hijo -Ezequiel, asesinado en un robo- sobre el llamado “garantoabolicionismo”, cuyo discurso, denuncia, oculta la ausencia de castigo a los delitos más graves. Una interpelación a promesas redentoras de un poder que, con controvertidos instrumentos jurídicos, profundiza una mísera realidad de pobreza y marginalidad.

A contramano de los objetivos esenciales a una sociedad bien organizada, en la Argentina que nos duele los mecanismos punitivos fueron progresivamente desarticulados. ¿Cuál es la estrategia falaz y fallida de la que se sirve el garantoabolicionismo? Por empezar, una vez que las garantías constitucionales son declamadas como si hubiesen sido acuñadas por este ideario (mientras que, como se sabe y se dijo, en verdad rigen en todo genuino Estado de derecho), su sentido primario sufre un desplazamiento discursivo cuando parte de la premisa de que la ejecución de las penas “resulta incompatible con la ideología de los derechos humanos” (Zaffaroni).
Reteniendo en el tiempo el modelo del Estado punitivo del régimen dictatorial, el ideario garantoabolicionista invoca los derechos humanos como un paraguas crítico con el que enfrentar todo presunto abuso de poder –injustificado en un Estado de derecho– que se atreva a violar las garantías constitucionales. Y dado que ese modelo punitivo persiste abusivamente en los espacios intramuros, en el afán de proteger los derechos de los “prisionizados” se procura eliminar la ejecución de la pena en lugar de procurar el mejoramiento del sistema carcelario.
La propuesta local no hace sino plasmar en la realidad el modelo teórico abolicionista promovido, entre otros, por el criminólogo y sociólogo noruego Nils Christie, quien en 1977 publicó un artículo pionero en la deslegitimación de la pena, “Los conflictos como pertenencia”, en cuyas páginas sostuvo que “nuestra compleja sociedad industrializada no es una sociedad con demasiados conflictos internos, sino una con muy pocos” . Mientras que Christie concluye que en la Noruega de casi cuatro décadas atrás “ hay demasiadas normas para pocos delitos”, decía entonces, en la Argentina de hoy –escenario donde se ha puesto en práctica su teoría de laboratorio– hay demasiadas normas para demasiados delitos. Pero esta ecuación directamente proporcional poco importa, porque dichas normas son sistemáticamente burladas mediante el recurso de las chicanas procesales funcionales al delincuente. Por añadidura, como ya señalaba Carlos Nino, “este criterio cuantitativo no sirve por la sencilla razón de que hay sociedades satisfactoriamente ordenadas en las que están regulados muchos menos comportamientos que en otras, rígidamente reglamentaristas, sin que por ello las primeras sean más anónimas que las segundas (generalmente ocurre lo contrario)” .
Christie fue precedido en la década del 60 del siglo pasado por los abordajes terapéuticos de los delincuentes emprendidos por la criminóloga Barbara Wootton y por el psiquiatra Karl Menninger, quien denunciaba una presunta debilidad conceptual de la noción de justicia. Menninger creía que “la palabra justicia es una palabra subjetiva y emocional” que no sirve para nada, y menos aún para determinar conductas reales, pues “su concepto es tan bajo, tan distorsionado en sus aplicaciones, tan hipócrita y normalmente tan irrelevante para la solución del problema del crimen, que resulta en su exacto opuesto – la injusticia, la injusticia para todos–” . Pese a que esta denuncia, como señalamos, atraviesa la historia de Occidente y remonta incluso al Trasímaco expuesto por Platón, Menninger parece no darse cuenta de la índole de su inferencia, porque si somos capaces de reconocer lo injusto, dicho reconocimiento es posible en comparación con cierto parámetro de justicia. Por añadidura, si tal como Menninger declara, la noción de justicia es inútil para guiarnos en nuestras decisiones morales y su consecuencia es la injusticia, entonces somos capaces de reconocer la injusticia en el sentido al que alude, pues podemos reconocer un castigo inmerecido. Pero si podemos reconocer cuándo un individuo recibe un castigo inmerecido, ¿no deberíamos también ser capaces de reconocer cuándo sí lo merece? Es claro que Menninger reconoce la injusticia, aun cuando, a su juicio, la justicia sea un concepto inútil.
El filósofo Michel Foucault es otro de los precursores del abolicionismo, en cuanto afirmó que el poder no está garantizado por el discurso formulado en las leyes, sino por el poder disciplinario que se expresa en todas las técnicas de control y en el enderezamiento de las conductas. En su obra Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, publicada en 1975, describe este poder disciplinario como el reproductor de locos y delincuentes neutralizados mediante su confinamiento en instituciones de encierro. Sobre esta postura se basan los abolicionistas al proponer medios alternativos al castigo, tales como los abordajes psicoterapéuticos o rehabilitadores orientados a la socialización. Pero con esos fines salvíficos, olvidan que no se trata de eliminar las cárceles sino de mejorar las condiciones de vida de los reos, quienes responden con su condena por crímenes a veces gravísimos. Además, y éste no es un señalamiento para nada menor, si bien Foucault emprendió una deslumbrante arqueología de los saberes disciplinarios, su programa fue pensado y desarrollado en un plano teórico, y sus textos no pretendían ser una guía para la implementación de nuevas prácticas sino interpretaciones genealógicas de las configuraciones institucionales inauguradas en la modernidad.
En el movimiento abolicionista, por naturaleza heterogéneo, pueden distinguirse tres propuestas: en primer lugar, el abolicionismo institucional –cuyo principal representante es Thomas Mathiesen–, que se orienta a la eliminación de la institución carcelaria, evitando las medidas alternativas a la prisión cuando éstas podrían transformarse en instituciones semejantes a las carcelarias. En segundo lugar, la propuesta del derecho penal mínimo, representado, entre otros, por el jurista italiano contemporáneo Luigi Ferrajoli, quien defiende la restricción de la criminalización a su mínima expresión. Y por último, el abolicionismo penal radical, liderado por el holandés Louk Hulsman, quien propone la supresión total del sistema. Hulsman confiesa que su teoría surge de un episodio traumático que sufrió en 1944, cuando los alemanes ocuparon Holanda y fue arrestado. Por su experiencia carcelaria durante el Holocausto, aspira a abolir la prisión. Pero parece olvidar que el confinamiento sufrido en calidad de víctima inocente no tiene analogía con el sistema penal impuesto al delincuente en calidad de ofensor. Y si retomamos el núcleo vivencial e histórico de Hulsman, la Holanda totalitaria ocupada por los nazis no es asimilable al Estado de derecho del que gozamos hoy. Un dato para nada menor es que el desarrollo del abolicionismo tuvo lugar en particular en países escandinavos y en Holanda, lo que llevó a críticas al movimiento en tanto, se afirma, surge en sociedades idílicas, de pocos habitantes con mucho bienestar y cultura, muy distantes de las condiciones que se dan en Latinoamérica. Sólo descontextualizando el núcleo conceptual de una teoría extrapolada de países que nada tienen que ver con la idiosincrasia local es posible sostener que “el derecho penal mínimo es una propuesta que debe ser apoyada por todos los que deslegitiman el sistema penal, pero no como meta insuperable, sino como paso o tránsito hacia el abolicionismo, por lejano que hoy parezca (Zaffaroni)”.
Pero además, cuando debe ofrecernos las instancias de solución a la criminalidad, el abolicionismo propone medidas ineficaces o sólo aplicables a los actores de faltas menores, a los que el sistema penal vigente no suele imponer, en la gran mayoría de los sistemas democráticos, pena alguna. Sólo en este contexto delictivo de menor gravedad se entiende que el modelo abolicionista intente eliminar la noción de delito para pasar a considerarlo como un “conflicto” o una “situación problemática”. Sin embargo, la acuñación local del garantoabolicionismo aplica dichas medidas a delitos dolosos de sangre. Y desde la terminología misma, si se trata de resolver un “conflicto” de esa envergadura, la búsqueda de una presunta solución no se corresponde con la gravedad de los hechos. De allí a la impunidad legitimada desde el Estado, apenas media un paso.
El garantoabolicionismo acusa al modelo punitivo de no ser un modelo de solución de conflictos sino de decisión vertical del poder mientras que el reparador es horizontal. En su crítica a los sistemas penales punitivos, los abolicionistas se valen de la noción de “confiscación del conflicto”, acuñada por Foucault, aludiendo con dicha expresión a que toda vez que se califica una conducta de criminal, la ley “se apropia” del “conflicto” de los directamente afectados por el crimen. Y en lugar de ayudar a resolver su “conflicto”, la ley traslada el “problema” (otro eufemismo más) al contexto profesionalizado del sistema de justicia penal, en cuyo marco ni la víctima ni el victimario poseen un rol activo: la respuesta social al crimen, alegan, no debería ser el castigo sino un proceso de mediación o reparación conciliada entre las “partes”, devolviéndoles el manejo de su propio “conflicto”. Ofreciendo la oportunidad de reapropiarse del conflicto que les fue “sustraído” a las partes por el Estado, “para los abolicionistas, el delito debe dejar de ser tal, para pasar a ser una ‘situación problemática’, en la cual la víctima pueda tener otro rol y el mediador se parezca sólo ligeramente a las funciones del juez actual” (Elbert). Así pues, con la destitución del sistema penal, las formas participativas precontractuales deben recuperar su estado protagónico a través de una Justicia restaurativa que resuelva los conflictos en instancias o mecanismos informales, mientras el aparato de control social que es la Justicia debe desaparecer, orientando sus actividades hacia la dirección reparadora del derecho civil.
Es obvio que una teoría semejante puede funcionar en disputas contravencionales, pero no más. Porque una cosa es mediar cuando existe un conflicto vecinal por ruidos molestos y otra cuando involucra un homicidio, escenario en el que ya no se dirime un conflicto privado entre individuos. Me contaron en Colombia que un buen día la empleada doméstica de quien me narró esta historia recibió un llamado desde la cárcel. Del otro lado de la línea se escuchó la voz de un miembro de las FARC que había asesinado al hermano de la mujer diez años atrás, y le pedía que asistiera a una audiencia de reconciliación con el fin de que el condenado pudiera gozar del beneficio de acortamiento de la pena. La mujer, tal vez por ignorancia o por temor a las represalias, asistió a la audiencia: allí tuvo que escuchar los vejámenes y torturas a los que había sido sometido su hermano antes de morir; entre otras aberraciones, que le arrancaron los ojos mientras estaba vivo.
La Justicia restaurativa o restitutiva procura la reparación concreta del daño consumado a través de una relación transaccional entre el ofensor y la víctima. Pese a la encendida defensa de la misma, esta propuesta que aspira a una restauración de cierto estado original (como si el delito no se hubiese cometido), a la eliminación del acontecimiento, es un ideal utópico que desconoce el elemental impulso que, desde el inicio de los tiempos y en todas las sociedades humanas, exigió la imposición de Justicia (…)
Otra objeción de los abolicionistas –defendida en el marco de cierto relativismo moral– critica la noción de crimen porque presupone una “imposición” de valores a quienes los comparten. Pero desde el momento en que los abolicionistas insisten en cómo el Estado debería responder a los conflictos –imponiendo una serie alternativa de valores (que podrían a su vez ser objeto de críticas semejantes a las que los abolicionistas dirigen al sistema penal)–, el abolicionismo parecería autorrefutarse: cometen la falacia de “imponer” sus propios valores al igual que aquellos que critican con tanto ahínco.
(…) Generaciones atrás, sociólogos, criminólogos y penalistas criticaron los efectos intimidatorios y despersonalizantes de las penas de privación de la libertad, calificando la pena de prisión de inhumana. Se cuestionó incluso la existencia misma del sistema penal (abolicionismo institucional) o, cuando menos, se abogó por un derecho penal mínimo, cuyo objetivo era limitar el poder punitivo del Estado. En su origen, el garantismo se presentó como una alternativa al abolicionismo penal que, según mencionábamos, sostiene que el castigo legal es injustificable y debería ser eliminado.
Con una visión sesgada de los derechos humanos, hoy el mal llamado “garantismo” parte de la victimización del delincuente atribuida a una condición social estructural afectada por la desigualdad, la marginación, la pobreza y la falta de educación resultantes de un sistema sociopolítico inequitativo. Invocando estas condiciones estructurales, las políticas penales –bajo el paraguas de los derechos humanos, y amparadas en el ideal irrealizable de la rehabilitación y reinserción de los criminales– han minimizado el modelo punitivo y se han orientado hacia una meta tan irreprochable como sólo es imaginable en un mundo utópico. ¿Cuál fue el costo de ese ideal? ¿Cuáles fueron sus consecuencias en el mundo real? En respuesta a la sociedad que reclama justicia y a las innumerables víctimas inocentes que ofrendaron su vida, se afianza progresivamente la disfuncionalidad judicial del Estado –resultante en parte por su afán de lucro, su complicidad con otras agencias públicas y sus intereses corporativos– produciendo una realidad que golpea, con sus efectos devastadores, la vida cotidiana de los ciudadanos.
Partiendo de la premisa de que los delitos son el producto del sistema penal, con ellas se nos ha sumido en un círculo perverso de marginalidad-delito-ausencia de debida sanción-marginalidad. Se trata entonces de eliminar ese círculo vicioso. Y en lugar de avalar la liberación y la consecuente reincidencia de los delincuentes mediante el recurso de medidas alternativas y sanciones sustitutivas –como son la libertad condicional, las excarcelaciones, las pulseras electrónicas o la condonación de penas por buena conducta o pagos de fianzas– se debe contar con la presencia de un Estado que imponga la ley con equidad. Este ideario desconoce que con el delito se lesionó a la comunidad política –el Estado o los ciudadanos–. Es más, los delitos lesionan a la humanidad en su conjunto: “Quien mata a un solo ser humano es como si matara a toda la humanidad”, dice el Talmud. Si llega un herido de bala a una sala de guardia de un hospital, el profesional debe hacer la denuncia ante la autoridad. Y esa obligación profesional se explica porque el crimen se ha perpetrado contra toda la comunidad: no sólo porque nos identificamos con la víctima como ciudadanos y prójimos, sino porque el victimario lesionó los valores que regulan la vida en sociedad. (…).
Ezequiel fue una pieza sacrificial, asesinado por un delincuente reincidente que lo mató a mansalva. Pero Ezequiel fue una víctima inocente más entre tantas otras anónimas o sin voz. En defensa de la sociedad, esta suerte de experimento social debe ser revisado, pues se funda en un novedoso ideario tan loable como, según la historia reciente nos muestra, irrealizable.

Luego de que la Cámara Federal de Casación Penal ordenase la reducción de la pena para el confeso asesino del estudiante de cine Ezequiel Agrest, en el 2011, la madre de la víctima, la filósofa Diana Cohen Agrest, estuvo en el programa y cuestionó la decisión de la Justicia. tn.com.ar

Partitura animada: “So What” por Miles Davis

El fantástico trompetista y compositor Miles Dewey Davis III nació el 26 de mayo de 1926 en Alton, Illinois, EEUU y murió el 28 de septiembre de 1991 en Santa Mónica, California, EEUU.

Según Wikipedia, la discografía de Miles Davis comprende al menos 48 albums de estudio,  36 albums en vivo, 38 compilaciones, 3 bandas de sonido, 17 cajas de discos y 72 colaboraciones.

Jacques Auguste Simon Collin de Plancy / Dictionnaire Infernal (1863)

Traducción de la información que acompaña las imágenes:

Jacques Auguste Simon Collin de Plancy (1793-1887) fue un ocultista, demonólogo y escritor francés; publicó algunos libros sobre ocultismo y demonología. Nació en 1793 en Plancy-l’Abbaye y murió en 1887. Fue un librepensador influenciado por Voltaire. Trabajó como impresor y editor en Plancy-l’Abbaye y en Paris. Entre 1830 y 1837, vivió en Bruselas, y luego retornó a Francia después de volver a la religión católica.
Collin de Plancy siguió la tradición de muchos demonólogos anteriores al catalogar demonios por nombre y título de nobleza, como ocurrió con grimorios como Pseudomonarchia Daemonum, y The Lesser Key of Solomon entre otros. En 1818 se publicó su obra más conocida, Dictionnaire Infernal. En 1863 se le agregaron algunas imágenes que lo hicieron famoso: dibujos imaginarios respecto a la apariencia de ciertos demonios. En 1822 fue publicitado como:
“Anécdotas del nuevo siglo diecinueve o historietas, anécdotas recientes, productos y palabras poco conocidas, aventuras singulares, citas variadas, ofreciéndose partes curiosas y juntas, para utilizarse para la historia de las costumbres y el espíritu del siglo que nosotros vivimos comparadas con las de los últimos siglos.”
Es considerada la obra mayor que documenta seres, personajes, libros, obras y causas pertinentes a las manifestaciones y magia del tráfico con el Infierno; adivinaciones, ciencias ocultas, grimorios, maravillas, errores, prejuicios, tradiciones, cuentos populares, las variadas supersticiones, y en general toda manera de creencias en lo maravilloso, sorprendente, misterioso y supernatural.
A fines de 1830 él se transformó abiertamente en un católico entusiasta — para confusión de sus anteriores admiradores y detractores.
En 1846 se podía comprar (por 16 francos los dos volúmenes) el Dictionnaire Sciences Occultes et des Idée’es superstitieuses que es otro listado de demonios.
Jacques Auguste Simon Collin de Plancy fue el padre de Victor Emile Marie Joseph Collin de Plancy (1853-1924) que durante cerca de una década a partir de 1884 sirvió como Ministro francés en Corea y cuyos libros y obras de arte que coleccionó fueron a formar parte del corazón de las colecciones coreanas de la Bibliothèque Nationale de Francia y del Musée Guimet en Paris.
El Dictionnaire Infernal es un libro acerca de demonología, organizado en jerarquías infernales. Fue escrito por Jacques Auguste Simon Collin de Plancy y publicado por primera vez en 1818. Hubo varias ediciones del libro, pero quizás la más famosa es la edición de 1863, en la que fueron agregadas sesenta y nueve ilustraciones al libro. Esas ilustraciones son dibujos que tratan de representar las descripciones del aspecto de algunos demonios. Muchas de esas imágenes fueron utilizadas más tarde en la edición de S. L. MacGregor Mathers de The Lesser Key of Solomon aunque algunas de ellas fueron eliminadas.

Música: Keith Jarrett, “Shock, Scatter”.

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NewBalance

La lluvia de la noche anterior no auguraba un panorama muy diferente para la mañana de hoy domingo.
Pero a las 7:30 en punto, cuando se dio la señal de largada la llovizna que caía no importó.
Era lo que menos molestaba, o, en todo caso, un inconveniente más a superar, además de los 21 kilómetros que estaban por delante.
Casi cinco mil personas dimos comienzo a la New Balance Half Marathon 2013 que unió el barrio de Palermo, desde Av Sarmiento y Av Figueroa Alcorta con Vicente López.
El recorrido pasaría por la cancha de River Plate, el CENARD, el hipermercado Carrefour ya en Vicente López y bordeando el río hasta completar la ida hasta la calle Hipólito Yrigoyen para volver al punto de partida casi por los mismos lugares.

Era la primera vez que iba a intentar correr ininterrumpidamente 21 kilómetros, la mitad de la real maratón de 42.195 metros.
La distancia máxima que había hecho eran 16 kilómetros varias veces corriendo por mi cuenta. Pero cuatro días antes había probado hacer 19 kilómetros y había sido un esfuerzo importante.
Mis dos objetivos eran, en primer lugar, llegar, y si eso fuera posible, hacerlo en menos de dos horas. Si hoy corría a la misma velocidad que cuatro días atrás, no lo lograría por dos minutos.

Un calambre podía arruinar mi deseo de completar la carrera e incluso, si podía seguir aún con dolor, seguramente la lesión sería mucho peor y tendría que abandonar.

Debía seguir el consejo de todo corredor experto, que es el de comenzar muy lentamente y progresivamente alcanzar mi ritmo de carrera pensado para esta distancia.
Si quería llegar antes de dos horas, no debería correr cada kilómetro en menos de 5:45, así que fui controlándome. Todo estaba bien.
El tramo que pasaba frente al Río de la Plata fue el más monótono así que traté de concentrarme aún más en cómo corría, en cómo pisaba y faltaba aún el tramo de vuelta con el mismo paisaje. Lloviznaba, así que el río no se veía.

Cuando pasé el punto medio de la carrera miré mi reloj y lo único que llegué a leer fueron “58 minutos”. No estaba mal teniendo en cuenta que faltaban algo más de 10 kilómetros. Que es la distancia que habitualmente hago cuando salgo a correr. Ahora la estaba corriendo dos veces seguidas.

Pero se trataba de la segunda mitad de la competencia y el cansancio podía conspirar contra mi deseo de llegar antes del tiempo que quería hacer.

Pero había otro factor tan importante como el físico: la cuestión mental.
Una distancia como esta requiere una alta dosis de paciencia. En la segunda mitad, además del lógico cansancio, estaba el hartazgo por estar ahí y que falte tanto.

Algo especial que sucede en las carreras de calle es que los que van delante de uno sirven para no aflojar el paso y estimulan a seguir y a no perder ritmo. El problema es que uno puede entusiasmarse demasiado y agotarse pronto por correr más allá de sus posibilidades.

Lo cierto es que siempre habrá alguien que te superará y alguien a quien vos superarás. Como en la vida.

Llegué al puente que desemboca en el estadio de River Plate en Av Udaondo, maldiciendo por tener que subir la pendiente pero reconfortado cuando el descenso me permitió aflojar un poco las piernas y “salir” del esfuerzo continuo.

Después de la mitad de carrera no había vuelto a mirar el reloj. Estaba más obsesionado en poder llegar que de cumplir el tiempo que me había marcado. Ya no me importaba nada sino llegar como sea y cuando fuera.

La llegada al kilómetro 19 era una barrera mental ya que esa era la mayor distancia que había hecho alguna vez.

Ya en el kilómetro 20 me fijé qué tiempo llevaba y cuando vi que era de 1 hora y 52 minutos supe que lograría llegar antes de las dos horas si mi cuerpo seguía comportándose como hasta ese momento.

Fue el kilómetro más largo.

Y llegué.

Mi tiempo neto fue de 1h 58m 25s a un ritmo de 5m 38s el kilómetro.
En mi categoría de 50 a 54 años hombres llegué 179º de un total de 363 corredores.
Entre los hombres fui 1966º de un total de 3457 y en la clasificación general llegué 2279º de 4511 personas.

Lo hice. Soy medio maratonista.

Melina Furman / Enseñar ya no sólo es transmitir información

(Publicado en La Nación, 21.4.2013, lanacion.com.ar)

A primera vista, aprender hoy no se parece demasiado a lo que significaba aprender hace medio siglo, o incluso hace una década. La tecnología claramente impacta, y mucho, en las posibilidades que tenemos de acceder a lo que otros tienen para contarnos y mostrarnos y en la cantidad de estímulos que recibimos a diario. Pero, ¿existen realmente nuevas maneras de aprender?

Saber algo nuevo implica poner en diálogo lo que ya conocemos con un pedazo de mundo que nos es en principio ajeno, incorporándolo a nuestros esquemas mentales y, en ese proceso, transformándonos a nosotros mismos. Para que ese proceso suceda ncesitamos a un “otro”, más experto, que nos ayude a movernos de donde estamos y llegar un poco más lejos. Hasta aquí, nada muy distinto de lo que describían hace varias décadas los padres de la psicología del aprendizaje Jean Piaget y Lev Vigotsky en sus teorías clásicas sobre la construcción de conocimiento.

Sin embargo, si bien el proceso mismo de aprender sigue siendo fundamentalmente el mismo, en los últimos tiempos el contexto en el que aprendemos ha cambiado profundamente. La cantidad y diversidad de “otros” con la que nos encontramos cotidianamente ha expandido tremendamente. Ya no se trata de aprender solamente de la mano de docentes, padres o autores de libros. Accedemos en un parpadeo a una cantidad gigantesca de información y contenidos que, hasta hace muy poco, difícilmente se hubieran cruzado en nuestros horizontes. Aprendemos sabiendo que no hace falta recordar toda la información que se nos presenta, porque podemos recobrarla muy sencillamente si la necesitamos de nuevo. Formamos parte de conversaciones globales con gente que posiblemente nunca conoceremos personalmente.

Las consecuencias de estas nuevas posibilidades impactan, sin dudas, en cómo chicos y grandes nos embarcamos en el camino de aprender, y también en qué tipos de aprendizajes valoramos como sociedad. Por eso, aunque las bases del aprendizaje sigan siendo las mismas, es fundamental que los modos de enseñanza tengan en cuenta que los contextos ya no lo son. La buena enseñanza, por ende, implica ir mucho más allá de brindar información. Requiere enseñar a dar sentido al caudal de información que recibimos y desarrollar herramientas de pensamiento crítico y creativo que nos permitan participar en la sociedad de manera plena.

No sabemos cómo será el mundo en el futuro próximo. Pero sí sabemos que en muchos sentidos será distinto al de hoy. La buena enseñanza, hoy, implica sentar las bases para (y el deseo de) seguir aprendiendo toda la vida.

Nora Bär / Nuevas tecnologías: cómo están cambiando la forma de aprender

(Publicado en La Nación, 21.4.2013, lanacion.com.ar)

Hace más de 2200 años, el matemático, astrónomo y geógrafo griego Eratóstenes logró calcular las dimensiones de la Tierra con un mínimo error. Para llegar a su resultado se basó en la longitud de la sombra proyectada por una vara el mismo día y a la misma hora en dos ciudades diferentes.

Sin calculadora ni iPad, la mayoría de los “gigantes” que nos precedieron, desde Newton hasta Copérnico o Einstein, no necesitaron mucho más que lápiz y papel para realizar aportes monumentales al conocimiento humano. De allí que muchos se pregunten ahora con inquietud cómo está cambiando nuestra forma de aprende r -y hasta el funcionamiento de nuestros circuitos cerebrales- la ubicuidad de las pantallas portátiles e Internet.

Uno de los que avivaron el fuego de la controversia fue el escritor norteamericano Nicholas Carr. En su libro Superficiales. Qué está haciendo Internet con nuestras mentes, plantea que las nuevas tecnologías conspiran contra nuestra capacidad de concentración, reflexión y contemplación. En otras palabras, que están imprimiendo un cambio mayúsculo en nuestra forma de leer y de pensar, y deteriorando nuestros procesos de razonamiento.

“El tema exige dos niveles de análisis -dice el doctor Ezequiel Gleichgerrcht, investigador en neurociencias de la Fundación del Instituto de Neurología Cognitiva y profesor de la Universidad Favaloro-. Por un lado, el evolutivo, para determinar si el cerebro que nos permitía aprender antes es el mismo que el que nos permitirá aprender con esta revolución tecnológica. Resulta muy fácil pensar que nuestro cerebro cambia porque tenemos nuevas necesidades y que esas necesidades se transforman en deseos tan fuertes que pueden incluso transmitirse a nuestros hijos, así como las jirafas supuestamente deseaban tanto alcanzar las hojas altas de los árboles que generación tras generación iban alargando su cuello. Esto no ocurre: los cambios grandes son azarosos y sobreviven los que mejor se adaptan al ambiente. Cuando como sociedad desarrollamos sistemas de escritura y, por ende, la necesidad de aprender a leer y escribir, aquellos cerebros que tenían más capacidad para adaptarse a esas demandas sobrevivieron y es por eso que encontramos en diversos estudios evidencia de que el cerebro lectoescritor tiene algunas diferencias importantes con el de civilizaciones que no tenían ese sistema de comunicación. Por ejemplo, la introducción de la escritura ya no requería tanta memoria y de hecho se ven diferencias en el hipocampo, un área del cerebro fundamental para la consolidación de nuevos recuerdos.”

Para el científico, otro nivel de análisis es el de la adaptación “ontogénica”: es decir, la de un individuo a lo largo de su propia vida.

Y como ilustración ofrece un ejemplo experimental. En un estudio de 2009, un equipo de la Universidad de California en Los Ángeles estudió con resonancia magnética funcional a un grupo de personas de entre 55 y 76 años que eran “vírgenes” en el aspecto tecnológico mientras completaban tareas de búsqueda en Internet y leían en una computadora, y los compararon con dos grupos de coetáneos con muy poca y mucha experiencia en Internet.

ACTIVACIÓN CEREBRAL

Los autores demostraron que todos tenían una activación cerebral similar al leer un texto simple, pero cuando se les pedía buscar en Internet, los experimentados tenían una activación mucho más global e intensa de circuitos frontales, occipitales y temporales, específicamente en áreas ligadas con la toma de decisiones, la motivación, la visión y la memoria.

“Claramente -subraya Gleichgerrcht, director del nuevo Instituto de Neurociencias de la Educación de la Fundación Ineco-, el cerebro de estas personas era estructuralmente similar, pero los que tenían experiencia habían encontrado nuevas formas de activación para afrontar el desafío de las nuevas tecnologías.”

Experimentos realizados en todo el mundo muestran, sin embargo, que no basta la introducción de computadoras per se para instalar cambios en el aprendizaje. “En muchos de ellos se utilizan juegos para estimular capacidades cognitivas, pero arrojan un éxito moderado -explica el doctor Mariano Sigman, investigador del Conicet y profesor visitante de la Universidad Di Tella-. No existe un casco mágico para aprender sin esfuerzo.”

Investigadores del grupo de Sigman, como Andrea Goldin y colegas del Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Universidad de Buenos Aires, entrenaron a chicos de escuelas primarias con juegos de computadora que estimulan la memoria, la capacidad de mantener la atención durante un tiempo prolongado en un mismo problema y la planificación, tres ladrillos básicos del razonamiento humano.

“Incluso con programas de apenas diez minutos diarios durante diez días vimos cambios, pequeños, pero significativos -destaca Sigman-. Las mejoras se traducían en mejoras en otras pruebas de razonamiento y hasta en las notas escolares.”

El doctor Antonio Battro, psicólogo e integrante de la Academia Pontificia de Ciencias, es muy entusiasta. Como pionero e impulsor de la introducción de las computadoras en la escuela, sostiene que Piaget no llegó a imaginar que, por el mero hecho de aprender a programar, los niños podrían acceder a las operaciones formales muchos años antes de lo predicho por su teoría de los estadios cognitivos.

Con respecto a si los dispositivos digitales estarían conspirando en contra de la capacidad de atención de grandes y chicos, Battro explica que, de acuerdo con los trabajos de Michael Posner y su escuela, se han identificado circuitos neurales que mantienen el estado de alerta, otros que orientan hacia determinados estímulos sensoriales y finalmente aquellos que son capaces de resolver conflictos, llamados ejecutivos. “La combinación de estas tres redes de control es la que modula la atención durante todo el crecimiento -detalla-. El tema crítico es cómo se pasa del control de padres y maestros al autocontrol de cada individuo.”

Según explica Battro, el cerebro humano puede atender varias cosas al mismo tiempo, pero siempre dentro de un sistema dinámico. “La capacidad de concentración depende de múltiples factores biológicos, emocionales, cognitivos, familiares, sociales y culturales -subraya-. Los medios electrónicos exigen tomar decisiones con rapidez; la «opción clic» es fundamental y decisiva para navegar en la Red. Pero saltar de un tema a otro puede tanto estimular la sana curiosidad y la genuina creatividad como esterilizar una búsqueda o un aprendizaje. La pedagogía en la era digital debe profundizar en estas nuevas oportunidades y desafíos que son inéditos en la historia de la educación.”

Hay quienes, sin embargo, incluso tomando la presencia de las computadoras y sucedáneos en el medio ambiente infantil como un hecho positivo advierten que no hay que bajar la guardia.

RED ADICTIVA

“El cerebro humano funciona bastante bien en ciertas escalas temporales -explica Sigman-, por eso las escenas de las películas duran siempre más o menos lo mismo (unos 10 segundos). Pero a veces uno entra en ciclos que van mucho más rápido, como los comedores compulsivos. Hay algo en Internet que se asemeja a eso: es adictiva. Entrena y reemplaza al sistema de recompensa en las cosas más primarias. Y al entrar en ese ritmo uno entra en un circuito que no necesariamente funciona bien para la adquisición y consolidación de conocimiento. Son temas que se están empezando a estudiar.”

Más adelante, el físico y neurocientífico advierte: “Lo que dice Carr tiene cierto sustento y es razonable. Uno con la computadora «terceriza» cosas que antes hacía por sí mismo. Por ejemplo, los cálculos mentales. Ahora directamente los delegamos en las máquinas, aunque sabemos que no es bueno, porque el cálculo no sólo sirve para calcular, sino que es un modelo de razonamiento. A veces, uno estudia algo en el colegio y diez años después lo olvida, pero no importa: lo importante no es el ejercicio en sí, sino el desarrollo de dominios cognitivos. Hay que tomarlas con cierto cuidado”.

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Editora de la sección Ciencia/Salud de LA NACION, Nora Bär se incorporó en 1990 a la Redacción del diario, aunque comenzó como colaboradora en 1980, siempre en su especialidad, el periodismo científico. Nació en Buenos Aires en 1951, fue maestra, estudió la carrera de Letras y de traductorado del francés en la Universidad de Buenos Aires y tiene cuatro hijos. Pertenece a la International Science Writers Association y es columnista de varios programas radiales. En 1997 obtuvo el diploma al mérito en divulgación científica otorgado por la Fundación Konex. En 2002, se incorporó a la Academia Nacional de Periodismo. nbar@lanacion.com.ar

Guillermo Jaim Etcheverry / Tiempo de replantear la tarea de educar

(Publicado en Clarín, 17.4.2013, clarin.com)

Los argentinos hemos dejado de confiar en la educación como un elemento de progreso. Revertirlo es un compromiso de todos.

Los problemas que enfrenta la educación argentina, ya tan bien conocidos, pueden sintetizarse señalando que:

1. contamos con relativamente pocos ciudadanos educados: de cada 100 niños que comienzan la educación primaria, al cabo de doce años sólo 37 completarán el nivel medio;

2. casi la mitad de quienes lo hacen tiene dificultades para comprender lo que leen y para realizar simples ejercicios de matemática;

3. existen marcadas desigualdades tanto en la cantidad como en la calidad de la educación que reciben los alumnos dependiendo de los niveles sociales, económicos y culturales de las familias de las que provienen;

4. hay en el país casi un millón de jóvenes menores de 25 años queno trabajan ni estudian, es decir, que no hacen nada;

5. asistimos a una alarmante declinación de la escuela públicaque en el pasado resultó esencial para intentar igualar las oportunidades y formar nuestra ciudadanía.

Es innegable que en los últimos años el país ha realizado un importante y muy auspicioso esfuerzo destinado a promover la educación como lo demuestra el significativo incremento de la inversión con esa finalidad en relación al producto interno bruto. Sin embargo, ese aumento de recursos no se ha visto reflejado en una mejoría sustancial de los indicadores relacionados con la cantidadde personas educadas y con la calidad de la educación que han recibido.

¿Qué hacer para revertir esta preocupante situación? Resulta evidente que, aunque no en las palabras, en los hechos hemosdejado de confiar en la educación como un elemento de progreso individual y social. Se ha roto el pacto fundante de la escuela basado en la alianza de los padres
con los maestros para educar a sus hijos. Hoy los padres se unen a ellos en contra de la institución educativa a la que perciben como una herramienta social de opresión, que condiciona la entrega del bien deseado, la certificación.

Aunque cueste admitirlo, el interés está centrado en eliminar esos requisitos, una evidencia más del facilismo que está permeando toda nuestra sociedad.

Es preciso volver a pensar que la educación es esencial para la construcción de las personas y que supone un cierto compromiso de todos, una aceptación de la necesidad de dedicarle una atención y un esfuerzo que trascienden lo simplemente formal. De allí que resulte prioritario recuperar el prestigio social de la educación cuya caída se evidencia en la escasa consideración de la que hoy gozan los docentes que refleja esa pérdida de confianza en la educación. Maestros y profesores son concebidos como los cuidadores de la guardería ilustrada en la que se está transformando la escuela.

Cada día ésta es más un centro de asistencia social que una institución cuya tarea central es la de formar seres humanos. Darles de comer, sí, pero también darles de leer, introducir a las nuevas generaciones al saber y al conocimiento, proporcionarles el acceso a las herramientas que nos hacen humanos. La calidad docente, clave de la enseñanza, exige la previa reconstrucción de esa confianza perdida en la educación, el replanteo de sus objetivos en estas épocas en que la sociedad experimenta profundas mutaciones.

Nos singulariza como humanos la capacidad de reflexionar, crear, imaginar. Y sólo es posible manejando una serie de conocimientos y saberes concretos, de experiencias personales. Si no nos proponemos transmitir esa herencia cultural ­esas posibilidades de lo humano como lo señala Hesíodo, poeta griego del siglo VIII A.C., cuando dice “La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser“­ no cumpliremos con nuestra función de introductores de las nuevas generaciones a un mundo que existía antes de que ellas llegaran y que, esperemos, continuará cuando lo abandonen.
* Ex Rector de la UBA, miembro de la Academia Nacional de Educación y del Consejo Asesor de Clarín Educación.

Ezequiel Fernández Moores / A seguir corriendo

(Publicado en La Nación, 17.4.2013, canchallena.lanacion.com.ar)

Omar, un antiimperialista radical, y su hermano Waj, voluntariosos, pero torpes, matan por error a jihadistas en un campo de entrenamiento para terroristas en Paquistán. Se unen al revolucionario Barry, al rapero Hassan y a Faisal, un ingenuo que adiestra cuervos para transportar bombas. Son musulmanes británicos que quieren inmolarse matando infieles. Son los protagonistas centrales de Four lions (Cuatro leones), una sátira al fundamentalismo religioso, pero también a la brutalidad policial y a la manipulación de la prensa occidental, dirigida por el inglés Chris Morris y ganadora de varios premios en 2010. Waj atacará disfrazado de ostra; Barry, de tortuga ninja, y Hassan, de payaso. Omar propone hacer volar una mezquita para “radicalizar a los moderados”. Waj quiere hacer volar Internet. Omar, que atacará vestido del héroe infantil Honey Monster, impone finalmente su idea. El absurdo comando suicida decide atentar contra la maratón de Londres. 

Los terroristas estilo Monty Python fracasan por torpes, pero el simple recuerdo del film, que la BBC se negó a financiar y cuyo estreno en 2010 provocó polémicas, inquieta aún más cinco días antes de que Londres celebre su maratón 2013 con 37.000 inscriptos y cuando todavía se cuentan las víctimas de las bombas que explotaron anteayer en la maratón de Boston. “¿Por qué aquí? ¿Por qué en la maratón?” John Thumacki, fotógrafo del Boston Globe durante treinta años, finalista del Pulitzer por su trabajo sobre la caída del muro de Berlín, cuenta que eso fue lo que más escuchó apenas explotaron las bombas. Segundos después de la primera explosión, Thumacki, que cubrió más de veinte maratones de Boston, ya estaba disparando su cámara y transmitiendo las imágenes por computadora desde la línea de llegada. La primera foto mostró a un corredor caído, rodeado de tres policías. Bill Iffrig fue ayudado a levantarse. Con la rodilla lastimada, y después de correr más de cuatro horas, Iffrig caminó los tres metros que le faltaban porque quiso completar los 42 kilómetros. Y luego caminó un kilómetro más hasta su hotel. Tiene 78 años. Otra foto que recorrió el mundo muestra a un hombre de 73 años empujando una silla de ruedas. Es Dick Hoyt, que lleva a su hijo Rick, de 51, que sufre parálisis cerebral. El “Team Hoyt”, como se lo llama, corre así la maratón de Boston desde hace 31 años. Recaudan dinero para obras benéficas. Y el padre fortalece el vínculo con su hijo. 

Incómoda por recorrido y clima, y sin el dinero de la maratón de Nueva York, Boston corre tradicionalmente en el feriado del “Patriot’s Day”, un recuerdo de la guerra de independencia de Estados Unidos, primeras batallas contra tropas británicas el 19 de abril de 1775. El sentimiento patriótico en la maratón de Boston se hizo muy presente en la edición de 1951, en plena Guerra de Corea. Yun Bok Suh, campeón de la maratón de 1947, fue el primer coreano ganador de una prueba internacional desde la independencia de Japón. Sus compatriotas Kee Yong Ham, Gil Yoon Song y Yun Chil Choi sorprendieron al mundo atlético al ocupar los tres primeros puestos de la maratón de 1950. Al año siguiente, Walter Brown, mítico director de la prueba de Boston, prohibió la inscripción de corredores coreanos. “Mientras soldados de Estados Unidos combaten y mueren en Corea -dijo Brown-, todo coreano debería pelear por su país en lugar de correr maratones.” Más de medio siglo después, furiosos mensajes en diarios y radios se preguntan hoy si el atentado del lunes podría haber sido obra de la ahora odiada Corea del Norte. 

“Son el demonio, matémoslos a todos”, tuiteó el lunes pasado Erik Rush, de Fox News. No hablaba de los norcoreanos, sino de los musulmanes. De modo sarcástico, aclaró luego. La misma cadena lanzó ayer los primeros rumores sobre supuestos sospechosos musulmanes. En la Web le recordaron los cientos de bombas que Estados Unidos lanzó históricamente y sigue arrojando aún hoy a poblaciones civiles. Muertos que no tienen la misma prensa que Boston. Y citaron antecedentes de lunáticos locales, como el unabomber que en 1995 mató a 168 personas en Oklahoma. Fue también un 19 de abril, como el Patriot’s Day. El viernes se cumplen 18 años. ¿Algún otro loco habrá querido recordarlo?, se preguntan especialistas. El mismo día del atentado en la maratón de Boston, recuerdan otros, se celebró el 66° aniversario del primer jugador negro que desafió leyes racistas y jugó en la liga profesional de béisbol (MLB). El “Jackie Robinson Day” fue fortalecido por el gobierno de Barack Obama. “Cuando algunos medios hablan del presidente como un comunista, un musulmán que no nació aquí, me pregunto si no están incitando instintos primarios y yendo demasiado lejos”, escribió un mensaje en The New York Times. El diario editorializó ayer contra el senador republicano Steve King, que, apenas después de que estallaron las bombas, apuntó al mundo musulmán y pidió parar la reforma legal de Obama sobre la inmigración. Milicias y grupos radicales antigobierno, denunció una organización de derechos civiles, crecieron en los últimos cuatro años de 149 a 1360. 

¿Y el deporte? La inocencia, si todavía algo quedaba, se perdió definitivamente cuando un comando palestino asesinó a atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de 1972. Fue la “masacre de Munich”. Escenario de juego, alegría, esperanzas y emociones, el deporte ya había incorporado tensiones políticas y económicas, pero, hasta antes de Munich, la competencia se creía sagrada. Después de Munich, los Juegos Olímpicos, que fueron otra vez atacados en Atlanta 96 por un fanático local que había apuntado antes contra discotecas gays y clínicas que practicaban abortos, pasaron a celebrarse en fortalezas custodiadas desde barcos y aviones, con miles de soldados, comandos especiales, radares, misiles y millones de dólares invertidos en seguridad. La vidriera global del deporte tienta a todos. Políticos y comerciantes. Y también a terroristas o simples lunáticos. Se esperan igualmente unos 37.000 corredores este domingo en Londres. El deporte como señal poderosa de vuelta a la normalidad. Correrán por placer, pasión, adicción, moda o desafío. La maratón, larga y accidentada, es acaso la carrera que más se parece a la vida. Pero ninguna escena previó los muertos y mutilados de Boston. La gloriosa llegada, la línea que premia el esfuerzo, aliviadora y emotiva, se convirtió en escena de guerra. 

En 1967, Katherine Switzer desafió reglamentos y corrió la maratón de Boston entre los hombres. Se inscribió como K. V. Switzer y corrió con pantalones largos. “¡Váyase inmediatamente de aquí!”, le gritó empujándola el oficial Jock Semple al advertir que era una mujer, a los pocos kilómetros de la largada. Otros competidores que corrían junto con Katherine reaccionaron empujando ellos a Semple para que la mujer pudiera seguir corriendo. Como todos, sin exclusiones. Y con los ojos abiertos. En noviembre pasado, Estados Unidos ya había sufrido con la última maratón de Nueva York, que debió ser cancelada por el huracán Sandy. Muchos corredores protestaron la decisión, corrieron simbólicamente por el Central Park y pasearon luego por la Quinta Avenida. Otros eligieron correr en la zona del desastre, ayudando a las víctimas de la tragedia. Acaso escucharon la voz de Switzer, la mujer que no quiso renunciar a correr. “Si estás perdiendo la fe en la naturaleza humana -dijo Switzer-, salí y mirá una maratón.”

Allen Ginsberg / Transcripción de música de órgano

TRANSCRIPCIÓN DE MÚSICA DE ÓRGANO

La flor del frasco de cacahuetes que estaba antes en la cocina está
retorcida en busca de un lugar donde haya luz,
la puerta del armario se abrió, ya que lo utilicé antes, gentilmente
ha permanecido abierta esperándome a mí, su dueño.

Comencé a sentir mi miseria en el jergón sobre el suelo, escuchando
música, mi miseria, es por eso por lo que deseo
cantar.
La habitación se cerró sobre mí, yo esperaba la presencia del Creador,
vi las paredes y el techo pintados de gris, contenían mi
habitación, me contenían a mí
de la misma forma en que el cielo contenía mi jardín,
abrí la puerta
La parra virgen trepaba por el poste del porche, las hojas
en la noche seguían aún en el lugar en el que las había situado el
día, las cabezas de animal de las flores donde habían surgido
para pensar hacia el sol

¿Puedo acaso recuperar las palabras? ¿Acaso el pensamiento
o la transcripción nublarán la visión de mi avizor ojo
mental?

La bondadosa búsqueda de crecimiento, el gracioso deseo
de existir de las flores, mi casi éxtasis por vivir entre ellas.

El privilegio de ser testigo de mi existencia —también tú
debes buscar el sol…

Mis libros apilados ante mi para que los use
esperando en el espacio donde los situé, no han desaparecido,
el tiempo ha dejado atrás sus remanentes y cualidades para que
yo las utilice — mis palabras amontonadas, mis textos, mis manuscritos,
mis amores.
Tuve un instante de clarividencia, presencié el sentimiento
en el corazón de las cosas, salí caminando al jardín con los ojos
anegados en lágrimas.
Vi los rojos capullos a la luz de la noche, el sol se ha ido,
todos habían crecido, en un momento, y estaban esperando inmóviles
en el tiempo esperando a que el sol del día naciera y les otorgara…
Flores que como en un sueño en el ocaso yo regaba
fielmente sin saber cuánto las amaba.
Estoy tan solo en mi gloria — excepto que ellos están
también ahí fuera. Alcé la mirada — esos rojos capullos de arbusto
que me llaman y se asoman a la ventana esperando con ciego amor,
también sus hojas tienen esperanza y están vueltas hacia el cielo para
recibir — toda la creación está abierta para recibir — la propia y
plana tierra.

La música desciende, como lo hace el esbelto tallo
arqueado por el pesado capullo, porque tiene que hacerlo, para
permanecer viva, para continuar hasta la última gota de felicidad.
El mundo conoce el amor que anida en su pecho como en
la flor, el sufriente y solitario mundo.
El Padre es misericordioso.

El enchufe de la luz está toscamente fijado al techo,
después que la casa fuera construida, para recibir un enchufe que
encaja en él y que da ahora servicio a mi fonógrafo…

La puerta del armario está abierta para mí, donde la dejé,
desde que la dejé abierta ha permanecido graciosamente abierta.
La cocina carece de puerta, el hueco que tiene me
admitiría caso de que deseara penetrar en la cocina.
Recuerdo la primera vez que me llevaron a la cama, H.B.
graciosamente se apoderó de mi cereza *, me senté en los muelles de
Provincetown, a los 23 años, gozoso, elevado en mi esperanza con el
Padre, la entrada al útero estaba abierta para darme entrada si es
que así lo deseaba.
Existen enchufes sin utilizar por toda mi casa si es que
alguna vez los necesito.
La ventana de la cocina está abierta para dejar entrar el
aire…
El teléfono — triste es decirlo — reposa en el suelo — no
tengo dinero para que me den línea.
Quiero que la gente haga reverencias al verme y que diga
le ha sido otorgado el don de la poesía, ha sido testigo de la presencia
del Creador.
Y el creador me dio una dosis de su presencia para
gratificar mi deseo, para no defraudar así mi anhelo de él.

Berkeley, 1955

* Cherry: virginidad.

* * *

Irwin Allen Ginsberg nació el 3 de junio de 1926 en Newark, New Jersey, EEUU y falleció el 5 de abril de 1997 en New York City, New York, EEUU.

Richard Nathaniel Wright / Entre el mundo y yo

Y una mañana cuando estaba en el bosque me encontré de pronto ante la cosa,
Me la encontré en un claro verde guardado por álamos y robles escamosos.
Y los mugrientos detalles de la escena se elevaron, colocándose entre el mundo y yo.

Había un diseño de huesos blancos durmiendo olvidados sobre una almohada de cenizas.
Y el muñón carbonizado de un árbol apuntando en forma acusadora su lento dedo franco al cielo.
Había rotas extremidades de árboles, pequeñas venas de hojas quemadas y un rollo chamuscado de cáñamos grasientos:
Un zapato vacante, una corbata vacía, una camisa rasgada, un solitario sombrero y un par de pantalones llenos de sangre negra
Y sobre el pasto pisoteado había botones, fósforos muertos, puchos de cigarros y cugarrillos, cáscaras de maní, un seco frasco de gin y el lápiz labial de una prsotituta;
Trazos diseminados de alquitrán, un incansable adorno de plumas y el prolongado aroma de la gasolina.
Y a través del aire de la mañana el sol vertía una sorpresa amarilla en las cuencas de los ojos de un cráneo de piedra…
Y mientras yo estaba allí, una fría piedad congeló mi mente por la vida que había terminado.
El suelo agarró mis pies y mi corazón fue rodeado por heladas paredes de miedo.
El sol murió en el cielo; un viento de noche murmuró en el pasto y manoseó a las hojas en los árboles; el bosque se vació en gruñidos de jauría; la oscuridad gritó con voces sedientas y los testigos se levantaron y vivieron.
Los secos huesos se agitaron, sonaron, se elevaron fundiéndose con mis huesos.
Las grises cenizas formaron carne firme y negra, penetrando en mi carne.
El frasco de gin pasó de boca en boca; los cigarros y los cigarrillos se encendieron, la prostituta manchó de rojo sus labios,
Y mil rostros se arremolinaron a mi alrededor, clamando por el incendio de mi vida…

Y entonces me tuvieron, me desnudaron, batiendo mis dientes en la garganta hasta que tragué mi propia sangre.
Ahogaron mi voz en el tumulto de sus voces y mi cuerpo mojado y negro resbalaba y rodaba en sus manos mientras me ataban a un tronco.
Y mi piel se adhería al caliente alquitrán burbujeante, cayendo de mí sobre los blandos terrenos.
Y los plumones y las púas de las blancas plumas penetraron en mi carne cruda y yo gemí en mi agonía.
Entonces enfriaron piadosamente mi sangre, enfriada con un bautismo de gasolina
Y en una llamarada de rojo me elevé al cielo como el dolor se levanta como agua, mis extremidades hirviendo.
Jadeando, implorando, me agarré como un niño a los calientes costados de la muerte.
Ahora yo soy huesos secos y mi rostro un cráneo de piedra mirando al sol en sorpresa amarilla.

(Traducción de Marcelo Covián)

* * *

Richard Nathaniel Wright nació el 4 de septiembre de 1908 en Plantation, Roxie, Mississippi, EEUU y falleció el 28 de noviembre de 1960 en Paris, Francia.