Franz Kafka. Un golpe a la puerta del cortijo

Fue un caluroso día de verano. Mi hermana y yo pasábamos frente a la puerta de un cortijo que estaba en el camino de regreso a casa. No sé si golpeó esa puerta por travesura o distracción. no sé si tan solo amenazó con el puño sin llegar a tocarla siquiera. Cien metros mas adelante, junto al camino real que giraba a la izquierda, empezaba el pueblo. No lo conocíamos, pero al cruzar frente a la casa que estaba inmediatamente después de la primera, salieron de ahí unos hombres haciéndonos unas señas amables o de advertencia; estaban asustados, encogidos de miedo. Señalaban hacia el cortijo y nos hacían recordar el golpe contra la puerta. Los dueños nos denunciarían e inmediatamente comenzaría el sumario. Yo permanecía calmo, tranquilizaba a mi hermana. Posiblemente ni siquiera había tocado, y si en realidad lo había hecho, nadie podría acusarla por eso. Intenté hacer entender esto a las personas que nos rodeaban; me escuchaban pero absteniéndose de emitir juicio alguno. Después dijeron que no sólo mi hermana sino también yo sería acusado. Yo asentía sonriente con la cabeza. Todos volvíamos nuestra vista atrás, hacia el cortijo., tan atentamente como si se tratara de una lejana cortina de humo tras la cual fuera a aparecer un incendio. Lo que pronto vimos, en realidad fue a unos jinetes que entraron por el portón del cortijo. Una polvareda al levantarse, lo cubrió todo; solo brillaban las puntas de las enormes lanzas. Apenas la tropa había desaparecido en el patio, cuando debió, al parecer, hacer dar vuelta a sus corceles, pues volvió a salir en dirección nuestra. Aparté a mi hermana de un empellón, yo me encargaría de poner todo en orden. Ella no quiso dejarme solo. Le expliqué que para que se viera mejor vestida ante los señores debía, al menos, cambiarse de ropas. Por fin me hizo caso e inició el largo camino a casa. Ya estaban los jinetes junto a nosotros y casi al tiempo de apearse preguntaron por mi hermana. “No está aquí de momento” fue la temerosa respuesta, “pero vendrá mas tarde”. La contestación se recibió con indiferencia. Parecía que ante todo, lo importante era haberme hallado. Destacaban, de entre ellos, el juez, un hombre joven y vivaz, y su silencioso ayudante llamado Assmann. Me invitaron a pasar a la taberna campesina. Lentamente, balanceando la cabeza, jugando con los tiradores, comencé a caminar bajo las miradas severas de los señores. Aún creía que una sola palabra sería suficiente para que yo, que vivía en la ciudad, fuese liberado, incluso con honores, en ese pueblo campesino. Pero luego de atravesar el umbral de la puerta, pude escuchar al juez que se acercó a recibirme: “Este hombre me da lástima”. Sin duda alguna, no se refería con esto a mi estado actual sino a lo que me esperaba en el futuro. La habitación se parecía mas a la celda de una prisión que a una taberna rural. De las grandes losas de la pared, oscura y sin adornos, pendía, en alguna parte, una argolla de hierro, y en el centro de la habitación algo que era medio catre y medio mesa de operaciones.

¿Podría yo respirar otros aires que los de una cárcel? He aquí el gran dilema. O, mejor dicho, lo que sería el gran dilema, si yo tuviera alguna perspectiva de ser dejado en libertad.

* * *

Franz Kafka nació en Praga, Austria-Hungría el 3 de julio de 1883 y falleció en Kierling, Austria el 3 de junio de 1924. Escribió en alemán. Su obra lo sitúa como uno de los más grandes escritores de todos los tiempos.

Narrativa publicada en vida:

Descripción de una lucha (1904)
Conversación con el suplicante
Conversación con el ebrio
Contemplación (1912)
Un médico rural (1919)
El nuevo abogado
Un médico rural (Ein Landarzt, 1917)
En la galería
Un viejo manuscrito
Ante la ley (parábola)
Chacales y árabes
Una visita a la mina
El pueblo más cercano
Un mensaje imperial
Preocupaciones de un padre de familia
Once hijos
Un fratricidio
Un sueño
Informe para una academia (Ein Bericht für eine Akademie, 1917)
La condena (Das Urteil, septiembre 22-23, 1912)
En la colonia penitenciaria (In der Strafkolonie, octubre de 1914)
Una mujercita (Eine kleine Frau, 1923)
Josefina la cantora o el pueblo de los ratones (Josephine, die Sängerin, oder Das Volk der Mäuse, 1924)
Un artista del hambre (1924) (Ein Hungerkünstler, 1922). Revisado por Kafka en su lecho de muerte
Un artista del trapecio
La metamorfosis (Die Verwandlung, 1915)

Obras publicadas póstumamente:

El desaparecido (Novela comenzada en 1911 y que dejó de escribir en 1912. Está inconclusa. Durante años se conoció como América, título que Max Brod escogió, pero estudios recientes han determinado que Kafka la tituló El desaparecido. Se publicó por primera vez en 1927. Desde 1982 la distribución de los capítulos y fragmentos se modificó, y la editorial Fischer publicó en alemán la edición definitiva)
El proceso (Der Prozeß, 1925). Novela inconclusa.
El castillo (Das Schloß, 1922). Novela inacabada.
La edificación de la Muralla China (Relato)
Carta al padre (noviembre de 1919)
Ricardo y Samuel (Capítulo de una novela, escrito en colaboración con Max Brod)

Relatos:

Preparativos de una boda en el campo (Hochzeitsvorbereitungen auf dem Lande, 1907-1908)
Der Dorfschullehrer o Der Riesenmaulwurf (1914-1915)
La muralla china (Beim Bau der Chinesischen Mauer, 1917). Versión previa a otra definitiva destruida más tarde por Kafka.
La obra (Der Bau, 1923-1924). También traducido como La construcción o La madriguera.

Obra epistolar, diarios y aforismos:

Aforismos, visiones y sueños (1917)
Cuadernos en octava (1917)
Diarios (1910-1923)
Escritos sobre sus escritos (1917) Publicado en España como Escritos sobre el arte de escribir, 2003.
Carta al padre (1919)
Cartas a Felice (1967)
Cartas a Milena
Cartas a Ottla
Cartas a la familia

(Fuente: Wikipedia)

Kenneth Patchen, poeta

¿SABEN LOS MUERTOS QUÉ HORA ES?

El viejo puso sobre la mesa su vaso de cerveza.
Hijo, dijo,
xxxxx(y una muchacha se acercó a nuestra mesa:
xxxxxnos pidió por Juan Cristo que le pagáramos de beber).
Hijo, quiero contarte algo
que nunca fue contado por nadie.
xxxxx(y la muchacha dijo: No tengo nada en vista esta noche;
xxxxx¿qué te parece si fuéramos los dos a tu casa?
Te contaré la historia del encuentro
de mi madre con Dios.
xxxxx(yo le susurré a la muchacha: No tengo cuarto,
xxxxxpero tal vez…)
Ella ascendió hasta la cima del mundo
y Él se le acercó directamente y dijo:
De modo que por fin has venido a casa.
xxxxx(¿pero tal vez qué?
xxxxxPensaba que me gustaría quedarme aquí y hablar contigo).
Mi madre comenzó a llorar, y Dios
la rodeó con sus brazos.
xxxxx(¿de qué?
xxxxxOh, simplemente hablar… algo encontraremos).
Ella dijo que era como si una niebla le cubriese el rostro,
y que había luz por todas partes, y que una voz dulce le decía:
Ahora puedes dejar de llorar,
xxxxx(¿de qué hablaremos que nos ocupe toda la noche?
xxxxxy yo le dije que no sabía).
Ahora puedes dejar de llorar.

COLEGIO EN LA ESQUINA DE LA CALLE

El año próximo la hierba de la tumba nos cubrirá.
Ahora estamos aquí, y reímos;
mirando pasar las muchachas;
apostando a caballos perdedores; bebiendo ginebra ordinaria.
No tenemos nada que hacer, ningún lugar donde ir; nadie.

El año pasado era hace un año; nada más.
Entonces no éramos más jóvenes; ni ahora más viejos.

Nos las componemos para darnos aires de jóvenes;
no sentimos nada detrás de nuestros rostros, ni hacia un lado ni hacia el otro.

Probablemente no estaremos por completo muertos cuando muramos.
Durante todo el camino nunca fuimos nada; ni siquiera soldados.

Somos los agraviados, hermanos, los muchachos desolados
sonámbulos en una tierra oscura y terrible,
donde la soledad es un cuchillo sucio contra nuestra garganta.
Frías estrellas nos observan, camarada.
Frías estrellas y las prostitutas.

(Versiones de Alberto Girri)

(De Poesía norteamericana del siglo XX, selección de Mario Morales y Eugenio Lynch, Centro Editor de América Latina, 1970.)

* * *

Kenneth Patchen nació el 13 de diciembre de 1911 en Niles, Ohio, EEUU y falleció el 8 de enero de 1972 en Palo Alto, California, EEUU.

Obras:

Before the Brave, 1936
First Will and Testament, 1939
The Journal of Albion Moonlight, 1941
The Dark Kingdom, 1942
The Teeth Of The Lion, 1942
Cloth of the Tempest, 1943
The Memoirs of a Shy Pornographer, 1945
An Astonished Eye Looks Out of the Air, 1945
Outlaw of the Lowest Planet, 1946
The Selected Poems of Kenneth Patchen, 1946
Sleepers Awake, 1946
Panels for the Walls of Heaven, 1946
Pictures of Life and Death, 1946
They Keep Riding Down All the Time, 1946
CCCLXXIV Poems, 1948
Red Wine and Yellow Hair, 1949
Fables and Other Little Tales, 1953
Poems of Humor and Protest, 1954
The Famous Boating Party, 1954
Hurrah for Anything, 1957
When We Were Here Together, 1957
Selected Poems, 1957
The Love Poems of Kenneth Patchen, 1960
Because It Is, 1960
Hallelujah Anyway, 1966
But Even So, (picture poems), 1968
Selected Poems, 1968
Collected Poems, 1969
Aflame and Afun of Walking Faces, 1970
Wonderings, 1971
In Quest of Candlelighters, 1972
The Argument of Innocence, 1976
Patchen’s Lost Plays, 1977
Still Another Pelican in the Breadbox, 1980
What Shall We Do Without Us, (picture poems), 1984
Awash with Roses: Collected Love Poems of Kenneth Patchen, 1999
We Meet, 2008
The Walking-Away World, 2008
Kenneth Patchen: A Centennial Selection, 2011
Selected Correspondence of Kenneth Patchen, 2012

Philipp Stölzl (2010) Goethe!

goethe10tc

Philipp Stölzl (1967, Alemania) dirigió los largometrajes The Expatriate (2012), Goethe! (2010), Nordwand (2008) y Baby (2002), además de algunos videos de Madonna, Garbage y Rammstein.

La película recrea un episodio en la vida de uno de los más importantes escritores alemanes (si no el más grande).

En 1772 Goethe (Alexander Fehling) tiene 23 años y estudia Derecho. Ha escrito algunos poemas y el drama Götz von Berlichingen.

Se ha trasladado a Wetzlar a dar su examen de doctorado a instancias de su padre, pero fracasa rotundamente. Habla mucho, bebe mucho y gusta de otras cosas distintas que las leyes.

Logra ser empleado en esa localidad entablando amistad con Wilhelm Jerusalem (Volker Bruch), otro estudiante, pero cuando conoce a Charlotte “Lotte” Buff von Wahlheim (Miriam Stein) se enamora perdidamente.

Los acontecimientos que vive a partir de ese momento, le darán inspiración y motivo para escribir una de sus obras más importantes.

Un film correctamente realizado que oscila entre la comedia y el drama con matices románticos.

Pedro Almodóvar (2013) Los amantes pasajeros

amantes-pasajeros-posters

Pedro Almodóvar (1949, España) tiene un estilo propio para hacer cine. Un estilo fácilmente reconocible, por su apelación al desparpajo, al absurdo de las situaciones que arma, por la elección de la música, por eso tan tendiente a la desmesura, a lo teatral dentro de la pantalla, al cine dentro del cine.

En su última película (también escrita por él) todo eso aparece diluido, como si al producto original le hubiese agregado tanta agua que se ha transformado en algo que nos hace recordar lo que estaba al principio, pero que es inoloro, inodoro e insípido. Y digo esto porque la calidad de la filmografía de Pedro permite esperar una obra digna. Y Los amantes pasajeros no la es.

La historia transcurre dentro de un avión, especialmente en el sector VIP y en la cabina de mandos, ya que por motivos que no es posible revelar, el papel reservado a la clase económica es otro. Y aquí cabría mencionar la posibilidad de una interpretación política de esta película. Es probable, pero eso no suma ni resta demasiado, creo.

El vuelo se dirige a México y un desperfecto al comienzo del viaje, hace que la nave tenga un grave accidente si no puede aterrizar e incluso, si ese aterrizaje no llega a buen término.

Esa es la excusa para que los pasajeros (los de la clase VIP) y la tripulación empiecen a mostrar sus comedias y tragedias personales. En el caso de las comedias, lo cómico brilla por su ausencia, y en el caso de lo dramático, no es posible tomarlo tan en serio como para deprimirse. Digo, el espectador.

El título para su estreno en países de habla inglesa fue It’s So Excited (título de un tema que se escucha en el film). Quizás se trata de eso.

Finalmente empiezo por el principio. La escena inicial es actuada por Penélope Cruz y Antonio Banderas, quienes NO vuelven a aparecer en el resto de la película. Lástima por Penélope, gracias por Antonio.

Ah, y lo del gazpacho fue en Mujeres al borde de un ataque de nervios ¿no?

Filmografía de Pedro Almodóvar: Los amantes pasajeros (2013), La piel que habito (2011), Los abrazos rotos (2009), La concejala antropófaga (2009), Volver (2006), La mala educación (2004), Hable con ella (2002), Todo sobre mi madre (1999), Carne trémula (1997), La flor de mi secreto (1995), Kika (1993), Tacones lejanos (1991), Átame! (1990), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), La ley del deseo (1987), Matador (1986), ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), Entre tinieblas (1983), Laberinto de pasiones (1982), Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), Folle… folle… fólleme Tim! (1978).

Henryk Mikołaj Górecki (1976) Sinfonía Nº 3, Op. 36 “Sinfonía de las canciones de lamento”

1. Lento. Sostenuto tranquilo ma cantabile (Lament swietokrzyski z “Piesni lysogórskich”)

2. Lento e largo. Tranquillissimo – cantabilissimo – dolcissimo – legatissimo (Zakopane “Palace” cela nr 3 sciana nr 3 Blazusiakówna Helena Wanda lat 18, siedzi od 25 IX 44)

3. Lento. Cantabile semplice (Piesn ludowa z opolskiego)

Henryk Mikolaj Górecki nació el 6 de diciembre de 1933 en Czernica, Silesia, Polonia y falleció el 12 de noviembre de 2010 en Katowice, Silesia, Polonia.

La lista de obras de Górecki está aquí.

León Tolstoi (1899) Sonata a Kreutzer

Tolstoi

León Tolstói publicó la novela Sonata a Kreutzer en 1889. El título alude a la Sonata N º 9 en La mayor para violín y piano, op. 47 de Ludwig van Beethoven que le fuera dedicada a Rodolphe Kreutzer, violinista, profesor, compositor y director de orquesta francés.

La conversación entre los pasajeros que comparten un viaje en tren trata sobre las relaciones matrimoniales entre hombres y mujeres.

Uno de ellos es Pozdnyshev, quien se da a conocer como la persona que ha matado a su esposa.

A partir de allí, la novela es el monólogo de este hombre que le confiesa al narrador de la novela la historia de su matrimonio, la relación de su mujer (pianista) con Trujachevsky (violinista), los motivos que lo llevaron a cometer el asesinato y por qué ahora está libre.

“-Tocaron la Sonata a Kreutzer de Beethoven. ¿Conoce el primer tiempo, el presto? ¿Lo conoce usted? -exclamó-.¡Oh…! Esa sonata es terrible. ¿Qué es? No lo comprendo. ¿Qué es la música? ¿Qué efecto produce? ¿Y por qué actúa de ese modo? Dicen que eleva las almas. ¡Es absurdo! ¡Es mentira! Ejerce una gran influencia (me refiero a mí mismo), pero no eleva el alma en modo alguno. No hace que el alma se eleve ni descienda, sino que la irrita. ¿Cómo explicarle esto? La música me obliga a olvidar mi existencia, mi situación real; me transforma.”

Es un relato fascinante, si bien sabemos desde el principio lo que hizo Pozdnyshev. Lo interesante es la descripción, el detalle psicológico y las palabras que Tolstoi pone en boca del personaje. Y además, la particular argumentación del asesino acerca de las relaciones sexuales y de los vínculos entre hombres y mujeres.

Un año después de su publicación y a raíz de que la novela fue censurada, Tolstoi escribió unos comentarios a la misma, que figuran en la edición. Si se la lee prescindiendo de esas palabras mantiene una intensidad especial.

Lev Nikoláievich Tolstói (Лев Николаевич Толстой) nació el 9 de septiembre de 1828 en Yásnaya Poliana, Tula, Imperio ruso y falleció el 20 de noviembre de 1910 en Astápovo (en la actualidad Lev Tolstói, provincia de Lípetsk), Imperio ruso.

Obras:
Infancia (Детство [Détstvo]; 1852)
Adolescencia (Отрочество [Ótrochestvo]; 1854)
Juventud (Юность [Yúnost’]; 1856)
Relatos de Sebastópol (1855-56)
Felicidad conyugal (1858)
Los Cosacos (Казаки [Kazakí]; 1863)
Polikushka (1863)
Dos húsares (1866)
Guerra y Paz (Война и мир; [Voyná i mir]; 1865-1869)
Anna Karénina (Анна Каренина; 1875-1877)
Confesión (1882)
La Muerte de Iván Ilich (1886)
La Sonata a Kreutzer (Крейцерова соната; 1889)
Iglesia y Estado (1891)
El Reino de Dios está en Vosotros (1894)
El Padre Sergio (1898)
Resurrección (Воскресение [Voskresénie]; 1899)
Hadji Murat (Хаджи-Мурат [Jadzhí-Murat]; 1912) (póstuma)
No Puedo Callarme
Cuentos Populares
¿Qué es el Arte?
Cantando por mi vida
La escuela de Yásnaia Poliana
El diablo (1911) (póstuma)
De las memorias del príncipe D. Nejliúdov. Lucerna (1857)
Albert (1858)
Tres muertes (1858) (relato)
Nuevo abecedario (1872-1875)
El origen del mal

René François Xavier Prinet, “Sonata a Kreutzer”, 1901

Danny Boyle. Trance (2013) En trance

trance

La última de Danny Boyle (1956, Inglaterra), el director de 127 hours (2010), Slumdog Millionaire (2008), Sunshine (2007), Millions (2004), 28 Days Later (2002), The Beach (2000), A Life Less Ordinary (1997), Trainspotting (1996) y Shallow Grave (1994), además de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Acá la historia la pone en marcha el robo de una pintura de Goya durante el transcurso de una subasta, luego de haber sido vendida por veintisiete millones y medio de libras esterlinas. En una operación comando Simon (James McAvoy) se encarga de sustraer la tela y en el momento en que Franck (Vincent Cassel) decide prescindir de él, lo golpea dejándolo inconsciente mientras huye junto a tres cómplices con la preciada obra.
Más tarde, al desenvolver la funda donde estaba el Goya descubren que está solo el marco.
Simon es internado para que se recupere y al salir, los cuatro ladrones lo secuestran para que les diga dónde está la pintura.
Pero Simon no lo recuerda, aunque es torturado salvajemente.
Recurren a Elizabeth (la bella, sensual e intrigante Rosario Dawson), una hipnotizadora que tratará de hacer que Simon diga cuál es el paradero de la valiosa tela.

Lo que en principio resulta una película visualmente impactante y un planteo interesante (con reminiscencias a Inception), finalmente no lo es tanto, ya que el mayor defecto es la “explicación” que Boyle pone en boca de uno de los personajes, para que “explique” de qué se trata todo esto que incluye pistas falsas, idas y vueltas. Esto permite captar la atención del espectador. Pero al final, todo se diluye.

Michel Ocelot. Kirikou et la sorcière (1998) Kirikou y la hechicera

kirikou-et-la-sorciere

Michel Ocelot (1943, Francia) es el autor y director de esta maravillosa película de animación, coproducción entre Francia, Bélgica y Luxemburgo.

Es la historia del pequeño Kirikou, en una tribu de África, quien desde su nacimiento es un niño especial ya que quiere encontrar respuestas a cosas que todos dan por obvias y por ya respondidas. La hechicera Karabá es quien mantiene a la gente oprimida porque les ha quitado el agua de un arroyo cercano y ahora tienen que caminar mucho para obtener el agua. Y a quien tienen que dar todas las pepitas de oro que encuentren.

Y lo que también preocupa a Kirikou es que no haya casi ningún hombre en la aldea, ya que han ido a luchar contra la hechicera y no han regresado.

Visualmente hermosa, con dibujos hechos a la manera “antigua” y con la música del excelente cantante y compositor senegalés Youssou N’Dour.

Filmografía de Michel OcelotKirikou et les hommes et les femmes (2012), Les contes de la nuit (2011), Dragons et princesses (serie de TV, diez episodios, 2010), Azur et Asmar (2006), Kirikou et les bêtes sauvages (2005), Princes et princesses (2000), Kirikou et la sorcière (1998), Les contes de la nuit (película para TV, 1992), Ciné si [serie de TV: La princesse des diamants (1989), Icare (1989) y Le manteau de la vieille dame (1989)], Les quatre voeux du vilain et de sa femme (corto, 1987), Le prince dompteur (serie de TV, 1983), La légende du pauvre bossu (corto, 1982), Les filles de l’égalité (corto, 1981), Les 3 inventeurs (corto, 1980).

Hermanos Esteban Alenda (2008) Silba Perfidia

De elcortometrajen100nombres.com:

Los hermanos César y José Esteban Alenda han escrito, producido y dirigido cinco cortometrajes que han participado en más de 300 festivales nacionales e internacionales. En 2009 fueron galardonados con el premio Goya al mejor cortometraje de animación por La increíble historia del hombre sin sombra y en 2010, con El orden de las cosas, recibieron, entre otros muchos premios, el primer premio y Roel de Oro en la XXIII Semana de Cine de Medina del Campo, y el primer premio de honor Caja Mediterráneo (CAM) a la mejor producción en el XXXIII Festival Internacional de Cine Independiente de Elche.

César, licenciado en Arquitectura, compagina su labor como director y guionista en Solita Films con otras disciplinas artísticas como el diseño gráfico y trabajos en estudios de arquitectura.

José, licenciado en LADE y máster europeo en Gestión Audiovisual (MEGA 2003), combina su trabajo como productor en Solita Films con labores de producción ejecutiva y dirección de producción para otras empresas productoras nacionales e internacionales.

Filmografía:

  • 2010. El orden de las cosas
  • 2008. Silba Perfidia
  • 2008. La increíble historia del hombre sin sombra
  • 2007. Manolo Global
  • 2006. Manolo marca registrada

Páginas web: www.solitafilms.com www.elordendelascosas.com

Diana Cohen Agrest / Legitimadores de la impunidad

(Publicado en La Nación, 5.7.2013, lanacion.com.ar)

“Yo soy una especie de cocinero al que le dan los ingredientes y la receta, y tengo que hacer huevos fritos”, se justificó cuando se me apersonó el defensor oficial del asesino de mi hijo. Omitía que la receta es una interpretación que el garantoabolicionismo hace de la ley con la cual viola la protección del derecho a la vida. Esa vida que le fue arrancada a Ezequiel Agrest cuando los jueces del tribunal de Morón, Parera, Thompson y de Carlo, excarcelaron a un delincuente que tenía en su haber once causas graves previas y con sus firmas sentenciaron a muerte a un inocente.

Pese a que un Tribunal Oral en 2012 condenó al asesino a la pena perpetua, los jueces de Casación Slokar, Figueroa y Ledesma ordenaron a los jueces Rojas, Altieri y De la Torre rebajar la condena. La audiencia en ese tribunal, que condenso con citas textuales, fue un modelo de tantas otras causas legitimadoras de la impunidad que no llegan al público.

Tras el reconocimiento del homicida como único autor, el fiscal termina excusándolo -“lo noto arrepentido”, dijo, una percepción subjetiva que serviría de atenuante para solicitar una pena menor a la pedida por la querella- e incumpliendo su función en el ministerio público: acusar de su culpabilidad al victimario, en cuanto el fiscal representa los valores vulnerados de la sociedad y la protección del cuerpo social.

El nudo del drama aceitaba la maquinaria retórica que se desplegaría en el desenlace. Pues el alegato de mayor vuelo fue el del defensor oficial Gustavo Ferrari (homónimo del diputado), quien con resonancias filosóficas comenzó por reconocer que no “podemos dejar de tener en cuenta que la justicia perfecta entre el mal causado y el sufrimiento que se pretende imponer” es imposible. A modo de dilema personal (irrelevante en la impartición de justicia), confesó: “Me ponen mal, porque hay un mal que no puedo reparar”. Puedo aliviar su mal, señor defensor, pienso entonces. Pues la respuesta la tengo hasta yo que, aunque lega en el arte de la ficción jurídica, algo sé de la ética que debería fundar el derecho: aunque la justicia perfecta es imposible, los jueces deben intentar reparar lo irreparable hasta el punto de que la ausencia perpetua del muerto se compense con la cesión perpetua de la libertad del asesino. “No quiero causar un daño mayor que el que ya se causó”, dice entonces. Señor defensor -me digo en mi monólogo interior-, usted sufre de una confusión conceptual: no se trata de dos males, sino de un bien, la condena, que intenta compensar vicariamente el mal primario que el homicida conculcó, restituyéndose así la justicia debida. “Matémoslo -concede retóricamente el defensor a un verdugo imaginario con el solo fin de deslegitimar esa posibilidad-; si no tiene ninguna posibilidad de ser redimido, si no puede haber equilibrio simbólico entre la pena y el delito, el castigo se llama venganza.”

No, señor defensor, señores jueces, no es venganza: es justicia. Señores jueces, la resocialización no se menciona en nuestra Constitución Nacional y, de promoverse -para quien mató a un inocente-, por debida Justicia debería ser intramuros.

“Te voy a prisionizar para que, como una picadora de carne, te aniquile”, amenaza al reo el adicto a las analogías gastronómicas como portavoz ficcional de la ley. Señor defensor -cocinero, digo para mí misma-, los gusanos están haciendo el trabajo de picadora de carne de los despojos de mi hijo. Y en la angelización del delincuente -negada por su prontuario- termina por equiparar un homicidio a un error trivial cuando interroga a los jueces: “Si en el caso puntual, el que se equivocó fuera nuestro hijo, ¿pensaríamos lo mismo?”. Invirtamos los términos, pienso yo: si el inocente sacrificado fuera hijo del defensor y de los jueces, ¿pensarían lo mismo? Señores magistrados, creía erróneamente que en la Justicia reina la imparcialidad y no la subjetividad de quienes juzgan.

El defensor lleva su alocución a una hipérbole extemporánea cuando asevera: “Si lo pudiéramos encerrar en la mazmorra más oscura y tirar la llave, lo haríamos”. ¿Acaso el asesino no encerró a mi hijo en la mazmorra más oscura y tiró la llave?

El defensor Ferrari invita a que el acusado pueda “ver al final del túnel una luz”. “Si le quitamos esa meta, le vamos a quitar el destino.” Señores jueces, el asesino le quitó la meta y el destino a mi hijo, quien sólo pudo ver la luz al final del túnel cuando ingresó en ese otro mundo, si lo hay.

“Parece sincero, parece arrepentido y pidió perdón”, dice el defensor. ¿Qué valor -me interrogo perpleja- tiene semejante cadena de conjeturas? Señores jueces, en su fallo exculpatorio, ustedes rebajaron la pena invocando el presunto arrepentimiento y el pedido de perdón. Pero el único que puede perdonar es quien ya no está para concederlo. Y a nosotros, los enlutados, no se nos preguntó si concedíamos ese perdón ante el daño infligido a nuestras vidas. Por lo demás, arrepentimiento y perdón son nociones extrajurídicas, de índole religiosa o espiritual que ustedes, responsables de impartir justicia, no tienen el derecho moral de invocar. El perdón del derecho penal es un resabio de los reyes que perdonaban la vida del condenado y, en un Estado que abolió la pena de muerte, invocar el perdón es una extrapolación ilegítima.

Coronando su discurso, el defensor declaró que si no se tuviera en cuenta el arrepentimiento, “se produciría una violación del principio de proporcionalidad y de ecuanimidad”. Me pregunto, entonces: ¿qué proporcionalidad y qué ecuanimidad son proclamadas cuando el asesino vive su vida y la víctima inocente se desintegra en un cajón? Al absolverlo, el defensor declara que el asesinato “no se le puede imputar al detenido, sino al Estado”.

Coincido parcialmente, y corrijo: al asesino y al Estado. Pues los exponentes de esta auténtica canallada disfrazada de teoría son los responsables de la muerte de miles de inocentes durante la última década. La sociedad, vulnerada en sus valores y vulnerable por su impotencia, ¿tendrá la oportunidad de juzgar a estos genocidas de la democracia como se juzgó a los de la dictadura? La crónica de este simulacro visibiliza los miles de procesos exculpatorios de una justicia penal que fracasa cuando se orienta a la sola prevención del delito. Y su justificación, la “teoría de los huevos fritos”, es un remedo de la célebre figura de la obediencia debida. Una responsabilidad difusa que interpreta la ley con complicidad criminal, hoy promovida desde el Estado de Derecho.

* * *

Diana Cohen Agrest nació en Buenos Aires, Argentina y es filósofa. Es Doctora en Filosofía con una tesis sobre el tema “Las paradojas planteadas por el suicidio en la filosofía de Baruch Spinoza: ¿Imposibilidad lógica o realidad fáctica?” y obtuvo un Postdoctorado en la Monash University de Australia. Es docente de la Universidad de Buenos Aires y ha publicado numerosos artículos, en particular sobre cuestiones relacionadas con la Ética y la Bioética.

Es autora de los ensayos El suicidio: deseo imposible (O la paradoja de la muerte voluntaria en Baruj Spinoza) (2003), Temas de Bioética para inquietos morales (2004), Inteligencia ética para la vida cotidiana (2006), Por mano propia (Estudio sobre las prácticas suicidas) (2007), ¿Qué piensan los que no piensan como yo? (2008), Ni bestias ni dioses (Trece ensayos sobre la fragilidad humana) (2010) y Ausencia perpetua (Inseguridad y trampas de la [in]Justicia) (2013).

En 2000 realizó la primera traducción del francés al castellano de Introducción a “El origen de la geometría” de Husserl, de Jacques Derrida.

Carlos Ares / Treinta años

(Publicado en Perfil, 30.6.2013, www.perfil.com)

Todos los que votaron por primera vez en octubre de 1983, después de ocho años y medio de dictadura, cuando vuelvan a votar una vez más, el próximo octubre, tendrán cincuenta, o más, años de edad. Entonces, Raúl Alfonsín, el líder del radicalismo, prometía investigar los crímenes de la dictadura. Italo Luder, la cara conservadora del peronismo, hablaba de la necesidad de la “reconciliación” nacional.

Alfonsín quería juicio y castigo. Luder quería legalizar la “autoamnistía” que se habían aprobado los militares para evitar ser juzgados. Se abrían locales partidarios, se redactaban programas, regresaban dirigentes, artistas, ciudadanos obligados al exilio exterior o interior, las ideas hervían en el fuego de la discusión. Había, ahí nomás, un país posible.

Y entonces, como dice una canción de Serrat, “llegaron ellos”. En este caso, “ellos” son los años.

Seis de radicalismo, veintidós de peronismo, dos más de Alianza entre peronistas y radicales. A las promesas las sucedieron los hechos, las decisiones, las relaciones de poder, lo que se podía, lo que no, la Semana Santa, el punto final, la obediencia debida, el Plan Austral. Era necesario estimular la esperanza, y a las promesas modestas las sucedieron entonces las promesas fantásticas.

Y llegaron más de “ellos”. Menem, los indultos, Cavallo, Manzano, “uno a uno” fuimos cayendo en la trampa. Y así, la Alianza, peronismo, radicalismo, Nilda Garré, Abal Medina, Débora Giorgi, Diana Conti, y otra vez Cavallo, y el corralito, y el 2001, y Duhalde, y Aníbal Fernández, y Kosteki y Santillán, y los Kirchner, y así, y hasta ahora, y Boudou, y Lorenzino, y Kunkel, y Aníbal Fernández, y Gerardo Martínez, y Lázaro Báez, y una cantidad de tipos y minas que se dedicaron después a reescribir su pasado para contarse la propia historia como un “relato” heroico del que fueron protagonistas.

Y mientras “ellos” pasaban, “nosotros” compramos y consumimos todas las versiones de la “revolución”: la del “imperio de la ley”, la “productiva”, la “ideológica” que nos vendieron  los mismos que aprobaron las privatizaciones y apoyaron después la estatización, vendimos mal y recompramos al doble y se pagó con desocupación y miseria todas las fiestas del consumo, la del “deme dos”, la del “uno a uno” y ahora la del subsidio. Todas terminaron con el malestar de una resaca insoportable y hubo que vomitarlas. Que se vayan en 1989. Que se vayan en 1999, que se vayan todos en 2001, que se vayan en 2013.

Podemos vernos ahora, hoy, dispuestos, obligados casi, a elegir nuevamente, a optar, ¿entre qué?

Tenemos más prejuicios sobre los candidatos  que información sobre programas o ideas. No los reconoceríamos en fotos ni podríamos siquiera deletrear el nombre completo de los frentes electorales que representan. Los que disponen de “cajas”, de dinero público o son financiados por intereses privados van a invertir fortunas en carteles, en avisos o en programas de radio o de TV por cable, previo pago “por otra ventanilla” a quien los entrevista.

Parece ser que la batalla es ahora por la Constitución. Para evitar que la reformen a gusto de los que mandan. Treinta años después, entonces, volvemos a recitar el preámbulo: “Nos los representantes”  –es decir, “nosotros, hoy, aquí, ahora”–, todo lo que queremos y seguimos esperando es “afianzar la justicia”, “constituir la unión nacional”, “consolidar la paz interior”, “proveer a la defensa común”, “promover el bienestar general”, “asegurar los beneficios de la libertad” para todos los “nosotros” que quieran habitar…
*Periodista, coordinador de AM 1110 – La Once Diez, FM 92.7 – La 2×4 y el Canal Ciudad Abierta, medios públicos de la Ciudad.

Guillermo Raffo / El buenismo (versión optimista)

(Publicado en Perfil, 30.6.2013, www.perfil.com)

En nombre del antikirchnerismo no dialoguista quisiera ejercer mi derecho a réplica en relación con la nota “Elogio del diálogo” que Pablo Avelluto escribió para La Nación. Lo lógico sería hacerlo en el mismo diario que la publicó, pero me parece que están muy ocupados con el Papa. Además, si todavía a esta altura hay que seguir debatiendo estas pelotudeces, prefiero cobrar por hacerlo.

Ah, pero si empezamos así, descalificando, ¿qué tipo de conversación puedo pretender? Ninguna. No me interesa. Desde hace diez años estamos conversando sobre cosas que no me interesan a mí y no le interesan a nadie. Lo hacemos sólo porque el Estado nos obliga, mediante acciones que no le corresponden, invadiendo de manera arbitraria y antinatural nuestra vida privada. Como somos más civilizados que ellos, sólo sabemos defendernos con la palabra. Pero también la queremos a la palabra. No la vamos a usar para cualquier cosa.

No hay evidencia que sostenga la idea de que se puede dialogar con el kirchnerismo. Sí hay mil ejemplos de cómo el tipo de interacción psicopática que caracteriza a Cristina Kirchner y sus minions invoca el diálogo, la tolerancia y el amor cada vez que quiere actuar en sentido opuesto. Recordemos la transversalidad, o el cierre a los gritos del discurso de hace cuatro días: “¡Es mucho más fácil querer que odiar, viva la República!”. El llamado al diálogo que hace Avelluto propone validar definitivamente esa demencia, aceptar la manipulación. Paradójicamente, es una invitación a anular toda posibilidad de diálogo genuino.

Avelluto escribió su nota para promocionar un documental que tengo muchas ganas de ver, centrado en las conversaciones de dos personas que me caen más que bien: Héctor Leis y Graciela Fernández Meijide. Los menciona como ejemplo de saludable diálogo adulto, y se pregunta por qué no podemos dialogar así, como lo hacen ellos. Mi respuesta es: sí podemos, lo hacemos todos los días. Lo que no podemos –y ellos tampoco– es dialogar con Guillermo Moreno y sus equivalentes. La pregunta no es si podemos dialogar con alguien que piensa que abusar de la gente está mal, sino cómo hacemos para dialogar con quien piensa que abusar de la gente está bien, y si deberíamos hacerlo.

El procedimiento de Avelluto (“¿por qué ya no dialogamos?”) no es muy distinto del de Mafalda, cuando le preguntaba a la gente si era buena. Menos el gato, todos le decían que sí. Las respuestas eran demagógicas, aun cuando la pregunta no lo fuera; desencadenaban un ataque de “buenismo” muy similar al que produjo la nota de Avelluto, elogiada instantáneamente por el amplio espectro que va de Mauricio Macri al progresismo culposo, pasando por Cecilia Pando. Observemos que no hay registro de que Macri haya mantenido un diálogo significativo en su vida. Cecilia Pando no sé, me parece que tampoco. Como la música y la monogamia, “el diálogo” suele ser defendido en abstracto, con mayor intensidad por quienes menos lo practican. Y así como hay música buena y monogamia buena, música horrible y monogamia enferma, también hay diálogos deseables y diálogos a los cuales nadie en su sano juicio podría aspirar.

El kirchnerismo es un zombie con un palo rompiendo los vidrios de tu casa mientras grita que te quiere. Avelluto le pregunta: “¿Cuánto mejores seríamos si pudiéramos dialogar? ¿Cuánto mejor nos iría?”. Dialoguemos, joven zombie. Hay siete mil millones de habitantes en la Tierra. ¿Justo elegís el zombie para dialogar? ¿Por qué? ¿Era tu amigo? ¿Era tu hermana? Te entiendo, pero no es problema mío, el resto de los mortales no tenemos la culpa. En el escenario optimista, suponiendo lo mejor, Avelluto es el personaje que escucha un ruido en el bosque, a la noche, y sale de la cabaña en calzoncillos a ver qué es, para causar una buena impresión en la chica que lo acompaña. Tiene derecho, pero –como todos sabemos– muere antes; sus intenciones nobles valen cero en el tablero de la realidad.
*Escritor y cineasta.

Luc Bergeron (Zapatou) / Le meilleur du web * Best of Web * Lo mejor de la web

Cinco compilaciones con imágenes obtenidas de You Tube por Zapatou (Luc Bergeron), un director, actor y editor de video residente en Montreal, Canadá.

Investigador para el programa VLOG en TVA. Realizó la edición de vídeo de Google Zeitgeist 2012. Un apasionado de la edición de vídeo Avid para la web.

twitter.com/Zapatou

www.youtube.com/user/zapatou

Antiviral (2012)

Syd March (Caleb Landry Jones) trabaja para The Lucas Clinic, una empresa que se dedica a vender los virus de las enfermedades que tienen o han tenido las celebridades del mundo del espectáculo. Es un negocio absolutamente lucrativo ya que hay fanáticos, como Edward Porris (Douglas Smith), que demandan este “recuerdo” de sus admirados para sentirse como ellos y ellas.

Hannah Geist (Sarah Gadon) es una de esas hermosas actrices que acaba de morir. Syd, secretamente, se inyecta con el mismo virus que ha matado a Hannah pero desconoce qué tipo es ni cómo combatirlo.

Si bien disfruta teniendo los síntomas de la enfermedad, está muriendo también, por lo que necesita conseguir el antivirus.

Brandon Cronenberg (1980) es hijo del maravilloso director canadiense David Cronenberg. Antiviral es su primer largometraje. Antes había hecho dos cortos: The Camera and Christopher Merk (2010) y Broken Tulips (2008). En los tres films también fue autor del guión.

Antiviral es una película tremenda. Excelentemente fotografiada y actuada, con la dosis de inquietud, misterio, incomodidad y sangre que merece tener esta historia a la cual prefiero pensar como actual (y en la línea de Crash), más que como ubicada en otro espacio y en otro tiempo.

Tomás Abraham / Ubú, Rigoletto y algo más

(Publicado en Perfil, 28.4.2013, www.perfil.com)

La ciudadanía no entiende, pero sospecha, y sufre por una crisis de representatividad que excede a la política o la economía. Se impone el relato kirchnerista del “a favor o en contra”. Antagonismos heredados y la difícil tarea de explorar caminos que alejen del odio.

Escenas. El Gobierno duro y amigable con el Papa, las protestas que no ganan más que la calle, triunfalismo partidario en plena inundación y un acuerdo con Irán rápido y con poca explicación. Como todo.

Los ciudadanos somos los convidados de piedra de lo que acontece en la política nacional. No entendemos nada. No sabemos lo que pasó entre Irán y la Argentina para que se firmara un súbito acuerdo con quienes eran acusados de perpetrar un crimen de lesa humanidad contra hombres y mujeres de nuestro país. Se hizo, se votó, y a otra cosa. No resulta nada claro que representantes de nuestro gobierno y voceros kirchneristas denuncien a Jorge Bergoglio por complicidad y entrega de sacerdotes a la dictadura militar y luego se inclinen ante el papa Francisco con lágrimas en los ojos, conmovidos por su amor a los pobres. Se hizo, asistimos a la conversión, y a otra cosa.

No entendemos nada de inundaciones ni de entubamientos, y menos de viajes turísticos de dirigentes mientras sus representados se ahogan. Se secó la tierra, no llueve, y a otra cosa.

Menos aun somos juristas que pueden tomar posición sobre cautelares, cámaras de casación, sistemas de votación en consejos de la magistratura y jueces ignotos que debemos elegir para que nos juzguen con justicia. No entendemos nada porque nadie quiere que entendamos nada. El poder se basa en el secreto. Se reúnen un par de elegidos, sacan de la galera reformas trascendentes, se ponen de acuerdo en hacerlas ley, y se pasa a otro tema para llenar la agenda barullera.

Se dice que con la Ley de Medios se recorrió el país y participaron decenas de asociaciones con fines de lucro. La verdad es que en lo personal –tres décadas de profesor de la UBA y columnista de actualidad– me lo perdí, y no por distraído.

Nosotros estamos para que un par de veces cada dos años pongamos una papeleta en una urna y esperemos el próximo llamado para repetir la ceremonia.

Dicen que la ciudadanía está activa, indignada, y que no se somete al poder. Los que salen a la calle lo hacen porque están en contra del Gobierno o porque están a favor. Unos en contra por la inseguridad, la corrupción, porque no quieren montonerismo o camporismo, por defender a la república o por el cepo. Otros a favor por la patria grande, por los planes, por los favores, por el modelo, por el pogo, por Evita y por Néstor.

Pero lo que se llama participación, comprensión, educación política, debate profundo, intercambio de ideas… cero.

Diputados y senadores se retiran del recinto o se quedan para hablar 24 horas sin pausa. Unos dicen que se terminó la democracia y que la Justicia está en manos de un par de tiranos. Otros se felicitan porque la corporación judicial ha sido vencida y el pueblo controlará el funcionamiento de los estrados.

Todo este descalabro está programado. No quieren que pensemos. No quieren que sepamos. Sólo nos dejan sospechar. Cuando se gobierna en el secreto, sólo cabe la adivinanza. El ágora electrónica ya no es un ágora. Se enrejó la plaza pública. Se entra con credenciales. No hay programas televisados en que los dirigentes y representantes del pueblo confronten y expongan sus posiciones para que entendamos un poco de qué se trata. Cada espacio periodístico está controlado para que se refuerce la línea editorial preestablecida. Cada pregunta conlleva su respuesta. Hay excepciones que se pueden contar con el dedo de una mano: Plan M, felicitaciones.

Es la política de la ignorancia y del manijazo.

Es posible que este modo de gobernar siga así. La democracia representativa está en crisis. Acá y en el 80% del orbe. Lo está porque los partidos políticos han desaparecido. Son migas desparramadas de un viejo pan. Sólo unos pocos países conservan la tradición partidista, aunque pinchada con alfileres. El sistema republicano ya no es sólo poroso sino poceado sin remaches. El sistema delegativo sin partidos nos retrotrae a los tiempos previos a la Ley Sáenz Peña. Caudillos de distrito, punteros de su riñón y tropa de choque.

Estamos en un problema. Pero se puede sobrevivir con inestabilidad política si hay una base firme de crecimiento económico y alianzas de poder que sostenga un sistema. Hay ejemplos. Italia tuvo décadas de parlamentarismo transitorio y enriquecimiento sostenido. Brasil se gobierna bien a pesar de las miles de causas de corrupción que la Corte Suprema tiene contra el partido oficial, y lo hace por la dinámica de una red de influencias regionales y un poder económico bien pertrechado. Nosotros estamos en un problema. No consolidamos las partes por arriba ni las consolidamos por abajo. En lo político debemos optar por una dictadura plebiscitada o por una fragmentación anárquica. Como no nos gusta del todo ninguna de ellas, mezclamos la baraja y nos da este pase extraño que se llama “democracia a la argentina”.

En lo económico es verdaderamente misterioso. Supongamos que los ministros de economía sean Ubú –el personaje patafísico del teatro bufonesco de Alfred Jarry– y Rigoletto, el bufón jorobado de Verdi. O sea, dos bufones a la manera de la monarquía bicéfala de la vieja Esparta.

Ubú es kirchnerista y juega todo por el modelo. Inflación del 30%, aumento de salarios alrededor del 25%, gasto público elevado, impresión de nuevos billetes 40%, subsidios para que en el tren cueste $ 1 el viaje, tasas de interés bien bajas para que todo el mundo salga a comprar fideos y lava-vajillas antes del aumento, créditos a sola firma, pesificación de la economía y mantenimiento del mercado a altas temperaturas.

Resultado: población económicamente activa ocupada en un porcentaje aceptable, consumo acelerado, desorden de todas las variables, control cada vez más riguroso para que no desmadre el sistema, y a aguantar con el poroto y los autos, ya que los ladrillos de-saparecieron. Economía en la montaña rusa. Es lindo mientras no descarrile; cuando lo haga… no, mejor ni pensarlo.

Viene Rigoletto. Tiene otro modelo en mente. Abrirse al mundo. Traer dólares. Vienen las golondrinas. Se quedan un rato. Las tasas de interés suben. Se libera el cepo. El dólar blue baja y se aproxima al oficial. Hay verdes. Se estabiliza la moneda dura y poco a poco la gente larga el verde y pone en plazos que con el tiempo comienzan a bajar. Vuelven los ladrillos. Se baja la inflación con el congelamiento de los salarios. Para eso hay que promulgar una ley por la que los salarios se establezcan por empresa, como dicen que se hace en Chile. Recesión. Bajan las importaciones. Hay más superávit comercial. El Banco Central aumenta sus reservas. Obra pública financiada a interés bajo y empleo de mano de obra desocupada.

Ubú acusa a Rigoletto de neoliberal. Rigoletto a Ubú de llevar al país a un nuevo Rodrigazo. Ubú quiere la nacionalización del comercio exterior y una cadena de supermercados estatales. Rigoletto sueña con el desmembramiento de la CGT y el orden en las calles y en las clases. Rigoletto denuncia al populismo como el gobierno de unos pocos ricos votado por los pobres. Ubú denuncia al neoliberalismo como el gobierno de unos pocos ricos votado por los pobres…

En esto último hay plena coincidencia, una especie de justo medio pero con la soga cortada.

Pero no todo es política ni economía. Hay algo más.

Héctor Leis, en sucesivas notas periodística y en su libro Un testamento de los años 70, sugiere que para que el país no caiga nuevamente en un abismo de violencia es necesario terminar con el relato que ha hecho de la década del 70 el ejemplo de una juventud maravillosa.

Pide un arrepentimiento general de todos los involucrados en la lucha armada en aquellos tiempos, y en especial, ya que no son objeto de juicios como sí lo son los cómplices de la dictadura militar, un pedido de perdón de los miembros de las formaciones especiales de las que él también formó parte.

El relato basado en el sistema de los 70 es sin duda nefasto. Es el resultado de una estafa ideológica. Se usa un perimido canto de liberación con fines de venganza y persecución. Pero la sugerencia de que la iniciativa debe provenir de los ex combatientes de aquella gesta que sean parte del kirchnerismo y de nadie más y de sólo ellos supone que quienes no tomaron las armas poco tienen que decir –como lo señala en su nota (La Nación, “Elogio de la Traición”, 24/4/2013): “No precisamos de intelectuales o militantes que en los años 60 o 70 la vieron pasar de cerca, precisamos ex guerrilleros…”–, que están fuera de la historia y nada pueden aportar.

Parece que no se sale tan fácil del deseo de ser protagonista de alguna vanguardia. Imaginamos que los argentinos que no participamos de la lucha armada seguimos con derechos y facultades de opinión y pensamiento respecto de lo que sucede y sucedió en nuestro país. Al menos hasta nuevo aviso.

Va a ser muy difícil que luego de diez años de triunfalismo camporero y kirchnerista ahora resurja una camada de ex guerrilleros de 60 y más años para dar vuelta el relato nacional enarbolado por el Gobierno. Hasta ahora no lo han hecho; por el contrario, es lo que más festejan.

La reconsideración de la violencia armada de los 70 se hizo durante el alfonsinismo tanto en el Club Socialista del que habla Leis, como del grupo Esmeralda, como en quienes optaron por la socialdemocracia y criticaron la lucha armada.

Hoy muchos de ellos son kirchneristas. También hubo otra reconsideración cuando el denostado Carlos Saúl Menem, peronista y preso durante la dictadura, pregonero del nacionalismo y de las montoneras, “traicionó” –como quiere Leis que se haga nuevamente desde las huestes de ex montoneros kirchneristas– y se abrazó con el almirante Rojas, dictó el indulto y se amigó con los Alsogaray. Hay muchos modos de poner fin a un odio entre sectores; el de Menem no habrá sido el soñado, pero la guerra entre peronistas y antiperonistas reconfigurada hoy en día posiblemente necesite también algún abrazo entre vivos, además de la propuesta de Leis de levantar un memorial con los nombres de los muertos de aquellos años.

“Traicionar”, como pide, no es lo mismo que “arrepentirse”, y por lo general el arrepentimiento es personal, no es usual un arrepentimiento de miles en tiempos breves, y lo es menos si son simultáneos. Por otra parte, la Argentina de hoy existe. No se resume en su visión de lo que aconteció hace cuatro décadas por más que el sistema de los 70 oficie de discurso legitimante. Los problemas políticos y económicos de hoy, y que viven las actuales generaciones, tienen al menos tanta consistencia material como las realidades heredadas.

Italiensk for begyndere (2000) Italiano para principiantes

Andreas (Anders W. Berthelsen), es pastor, además de haber enviudado recientemente y comienza a trabajar en una iglesia reemplazando al anterior religioso a quien han suspendido.
Olympia (Anette Støvelbæk), es empleada en una panadería y regularmente ve a su padre enfermo y autoritario.
Karen (Ann Eleonora Jørgensen), es peluquera en una local que alquila y recibe las intempestivas visitas de una madre enferma.
Jørgen Mortensen (Peter Gantzler), soltero y empleado en un hotel es amigo de Halvfinn (Lars Kaalund), que está al frente del restaurante del mismo hotel y que trabaja con Giulia (Sara Indrio Jensen), su moza italiana.

Todos ellos se irán conociendo pero los vínculos se cerrarán aún más cuando sus historias confluyan en un curso para aprender italiano.

Al comienzo la narración tiene más que ver con el drama ya que varias de esas vidas están relacionadas con la enfermedad y la muerte.

Pero los encuentros y desencuentros de los personajes derivarán en una suave comedia (que respeta los criterios del Dogma 95) excelentemente actuada y narrada.

Lone Sherfig (1959, Copenhague, Dinamarca) dirigió además One Day (2011), la excelente An Education (2009, conocida en Argentina como Enseñanza de vida), Hjemve (2007), Wilbur Wants to Kill Himself (2002), Når mor kommer hjem (1998) y Kaj’s fødselsdag (1990).

Rafael Toriz / Padres escritores. A la sombra de los astros

(Publicado en Perfil, 9.6.2013, www.perfil.com)

Como esperanza o cataclismo, la paternidad es uno de los temas principales de la literatura. ¿Existe una coherencia ética en los creadores? La intimidad de algunos grandes personajes permite comprender las heridas de los ahijados a su reino.

Octavio Paz. Engendró con la escritora Elena Garro a su hija, Helena Paz. Hemingway. El hijo del macho americano cambió de sexo.Thomas Mann. Su figura proyectó una sombra sobre Klaus. Salinger. Según su hija, más que guardián era verdugo.

Dentro de las múltiples historias trágicas que pueblan la literatura, probablemente pocas sean tan infelices como las de las familias de los grandes escritores, existencias complejas y atribuladas que, debido al fulgor de los prohombres que las cobijan, suelen consumir a los que los rodean, especialmente a sus hijos.

Y es que retoñar, lógica de todo lo viviente, encuentra en el ser humano una contradicción radical que, de acuerdo con el biólogo Richard Dawkins, sería la esencia misma de nuestro mapa genético. Por lo tanto, engendrar descendencia, pese a milenios de civilización, no sería otra cosa que la manifestación del instinto ciego de la vida, de manera similar al huevo, que utiliza a la gallina para perpetuarse.

Desde que el mundo es mundo, y para que lo sea, el hecho de pasar la estafeta es lo que ha nutrido y fecundado la historia de la vida. Somos lo que somos debido a la humana capacidad de transmitir lo heredado, ensanchando la cultura con los libros, dotándola de intérpretes gracias a la cópula.
Retoñar, sin embargo, pocas veces ha sido promesa de plenitud y larga vida. Resulta paradójico que, para algunos célebres autores, engendrar descendencia haya sido el revés de su actividad primigenia, dando testimonio de que la luz de los astros estelares es también la que proyecta los eclipses más espesos. Y las sombras más oscuras.

Acaso ésa haya sido la razón por la que Ramón López Velarde, poeta mexicano que murió una madrugada, escribió decidido “el hijo que no tuve es mi verdadera obra maestra”.

Heredar la desdicha. “Todas las familias felices se parecen, pero cada familia infeliz es desgraciada a su manera”, escribió Tolstoi en una frase que revelaba no sólo su cercanía con la miseria sino también una verdad ecuménica digna de la mejor literatura: la que se escribe con los dolores que no se desvanecen.

El caso de Klaus Mann (1906-1949), en ese tenor, es tristemente paradigmático. Hijo del Premio Nobel Thomas Mann –autor de una obra tan vasta y compleja como una catedral alemana (para leer La montaña mágica o Los Buddenbrook es conveniente caer en prisión o romperse una pierna)–, Klaus se destacó muy joven por su ingenio, su curiosidad y su talento literario, atributos que lo llevarían a escribir obras como La danza sagrada, Mefisto, El volcán o la Sinfonía patética, novela inspirada en la vida de Pyotr Ilyich Tchaikovsky. Prolífico escritor de entreguerras y testigo privilegiado de los trastornos más agudos de la cultura europea, Klaus vivió atormentado por el desamor de su padre, sus problemas con las drogas –era adicto a la morfina–, su homosexualidad periférica y su escandalosa vida bohemia, que incomodaba a su estólido progenitor. Reconocido por su ferviente y militante antinazismo, el primogénito de los Mann terminaría suicidándose con pastillas, agobiado y solitario en un hotelucho de Cannes.
Su padre, quien juzgó la determinación de su hijo como un acto irresponsable, escribió en una carta a Herman Hesse luego de la muerte de su vástago: “Mis relaciones con Klaus eran difíciles y de ninguna manera exentas de un sentimiento de culpabilidad, ya que mi existencia siempre arrojó de antemano una sombra sobre la suya… Klaus trabajaba demasiado rápido y con demasiada facilidad; eso explica algunos de los defectos y negligencias de sus libros”. La carta de Mann era la respuesta al pésame de Hesse.
Su hijo Michael Mann, por razones confusas, también habría de suicidarse.

Otro caso señero es el de Gregory Hemingway (1931-2001), tercer hijo del autor de El viejo y el mar, quien era obligado desde los 10 años de edad a beber whisky diariamente “como todo un hombre”. Su madre, férrea católica que respondía al nombre Pauline Pfeiffer, luego de separarse del gran macho americano –él se casaría de nuevo con Martha Gellhorn a las tres semanas del divorcio– encontraría refugio en atormentadas relaciones lésbicas.

Gregory, que a los 18 años partiría hacia Africa con la intención de volverse cazador –logró matar a veinte elefantes en un mes, según relata la enciclopedia–, vería frustrados sus planes a lo largo de toda su vida debido a su alcoholismo crónico y a problemas de drogadicción (por si fuera poco, durante la década de los 50 recibió incontables terapias con electroshock), salvo uno: convertirse en una mujer. Luego de haberse casado cuatro veces, engendrar ocho hijos y llevar una existencia a salto de mata entre la masculinidad extrema y el travestismo de clóset debido a la disforia de género y el desorden bipolar que lo aquejaban, decidió cambiar de sexo en 1995, siendo conocida a partir de entonces como Gloria Hemingway, personalidad con la que moriría en el Centro de Detención para Mujeres de Miami en 2001 debido a complicaciones cardíacas e hipertensión. Gloria se encontraba presa bajo cargos de indecencia y resistencia al arresto ya que se había desnudado en la vía pública obstruyendo una avenida. En alguna ocasión su padre opinó que Gloria, aunque entonces era Gregory, “era el lado más oscuro de la familia”. En 1976, Gigi, como le decían en familia, publicaría el libro sobre su padre Papa: a Personal Memoir, con prólogo de Norman Mailer. En 1997, ya convertida en mujer, se volvería a casar con su última esposa, Ida, aunque ataviada como hombre para la ocasión.

Hasta la fecha sus ocho hijos y su última esposa se disputan una millonaria herencia en dólares que dejó intestada.

Otro caso rutilante en el firmamento de la amargura es el de Margaret A. Salinger (1955), hija del mítico Jerome David, uno de los pocos autores que inauguran y clausuran edades literarias. Margaret ha contado parte de su experiencia al lado de su padre en el libro El cazador de sueños (Dream Catcher), en el que, con gran rencor, describe una figura ausente y sombría, intolerante y egocéntrica. Para ella su padre era un hombre mezquino que disfrutaba sobajando a las mujeres con las que convivía, aniquilándoles la personalidad y obligándolas a padecer su escandaloso encierro. Margaret cuenta que a su madre nunca la bajó de ramera, puesto que solía mantener encuentros sexuales con diversas parejas debido a que Salinger, a razón de sus fanatismos religiosos, abominaba del fornicio. En uno de los momentos más patéticos del libro, Margaret cuenta que Jerome, al ver a su madre embarazada, expresó: “Es asqueroso ver la transformación de tu cuerpo”. Margaret señala, luego de notificar que ha decidido escribir el libro a raíz de que su padre le sugiriera un aborto, que lo único que su viejo le enseñó durante toda la vida fue sentir vergüenza por cualquier imperfección cometida, enarbolando como valores únicos el hecho de ser un ganador y tener un notable genio creativo: “Ser un vencedor o no ser nada”. Una historia conflictiva donde los sentimientos que campean son la sordidez y la vileza.

El caso de Octavio Paz y Elena Garro cuenta otra tragedia parecida. Luego de haber pasado 22 años casados y una vida atribulada entre Europa, México, Estados Unidos y hasta Japón, la pareja se divorció para nunca más reconciliarse (es sabido que el poeta nunca perdonó las infidelidades de su cónyuge con Bioy Casares). Fruto de su matrimonio nació la niña Helena Garro Paz (1938), una mujer que buena parte de su vida ha llevado una vida trágica, llena de penurias y de gatos. “Pocos saben lo que es ser hija de dos genios”, puede leerse en sus Memorias, un tomo revelador estupendamente escrito sobre dos de los personajes estelares del siglo XX mexicano, en el que se explora la intimidad de sus padres desde la perspectiva de la hija (entre otros escabrosos detalles relata que, mientras vivieron estrecheces en Japón, el poeta pedía “un sirloin steak, y, para mi madre y para mí, pedía tortillas de huevo”). Por otra parte, era de sobra conocida y consensuada la proverbial belleza de Garro –Emilio Carballido, que la trató de cerca, aseguraba que como ella debía haber sido la mismísima Helena de Troya–, razón por la que fue convocada por Christian Dior para trabajar como modelo, trabajo al que el autor de Libertad bajo palabra se opuso rotundamente. Las críticas, desde luego, no se limitan a su padre, puesto que en el mismo libro es posible leer opiniones al respecto de su progenitora en este calado: “Era una mujer débil y autodestructiva, que teniendo todo para triunfar y llevar una vida feliz, de armonía y belleza, sólo por sus defectos y sus soberbias (ella nunca reconoció haberse equivocado en nada) no construyó algo sólido y verdadero”.

Otro caso de una familia signada por la tragedia fue el de Carlos Fuentes, quien sufrió la muerte de sus hijos engendrados con la periodista Silvia Lemus, Carlos (1973-1999) y Natasha (1974-2005), en circunstancias penosas y difusas. Fuentes, que vivió la mayor parte de su vida como un autor de prestigio internacional y sobre todo como embajador de la cultura latinoamericana, siempre proyectó la imagen de un estadista que compone y recompone el mundo desde lo alto de una pirámide, ajeno a problemas domésticos y a todo probable sentimentalismo. Por ello, luego de su muerte fue verdaderamente conmovedora la carta escrita por su hija Cecilia Fuentes Macedo (1962) con motivo del Día del Padre, en un periódico mexicano: “Yo sé que jamás logré ser la hija que hubieras soñado, pero lo intenté. No. No soy ni alta ni guapa ni sofisticada ni delgada ni culta ni interesada en la política, pero hice mi mejor esfuerzo estudiando y trabajando, siempre tratando de que me abrieras un lugarcito en tu vida. Nunca lo logré… Jamás pienses que no admiré y respeté tu brillantez, tu imaginación y tus logros. Fuiste un gran maestro y un gran amigo de muchos. Pero nunca te interesó aprender lo que significaba ser padre. Tú te lo perdiste y ahora sólo puedo imaginar la tristeza que te ha de haber causado el que yo, tu hija menos consentida, fuera la única que aún ronda por esta tierra”. En su libro En esto creo, Fuentes refería de la siguiente manera la llegada de su hija: “El nacimiento de Cecilia fue un hecho musical. Pude haber oído o recordado palabras, imágenes, flores o frutos, animales o aves, ríos, océanos. Sólo escuché música. No lo explico. Tampoco lo imagino. Lo atestiguo”.

Luego de este carrusel de sinsabores, pocas son las esperanzas que pueden depositarse en los escritores como padres de familia. No se trata, desde luego, de una condición sine qua non, sino del hecho evidente de que varios practicantes del oficio son proclives a una desequilibrada vida emocional. Como las supernovas los huracanes, suelen arrasar en su vorágine lo que encuentran a su paso, escribiendo cicatrices.

Por lo tanto, si Albert Camus estuvo en lo cierto al asegurar que el único problema filosófico verdaderamente serio es el suicidio –ese gesto consciente de acabar con la consciencia– resulta necesario asegurar, en aras de un calibramiento milimétrico, que la otra parte del mismo conflicto filosófico radica en el hecho de otorgar la vida. Abrir las puertas a la muerte y engendrar descendencia son las dos caras de una misma moneda que implican al ejercicio más honesto del pensamiento: decidir la potestad sobre lo que existe.
Sólo el análisis consciente de esa posibilidad podrá ayudarnos a sopesar las palabras que cierran esa obra maestra de Joaquim Maria Machado de Assis, Memorias póstumas de Blas Cubas, para saber, en nuestro fuero interno, si se trata de una lóbrega derrota o de la más dichosa de las victorias: “No tuve hijos, no tuve criatura a quien transmitir el legado de nuestra miseria”.

*

Una literatura familiar

Mauro Libertella

Durante varios años fantaseé con la posibilidad de escribir un puñado de ensayos sobre la literatura que aborda la muerte del padre. La enorme cantidad de libros al respecto, en todas las lenguas del mundo, han terminado por erigir el tópico a la categoría de un género. Con el tiempo me fui dando cuenta, sin embargo, de que el abordaje crítico no era lo que estaba buscando para plasmar mi relación personal con el tema, y recién entonces me animé a considerar por primera vez la posibilidad de escribir algo más cercano a la novela. El tema lo tenía; me faltaba la estructura. Después de dos o tres intentos fallidos, cuando empezaba a pensar que quizás el tema se me resistiría para siempre, encontré en el diario donde trabajo un librito recién salido de imprenta, que me llamó la atención por su título y por su brevedad. Me lo llevé y lo leí esa misma noche, de un tirón, en un largo viaje en colectivo, atravesando el centro de la ciudad con esa hermosa decadencia que tienen las grandes zonas de oficinas en las noches húmedas de enero. El libro era Algunas madres también se mueren, de Inés Ulanovsky, y esa estructura de capítulos cortos y contenidos, de perímetros perfectamente manipulables, se me reveló como un mapa textual sobre el que podía volcar mi propia historia con mi padre. Esa noche empecé a escribir Mi libro enterrado.
Cuando todo esto aconteció, ya habían pasado cuatro años desde la muerte de mi viejo. Sabemos que la historia contra fáctica es estéril, pero creo que no podría haber narrado mi relación con él si no hubiera mediado ese tiempo fundamental en el que el duelo suturó, las emociones se estabilizaron y los días de su agonía y su muerte se empezaron a conjugar en un suave tiempo pasado. Además, esos cuatro años fueron quizás para mí una preparación para algo que me aterraba y que no sé si algún día podré resolver del todo, que es la búsqueda de una voz personal en el interior de una familia literaria. Alejandro Zambra dice que los que nacieron en casas sin libros idealizan a las familias literarias. A mí me ha pasado algunas veces lo contrario. Asumir que uno no pudo vulnerar y transgredir ese cerco que es la profesión de sus padres es complejo para cualquiera. Creo que cuando uno lo asume plenamente, con las cuotas de gratificación y de fracaso que supone esa continuidad, empieza a encontrar su propio tono en esa cadena. Mi libro enterrado creo que es también, fatalmente, el testimonio de ese proceso personal.

Hoy, con el libro en la calle, me pregunto qué pensaría mi padre de este relato. La pregunta es de algún modo imposible, porque es un libro que no podría existir sin su muerte. Pero me gusta pensar que hubo algo en nuestra relación, una imperceptible, pero contundente transfusión textual, que destrabó la posibilidad de que este libro se escribiera. Y como no es un libro únicamente sobre su muerte, sino la historia en miniatura de los 23 años de nuestro vínculo, quizás la interpretación más luminosa diría que no es un libro mío ni suyo, sino el efecto de una literatura familiar.

Salvador Dalí, pintor, grabador, dibujante, escultor y escritor

Aparición de un rostro y frutero sobre la playa

Aparición de un rostro y frutero sobre la playa (1938)

Cisnes que se reflejan como elefantes

Cisnes reflejando elefantes (1937)

Construcción blanda con judías hervidas

Construcción blanda con judías hervidas

Cristo de San Juan de la Cruz

Cristo de San Juan de la Cruz (1951)

Crucifixión o Corpus hypercubicus (1954)

Crucifixión o Corpus hypercubicus (1954)

Dalí desnudo

Dalí desnudo

Dos arlequines

Dos arlequines

El Angelus arquitectónico de Millet (1933)

El Angelus arquitectónico de Millet (1933)

El Gran Masturbador

El Gran Masturbador

El hombre invisible

El hombre invisible

Nacimiento de una divinidad (1960)

Nacimiento de una divinidad (1960)

El puente roto del sueño

El puente roto del sueño

El sueño

El sueño (1937)

Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar

Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar (1944)

Jirafa ardiendo (1937)

Jirafa ardiendo (1937)

La Madonna de Port Lligat (1950)

La Madonna de Port Lligat (1950)

La metamorfosis de Narciso

La metamorfosis de Narciso (1937)

La persistencia de la memoria

La persistencia de la memoria (1931)

La tentación de San Antonio (1946)

La tentación de San Antonio (1946)

La última cena (1955)

La última cena (1955)

Leda atómica (1949)

Leda atómica (1949)

Naturaleza muerta, viva (1956)

Naturaleza muerta, viva (1956)

Portarretrato de Picasso (1947)

Portarretrato de Picasso (1947)

8D6 180 AE1 C2D Salvador Dalí (Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech) nació el 11 de mayo de 1904 en Figueras, España y falleció el 23 de enero de 1989 en Figueras, España.

Simeon ten Holt (1976) Canto Ostinato

Interpretación a cargo de Elizabeth Bergmann, Marcel Bergmann, Sandra van Veen y Jeroen van Veen, en Eindhoven, 2 de abril de 2011.

La duración de la obra es de una hora y treinta y nueve minutos.

Simeon ten Holt nació el 24 de enero de 1923 en Bergen, Holanda del Norte, Holanda y falleció el 25 de noviembre de 2012 en Alkmaar, Holanda.

Chocaron dos trenes del Sarmiento en Castelar: confirman tres muertos y 315 heridos

(Publicado en La Nación, 13.6.2013, www.lanacion.com.ar)

Unas 272 personas ya fueron dadas de alta; hay 5 en terapia intensiva; el accidente se produjo pasadas las 7 a la altura del cruce Zapiola, confirmaron a LA NACION fuentes oficiales; pasajeros quedaron atrapados

choque-de-trenes-en-castelar-1724215h430 choque-de-trenes-en-castelar-1724217h430 choque-de-trenes-en-castelar-1724222h430 choque-de-trenes-en-castelar-1724259h430 choque-de-trenes-en-castelar-1724329h430 choque-de-trenes-en-castelar-1724416h430 choque-de-trenes-en-castelar-1724421h430 choque-de-trenes-en-castelar-1724423h430 choque-de-trenes-en-castelar-1724425h430

Un nuevo accidente tuvo lugar en el ferrocarril Sarmiento, esta vez a la altura de Castelar. Dos formaciones que circulaban sentido a Moreno colisionaron pasadas las 7, en el cruce Zapiola. Hasta el momento se confirmaron tres muertos y 315 heridos.

Las víctimas fatales son dos hombres y una mujer, según informaron fuentes de la policía ferroviaria. Los heridos fueron trasladados a distintos hospitales de la zona, como el de Ituzaingó, Güemes y Haedo, y los centros de salud pediátricos de Posadas y Morón. También fueron puestos a disposición varios centros de salud porteños.

En tanto, la dirección provincial de Emergencias Sanitarias informó que ya fueron dadas de alta 272 personas, que fueron atendidas durante el día en 12 hospitales provinciales y municipales de la zona de influencia del choque.

El último informe de esa dirección, dependiente del ministerio de Salud de la Provincia, detalló que de las personas que permanecen hospitalizadas, 38 permanecen internadas y 5 en terapia intensiva.

Desde la Unidad de Gestión Operativa Mitre Sarmiento (UGOMS) se informó que el siniestro fue a las 7:07 y ambos trenes llevaban pasajeros. Uno de los trenes fue embestido por causas indeterminadas por otra formación que circulaba en el mismo sentido.

LOS HERIDOS

El ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, brindó cerca del mediodía una conferencia de prensa en la que dio detalles sobre la cantidad y el paradero de los heridos. El funcionario indicó que hay 53 heridos en el Hospital Posadas, 68 en el Hospital de Haedo, 1 en el Hospital de Ituzaingó, 15 en el Hospital de Merlo, 53 en el Hospital de Morón, 2 en el Hospital Paroissien de Isidro Casanova y 3 en el Hospital de Moreno, para un total de 195 heridos. Hacia las 17 horas, el número ascendió a 315 personas atendidas en hospitales, de las cuales 272 ya fueron dadas de alta.

El municipio de Morón informó que el accidente dejó al menos 190 heridos, según consigna Télam.

“Recibimos a los heridos y estamos evaluando a los pacientes; hasta el momento hay cuatro con traumatismos más graves, fracturas”, dijo el director del hospital Güemes de Haedo, Marcelo Marmonti, en declaraciones a la prensa.

Para información sobre el accidente y la situación de los heridos: 107 o al 0 800 222 TREN (8736)

Alejandro Borensztein / La guerra y las PASO

(Publicado en Clarín, 9.6.2013, www.clarin.com)

La cosa se está poniendo excesivamente dramática. Si no frenamos esta escalada a tiempo las consecuencias podrían ser imprevisibles. Afortunadamente, esta semana hubo arduas negociaciones, reuniones hasta la madrugada, y gracias a la intervención de los más altos mandos militares y de seguridad de la Nación se pudo resolver provisoriamente el conflicto: River-Independiente juegan a las 14 hs. Desde la crisis de los misiles en 1962 que no se vivía algo semejante. Por suerte al frente de todo esto están Berni y Puriccelli, si no quién sabe lo que hubiera pasado.

Ojalá Dios ilumine a estos hombres y podamos resolver sin derramamientos de sangre, el otro gran conflicto que nos tiene a todos en vela: la estatua de Colón. Lástima que el Cardenal Samoré ya no está entre nosotros.

De todos modos, la lucha fratricida no terminó y seguramente viviremos nuevos episodios mientras no logren acabar con Lanata de una buena vez.

Justamente, aprovecho esta nota para aclarar que no tengo nada que ver con ese programa ni con ese sujeto. Sé que andan diciendo por ahí que lo produzco yo, pero no es cierto. Desmiento categóricamente. Si están pensando en fusilarlo a él y a todos los del programa, por favor antes averigüen bien. Es sabido que en estas guerras de liberación nacional suelen morir inocentes. Tranquilos, ¿ok? Yo no les hice nada. Además, acabo de ser papá. Me necesitan.

En realidad yo había propuesto un programa mucho más coloquial. Una gran mesa de debate con un panel de notables: Artemio López, Jorge Coscia, Horacio González, Depetri, el Cuervo Larroque y Diana Conti. Ya tenía el título: “La Feria de la Alegría”. El moderador, en lugar del Negro Brizuela Méndez, iba a ser Orlando Barone, para darle swing. Pero no caminó. El Canal eligió la risa fácil.

Creo que si el fútbol no ha servido para abatir al enemigo, deberían probar con ideas más fuertes. ¿Por qué no hacen “Porno para Todos”, domingo a las 22 hs? ¿¿Por qué hay que pagar para ver culos?? ¿Acaso el pueblo no tiene derecho de ver libremente todas las matracas que quiera? Los pacatos no deberían ofenderse. Al fin y al cabo, poner pornografía en la tele no es más inmoral que poner propaganda neofascista.

Mientras la lucha continúa, nos encaminamos hacia las famosas PASO, las elecciones internas donde la ciudadanía elige al candidato que más le gusta dentro de cada partido, antes de la elección general de octubre. Por ejemplo, si usted es simpatizante del partido A deberá elegir, entre los candidatos que le ofrece el partido A, cuál es el más lindo.

Así es en Wisconsin.

Acá, para ahorrarle tiempo, las internas ya vienen resueltas de casa. O sea que si, por ejemplo, usted es del FAP (Frente Amplio Progresista) y vive en Santa Fe, va a poder elegir entre Binner o… Binner. Y si no le gusta, va a tener que hacerse peronista o mudarse a Córdoba. Lo mismo vale para todos.

El único sector que aceptó hacer una verdadera interna abierta es la centroizquierda porteña. Si usted es centroizquierdista desde chiquito, va a poder elegir entre el grupo de Gil Lavedra, Prat Gay y Donda o el de Lilita y Pino. El resto de los políticos son tan amantes del pueblo que han decidido evitarle el laburo. Se juntaron en un garito amigo, tiraron los dados y arreglaron.

En algunos casos todavía están discutiendo. Macri iría con De Narváez, pero como sabe que tarde o temprano el colorado lo va a traicionar para irse con Scioli (si a su vez éste rompe con el kirchnerismo), el Compañero Bicisenda está tratando de arreglar con Lavagna. Pero Lavagna también quiere ser presidente y no tiene ganas de ayudar a su futuro rival, por eso tampoco arregla con Gaby Michetti, quien a su vez aceptaba a Lavagna pero solo, sin el combo del Big Mac Peruca que incluía también a De la Sota y a Moyano. Felipe Solá observa esta jugada para ver a qué bondi se sube y todos estos, a su vez, están esperando que se decida el gran misterio de la Argentina: Sergio Massa, un muchacho muy simpático que llenó de cámaras el partido de Tigre y ya lo dan como el sucesor de Obama.

En donde no hay ninguna discusión es en el FPV (Frente para la Victoria). Allí decide la Compañera Jefa solita frente al espejo y el resto obedece sin chistar. Así da gusto ser estadista revolucionario latinoamericano. En este punto es bueno recordarles que cuando llegue el momento de la verdad, nadie va a poder alegar obediencia debida.

En Capital, el candidato volvería a ser Filmus, pero para ayudarlo a perder están pensando en sumarle a Forster (lo de sumarle es una manera de decir, se entiende, ¿no?) La idea es que en los actos primero hable el filósofo y después salga Filmus a traducir. En cambio en la Provincia la cosa es más confusa porque no saben qué hacer con Scioli, ni con Massa ni con ellos mismos, razón por la cual todos se dedican a insultar al gobernador y al intendente, sin entender que cuanto más los putean más votos les suman. De hecho, Mariotto ya es el Jefe de Campaña de los dos.

La Presidenta reclamó de la oposición propuestas e ideas. Desde la UCR (Unión Cívica Radical), su presidente Barletta le contestó rápidamente con una idea simple y contundente: “Caputo es un conchudo”. Literal amigo lector, jamás inventaría semejante cosa. Acá malas palabras de alto voltaje no trabajamos. Hasta orto llegamos, no más.

Aclaro entre paréntesis las siglas partidarias porque últimamente me sigue mucho piberío que no sabe que alguna vez existió algo llamado “partidos políticos” y que en 2001 fallecieron sepultados bajo el ruido de las cacerolas y el famoso “que se vayan todos”. Eso no quiere decir que no puedan resucitar, pero es una de las razones que explica la existencia del kirchnerismo, el único frente de poder vivo y aceitado (cuando decimos vivo y aceitado, no estamos hablando ni de Boudou, ni de Lázaro, ni de Fariña, ¿ok?).

También está el PRO, aunque fuera de Capital y Santa Fe, mucha gente cree que PRO es un enjuague bucal.

Finalmente, y teniendo en cuenta que la elección de Consejeros para la Magistratura ya es un fracaso para el kirchnerismo, hay algunos políticos y analistas que andan diciendo que el Gobierno está evaluando suspender las PASO porque teme que le puedan salir mal. Imposible. ¿Cuándo vieron que el Gobierno evite hacer cosas que le terminan saliendo mal? Es una especialidad de la casa. Y parte de la diversión de esta bella democracia en tiempos de guerra.

Héctor Abad Faciolince / Rutina

A Ricardo Bada

Esa felicidad,
esa seguridad
de repetir los mismos gestos cada día.
Exprimir las naranjas,
preparar el café,
tostar las rebanadas
de pan,
untar la mermelada.
Darle a la vida
el ciclo regular de los planetas,
acostarse a las once,
levantarse a las seis,
sentir que cae el agua
tibia, plácida,
encima de tus hombros,
usar siempre
el mismo jabón, el mismo champú,
la misma loción
–la que usaba tu padre–.
Protestar por lo malo
que se ha vuelto el periódico,
el de toda la vida,
el pan de cada día,
y volver a comprarlo
con ese mismo asco resignado
de tener que cagar
una mañana sí y otra también.
Usar siempre los mismos
viejos zapatos que se parecen
más a ti que tus pies.
Vestirte
con el eterno azul
que te vuelve invisible,
felizmente invisible.
Sentir que tú eres tú,
que yo soy yo.
Ir a los mismos sitios,
comer las mismas cosas,
jueves frisoles,
lunes pescado,
sábados arroz…
Visitar a tu hermana todos los veranos
y pensar que envejece,
pero decirle siempre que no cambia,
que no cambie.
Recordar a los muertos
en cada aniversario;
enviar tarjetas cursis
en cada cumpleaños.
Planear de nuevo el viaje
que nunca emprenderemos.
No poder soportar
que ya no haya tranvía,
que hayan movido
la parada del bus
a la otra manzana,
que hayan quebrado los ferrocarriles,
que nadie escriba cartas
y haya que adaptarse
al correo electrónico,
tan vulgar, tan urgente,
la vida un permanente
telegrama.
Resistirse a llevar en el bolsillo
un teléfono,
detestar que el dinero
sea de plástico
y no de plata, de oro o tan siquiera
de papel.
Que el mismo corte de pelo
te lo haga siempre el mismo peluquero,
que tengas siempre gripa por enero,
que el primero
y el quince
llegue la quincena.
Desayunar trancado,
almorzar abundante,
cenar poco,
quejarse de la gota, de la bilis,
de la memoria y de la digestión.
Creer que nunca sueñas.
Recordar ese chiste
de tu única esposa:
“Aquí se picha los viernes
estés vos o no estés vos”,
y hacer hasta lo imposible
cada viernes
por encaramarte en ella
con ganas o sin ganas
porque l’appetito vien mangiando
como dicen en Turín.
Negar que eres un soso,
un rutinario
con el verso aprendido de un amigo:
“La vida se soporta
tan doliente y tan corta
solamente por eso”.
Caminar por la calle ensimismado,
ausente de este mundo,
rumiando en tu cabeza
historias, frases, viajes, desventuras,
crímenes, adulterios, melodramas, incestos,
abortos, heroínas, traiciones, sacrificios,
saber que todo drama
está en tu calavera,
que la gran aventura
ocurre en las paredes de tu cráneo,
que nunca habrá más grande sensación
(orgías, drogas, sueños)
que aquello que imaginas.
Que la vida consiste en perdonarnos
las ofensas que hacemos,
los gestos que no hicimos,
los silencios cobardes,
los fingidos afectos,
las mentiras.
Y escribir cada día,
ganar la lotería
de al menos una frase
que nadie ha dicho nunca,
tener un pensamiento
que todos han tenido,
pero decirlo bien
con todas las vocales,
con todos los sonidos,
con todos los sentidos.
Lograr que la aventura de tu vida
esté en las páginas que escribes,
en los ojos que ahora
pulen un heptasílabo,
quitan o ponen una coma, una tilde, un acento,
en los ojos que ahora se detienen
complacidos tal vez
o entretenidos
en un punto, este punto: .

* * *

Héctor Abad Faciolince nació en 1958 en Medellín, Colombia.

Obras:

  • Malos Pensamientos (1991)
  • Asuntos de un hidalgo disoluto (1994)
  • Tratado de culinaria para mujeres tristes (1996)
  • Fragmentos de amor furtivo (1998)
  • Basura (2000)
  • Palabras sueltas (2002)
  • Oriente empieza en El Cairo (2002)
  • Angosta (2004) 
  • El Olvido que seremos (2005)
  • El amanecer de un marido (2008)
  • Traiciones de la memoria (2009)

Alejandro Borensztein / Instructivo para inspectores y militantes K

(Publicado en Clarín, 3.6.2013, www.clarin.com)

Joven argentino, si tienes entre 16 y 25 años, y quieres formar parte de la lucha en defensa del proyecto nacional y popular, ahora puedes incorporarte a las filas de los comandos anti-aumentos que vigilarán el cumplimiento del congelamiento de precios.

Este mecanismo es una modernísima y revolucionaria solución para controlar los precios. Por ahora, los países desarrollados, los países latinoamericanos y la mayoría de los países del mundo, se niegan a aplicar este sistema para bajar la inflación, entre otras razones, porque no tienen. Pero ya van a tener, y cuando eso suceda van a venir a aprender de nosotros.

Los grupos, una vez organizados, saldrán a la calle y allí deberán enfrentar diversas situaciones. Para ello, vale este instructivo.

Aquellos jóvenes que detecten aumentos en las góndolas de los grandes supermercados deberán hacer los reclamos correspondientes frente a los responsables de cada empresa. Por ejemplo, si se tratara de la famosa cadena Walmart, iniciarán el proceso de reclamo concurriendo personalmente a las oficinas centrales de la compañía, en Bentonville, estado de Arkansas, USA. Una vez allí, los militantes K se dirigirán al ingreso del edificio donde exigirán la inmediata comparecencia de su presidente, Mr. Mike Duke, o del Consejero Administrativo Mr. Robson Walton. Lo más probable es que los encargados de seguridad los reciban en la planta baja del edificio con una frase del tipo “¡¡Jua Jua!! ¿you really want to meet the president of Walmart!??” , que quiere decir “Oh Dios, no pensábamos que la militancia popular nos iba a jaquear en nuestras propias oficinas, por favor no se impacienten, ya estamos avisando para que el presidente de Walmart los reciba inmediatamente” . Luego, puede ser que aparezca alguna persona de mayor rango y les diga algo así como “Hey you, mother fucker… ¿why don’t you kiss my ass?” , que quiere decir: “Aguarden un ratito que ya baja” . Ustedes deberán esperar a ser atendidos para luego informarle a Mr. Duke que no vamos a permitir que abusen de nuestra prosperidad, y que si insisten con estas prácticas no nos quedará más remedio que instruir al canciller Timerman para que increpe, cara a cara y con firmeza, al presidente Obama dejando en alto, una vez más, el orgullo y la dignidad nacional. En el caso de que un cara a cara no sea posible, dejaremos una carta en la portería de la Casa Blanca. Pero será flor de carta.

En caso de sufrir algún tipo de agresión por parte de la policía local deberán invocar el nombre del nuevo ministro de Seguridad, Compañero Puricelli, y eso sólo bastará para neutralizar a los agentes federales. El ministro es muy reconocido en todos los ámbitos de seguridad del mundo.

Al menos en Angola, seguro.

Para el caso de establecimientos menores, el procedimiento será más directo. Por ejemplo, si durante un control en un supermercado chino se descubre que el precio de la harina es superior al precio estipulado deberán proceder a llamarle la atención al infractor oriental. En el caso de que el susodicho no reaccione correctamente o no entienda lo que se le está diciendo, el militante deberá iniciar maniobras disuasivas que comenzarán entonando el cantito:“Cristina corazón, acá están los pibes para la liberación”, pero en idioma del cantón chino del que proceda el infractor o en su defecto en chino oficial. En este caso cantarán: 克莉丝汀娜亲爱的解放的孩子们在这里 . Para aquellos militantes kirchneristas que tengan alguna dificultad para leer en chino, la fonética es: “Kè lì s ī t ī ng nà q ī n’ài de – Ji ě fàng de háizimen zài zhèl ī ”. Si bien es cierto que no rima mucho, no importa. Con el énfasis apropiado, ese chino mal llevado seguramente entrará en razones.

En el caso de que el comerciante sedicioso no se amedrente, el militante deberá tomar todos los paquetes de harina y desparramarlos por el piso, estallar los yogures contra la pared y arrojar detergentes, azúcares y fideos por todo el local. Una vez finalizada la maniobra de escarmiento, es de esperar que el infractor revea su actitud. Si en cambio, persiste en su conducta y peor aún, convoca a un par de amigos de la mafia china que justo estaban comiendo en el fondo del supermercado, el militante deberá mantener su postura y decir a viva voz “ 把你的手机给我明天魔雷诺商务秘书会打去找你 que se pronuncia: Bǎ nǐ de shǒujī gěi wǒ míngtiān mó léinuò shāngwù mìshū huì dǎ qù zhǎo nǐ ” y que quiere decir: “Dame ya mismo el número de tu celular que mañana te va a llamar el Secretario de Comercio Moreno”. Es posible que ante esa amenaza el comerciante comprenda que debe atenerse a los requerimientos del proyecto popular. Pero también cabe la posibilidad de que alguno de sus amigos chinos que estaban en el local responda lo siguiente: “ 我会将我的三星三号插在你屁眼上然后用你的哀嚎当铃声你懂吗? Para aquellos militantes kirchneristas con dificultades para leer caracteres chinos, la frase en fonética sería: Wǒ huì jiāng wǒ de sānxīng sān hào chā zài nǐ pìyǎn shàng ránhòu yòng nǐ de āiháo dāng língshēng nǐ dǒng ma?

” que quiere decir: “Te voy a meter mi Samsung 3 en el orto y voy a usar tus alaridos como ringtones, me entendiste?” En todo el procedimiento, Usted deberá explicar con serenidad las bondades del proyecto nacional. Se sugiere llevar y entregar al comerciante, para la mejor compresión del modelo, la colección completa de los textos de Carta Abierta, ya sea en español o en chino (da lo mismo porque no se entienden en ninguno de los dos idiomas).

En caso de que la situación se torne ingobernable o los amigos del supermercadista se pongan molestos, violentos o directamente desenfunden, el militante está habilitado para emprender la huida y, dejando de lado las diferencias ideológicas, pedir ayuda a algún agente de la Metropolitana.

Pero jamás debes claudicar ni permitir que tu ánimo decaiga. Si tu vocación es la participación política y de repente te encontrás que estás revisando una lata de arvejas, no debes angustiarte. Eres parte de un momento bisagra en la historia nacional.

Hoy más que nunca debemos mantener el temple y el valor. No retrocederemos. Como dijo la Presidenta, “vienen por ustedes”. Todavía no sabemos bien quién, pero alguien viene. Y les daremos batalla. Argentinos, a vencer. No vamos a permitir que nuevos inútiles manejen nuestros recursos, ni que una nueva forma de autoritarismo se instale en nuestra tierra.

Con nosotros alcanza y sobra. Viva la Patria.

Felicitas Sánchez / Universidades: se reciben sólo 27 alumnos de cada 100 que ingresan

(Publicado en La Nación, 4.6.2013, www.lanacion.com.ar)

Es uno de los índices de graduados más bajos de la región; en las facultades públicas es todavía más notorio que en las privadas; burocracia y desinterés, las causas

Stefan Krailing se anotó en la carrera de Geología en 2009, cuando terminó el secundario. Nunca se había llevado una materia en el colegio y estaba muy entusiasmado con las posibilidades tanto de estudiar como de trabajar de geólogo en el futuro. Sin embargo, después de intentar avanzar en la carrera durante tres años, tuvo que abandonar.

“Ingresé en la carrera sin saber estudiar y con una mala base de matemática . Tuve que contratarme un profesor particular para que me ayudara con las materias exactas, y de todas formas no las pude aprobar. Insistí durante tres años, pero llegó un momento en que trabajaba en un call center, cursaba en la facultad e iba a clases particulares , y así y todo no me iba bien. Se me hizo insostenible y después de tres años tuve que abandonar”, relató Stefan a LA NACION.

Según un informe publicado por el Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano, la situación de Stefan se repite una y otra vez en las universidades del país. Sólo 27 de cada 100 estudiantes que empiezan a estudiar en la universidad se gradúan. En las de gestión pública sólo terminan 23 de cada 100 alumnos, mientras que en las privadas, 40 de cada 100 logran finalizar la carrera.

Aunque en los últimos años aumentó la cantidad de graduados universitarios en la Argentina, tal como lo anunció la presidenta Cristina Kirchner durante la inauguración de la Universidad Metropolitana para la Educación hace pocos días atrás, la realidad es que la tasa de graduados sigue por debajo de la de otros países de la región.

El CEA señala que, mientras en Brasil se gradúan 4,3 de cada 1000 habitantes, en el país se producen casi la mitad de graduados: 2,5 por cada 1000.

Este fenómeno emerge a pesar de que la matrícula universitaria creció un 18% entre 2002 y 2010, y que supera proporcionalmente a la cantidad de matriculados en Brasil. Es decir que, si bien se ha extendido mucho el acceso a la universidad, son muy pocos los alumnos que logran concluir sus estudios en tiempo y forma.

Según indica el CEA, la Argentina tiene una de las menores tasas de graduación en relación con la cantidad de ingresantes no sólo en la región, sino también en el mundo. En Brasil se gradúan en promedio 50 de cada 100 ingresantes; en Chile, 59, y en Francia, 67.

Este fenómeno de la deserción universitaria está muy presente, por ejemplo, en el Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde un 40% de los alumnos abandonan antes de completar siquiera las materias comunes para ingresar en sus respectivas facultades. Pero no es una característica exclusiva de las universidades públicas. Según el CEA, en 2010 se graduó en las universidades privadas menos de la mitad de los ingresantes.

BUROCRACIA Y DESINTERÉS

“El tema de la deserción tomó mucha relevancia en los últimos años, y se está empezando a trabajar fuertemente en la retención del alumno”, comentó María Laura Basabe, coordinadora de Calidad Académica de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), a LA NACION.

Respecto de los motivos detrás de la deserción, representantes de las universidades consultados especialmente estuvieron de acuerdo en que muchos alumnos no logran completar la universidad porque tienen dificultades académicas (que traen de la escuela secundaria), económicas y laborales.

Pero además de estos dos factores se mencionan también la falta de motivación, los cambios vocacionales y la burocracia como causas decisivas de abandono.

Alieto Guadagni, el director del CEA, considera que el problema principal está en el nivel de aprendizaje de la escuela media. “Los alumnos salen del secundario y no están preparados para afrontar las exigencias de la universidad”, señaló Guadagni.

Por otra parte, según informaron voceros de la UBA, uno de los mayores desafíos que los alumnos tienen a la hora de cursar los estudios superiores es que la mayoría debe trabajar y estudiar a la vez.

Según los datos del último censo realizado por la UBA, el 62,7% de sus alumnos trabaja, y de éstos el 42,5% con una carga horaria laboral de entre 36 y 45 horas semanales.

La indecisión vocacional de los alumnos es otro desafío que las universidades tienen muy presentes. Daniel Serrot, director del Departamento de Admisiones y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, afirmó que “el cambio de carrera es un fenómeno en aumento. Hoy hay mucha más incertidumbre, muchas más opciones, y a los estudiantes se les hace más difícil elegir la carrera y más patente el miedo a fracasar en la elección”.

En la UBA se prolongó el tiempo transcurrido desde el inicio del Ciclo Básico Común y el ingreso a la facultad. Los alumnos que tardaron dos o tres años en completar el CBC se incrementaron en relación con años anteriores, mientras que los que tardaron sólo un año son cada vez menos.

En 2011 solamente un 38,3% de los alumnos completaron el CBC y empezaron la facultad en un año. “Hay un 18% de alumnos que cambian de carrera durante el primer semestre, lo cual extiende la duración del CBC”, señaló Jorge Ferronato, director de ese ciclo de ingreso ante la consulta del diario.

Alexandre Roig, secretario académico de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), señala la motivación de los estudiantes como otro factor decisivo. “Nosotros percibimos que muchos alumnos pierden la motivación y el sentido de su propia formación”, explicó Roig.

Finalmente, los trámites y la burocracia propia de la universidad también juegan un rol en esta situación. Es un tema que se arrastra desde hace muchos años.

“Yo vine a pedir un certificado a Ciudad Universitaria, había dos filas larguísimas y nadie te decía nada; hice la fila y al final estaba en el lugar equivocado, sentís que nadie te ayuda”, señaló Sofía López, estudiante de la Facultad de Psicología de la UBA.

Estudiantes consultados señalaron que la burocracia en la universidad pública resulta infranqueable a pesar de la buena voluntad que uno tenga.

“No es posible evitar por completo la deserción, pero buscamos acompañar al alumno para asegurarnos de que si desea abandonar una carrera esa decisión sea una decisión genuina y no el producto de una frustración”, resume Laura Basabe, de la UADE.

RADIOGRAFÍA DEL UNIVERSO ESTUDIANTIL

Más mujeres
Según el Anuario 2010 de Estadísticas Universitarias, de los 99.431 egresados en 2010, 49.367 fueron mujeres

Pocos ingenieros
Se recibieron en las universidades nacionales: 15 ingenieros hidráulicos, 24 ingenieros en petróleo, 3463 psicólogos y 10.258 abogados

Más ciencias sociales
Por cada egresado de una carrera de ingeniería, se graduaron casi 5 estudiantes de las carreras de ciencias sociales

Presupuesto por alumno
El presupuesto anual promedio de las universidades nacionales fue de $ 9777 por estudiante, lo que significa un 0,89% del PBI, y un aumento acumulado del 220% entre 2006 y 2010